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1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children

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Charles Darwin quotation

Ignorance more frequently begets confidence than does knowledge: it is those who know little, and not those who know much, who so positively assert that this or that problem will never be solved by science

Jean-Baptiste Colbert quotation

L'art de l'imposition consiste à plumer l'oie pour obtenir le plus possible de plumes avec le moins possible de cris

Somebody quotation

El miedo es la via perfecta hacia el lado oscuro. El miedo lleva a Windows, Windows a la desesperacion, esta al odio hacia Bill Gates y ese odio lleva a LINUX

Vares Velles

Vares Velles
Al Tall

Això és Espanya (vara seguidilla) per Al Tall

diumenge, 20 de juliol de 2008

El mantenimiento de la paz. Frederick Pohl (i VI)

6


¡Y qué fiesta!

Jack Tighe parecía rezumar alegría y satisfacción por el triunfo obtenido. Era viejo, serio y poderoso, pero su rostro de halcón era el rostro de un muchacho ilusionado.

-¡Coman, amigos míos! –decía a unos y otros, con la voz resonando en los amplificadores-. ¡Diviértanse! Ha nacido un nuevo día para todos nosotros... ¡Y aquí están los tres seres que tan gloriosamente lo han logrado! ¡Los tres que han hecho posible la victoria!

Hizo un amplio ademán generoso para abarcar a las tres personas sentadas junto a él en el estrado presidencial. Atronaron los aplausos.

Los tres héroes estaban allí. El coronel Commaigne, erguido, con el uniforme inmaculado y los botones resplandecientes, y una nueva cinta escarlata sobre las demás condecoraciones que adornaban su pecho, ya que el presidente Tige había creado una nueva condecoración en el acto mismo de conocer el resultado favorable de la táctica empleada. Junto a este se sentaba Marlene Groshawk, radiante, en tanto que Bill Cossett se sentaba al otro lado, incómodo, por cierto, ya que a su lado estaba la esposa, la cual no hacía más que mirar pensativa a Marlene Groshawk.

-Coman, coman tranquilamente –continuó Tighe-, mientras la Banda de la Infantería de Marina interpreta una marcha. Y luego nuestros héroes, los que nos han salvado, nos dedicarán unas palabras.

Fue una magnífica fiesta. Loor al jefe, parecían saludar las trompetas hasta el cielo, brillantemente azul. Cossett se sentía cada vez más atemorizado, preguntándose qué diablos iba a decir cuando le llegara el turno de hablar, y en ese mismo instante observó que las trompetas de la Banda de Música de la Infantería de Marina disminuían la intensidad de su estruendo.

Un oficial de enlace se había acercado al presidente a toda carrera y, jadeando todavía por el esfuerzo, murmuraba algo al oído del presidente, con una expresión de tensa excitación en el curtido rostro.

Al cabo de un momento, Tighe se puso en pie, con las manos en alto y una sonrisa en los labios.

-No hay por qué preocuparse, amigos –proclamó-. ¡por nada! Pero hay todavía cierta actividad en la fábrica de las cavernas. Aquí, el coronel me dice que otro camión está saliendo por la rampa, eso es todo. Así, pues, por favor, no se muevan de sus asientos y contemplen cómo nuestros muchachos lo destruyen.

¿Pánico? No; no se produjo el menor pánico. ¿Por qué habría de producirse pánico entre la muchedumbre? Era una especie de circo; una atracción extraordinaria con la que nadie había contado, como la de ver danzar los osos en una feria pueblerina.

Que la obstinada fábrica subterránea envíe sus camiones, parecía pensar la ingente muchedumbre allí congregada, recreándose por anticipado; será una diversión ver cómo nuestros bravos soldados acaban con ellos, uno por uno. Y esto, seguramente, no significará nada malo. La batalla está ganada. Las fábricas pueden seguir conspirando cuanto quieran bajo tierra, pero no es posible que continúen la producción sin cobre y sin acero, y no habían recibido nada de esto durante semanas y semanas. ¡No, todo era una pura broma y nada más!

Y así, pues, se dispusieron a disfrutar ventajosamente del espectáculo, trepando a las sillas para ver mejor, en tanto que algunos padres alzaban a sus hijos sobre sus hombros para que no perdieran ni un solo detalle de lo que iban a presenciar. Y el camión hizo su aparición, trepidando. Tac-tac-tac-tac crepitaron las ametralladoras. Uish, uish saltaron hacia delante los cohetes, raudos y certeros. El camión no tenía en absoluto oportunidad de escapar. En los viejos tiempos, formando parte de un convoy, siempre había algunos que conseguían escapar; pero aquí se trataba de uno solo, y que, además, estaba señalado para formar parte de la fiesta...

Bill Cossett, cogido de la mano de su esposa, se inclinó para contemplar las humeantes ruinas. El gentío se hizo a un lado, respetuosamente.

Essie dijo, alegremente:

-¡Les está bien empleado! Esas condenadas máquinas se creían que nos tenían en su poder. Me gustaría poder bajar allí dentro, como ha dicho muy bien el señor Tighe, para verlas sufrir y padecer. ¿Qué es eso, querido?

-¿Qué? –preguntó, ausente, su esposo. Su atención había sido atraída por lo que la carga de uno de los bazookas había hecho en el blindaje del radiador del camión, y pensaba que algo muy parecido pudiera haber hecho con él mismo algún cohete dirigido lanzado por las máquinas defensivas de la fábrica vencida.

-¡Esas cosas brillantes!

-¿Qué cosas brillantes?... ¡Oh!

En el humeante camión perforado por una docena de proyectiles, que habían acabado por partirlo en dos, una especie de jaula metálica había volcado su contenido sobre los bordes del desgarrado agujero; en la jaula podía leerse un cartel impreso:


NACIONAL
APLICACIONES ELECTRO-MECÁNICAS
GRUESA Y MEDIA DE ENCENDEDORES PARA CIGARRILLOS


Y de un costado desgarrado de la jaula una lluvia de pequeños objetos brillantes saltaban al exterior..., pero resultaba curioso, porque las malditas cosas saltaban hacia lo alto. Era un chorro contínuo, como cuando revienta una boca de alcantarillado. Unas cosas pequeñas, brillantes, estriadas, que, plop, saltaban y parecían flotar a su gusto en el aire.

-¡Es curioso! –observó Bill Cossett, preso de una ligera aprensión-. Pero no puede ser nada por lo cual haya que preocuparse verdaderamente. ¡Encendedores de cigarrillos! ¡Nunca he visto una cosa igual!

Sorprendido, sacó su propia pitillera-encendedor combinado, del interior de su bolsillo.

Abrió la pitillera.

La tenía entre las manos para leer el nombre grabado en la parte interior de la misma, preguntándose si por casualidad estaba fabricada por la Nacional, cuando..., pflut. Una de aquellas cosas brillantes descendió sobre él, revoloteó en torno a la pitillera, se le acercó al rostro. Sintió un vivo calor en sus labios, tosió, carraspeó, sintiéndose ahogar.

Cossett se puso en pie de un salto, arrancó el cigarrillo que tenía en la boca, lo miró sorprendido, y acabó por arrojarlo al suelo.

-¡Dios mío! –gritó despavorido-, pero ¿cómo es posible? ¡Si los habíamos derrotado!

Y por entre todo el gentío, otros muchos estaban haciendo el mismo descubrimiento, y el mismo error deductivo. De una caja etiquetada Caf-i-Máticos, 8 Tazas, un gran número de brillantes pequeños globos de luz buscaban su camino en el aire y por entre la muchedumbre.

¿Cafeteras? Exactamente. Eran maquinillas de hacer café.

-¡Socorro! –gritó una mujer a la que una de aquellas cosas le arrebató un jarro de agua helada de entre las manos.

Otro gritó:

-¡Alto! –cuando estaba intentando abrir una lata de conservas con la firma Maxwell.

Granos de café y chorros de agua brotaban como las fuentes de Versalles, anegando las arenas parduscas de Coney Island. Entonces el encharcado terreno pareció desecarse como absorbido desde el interior de la tierra y los vacilantes globos luminosos parecieron producir unas esferas dos veces su tamaño que iba llenando tazas y más tazas, repartiendo un café perfectamente hecho cada vez.

Un niño de cuatro años, que contemplaba con la boca abierta el espectáculo asombroso que se le ofrecía a sus ojos, dejó colgar su bocadillo de jamón:

-¡Ay! –gritó, frotándose los dedos repentinamente enrojecidos cuando otra de las esferas, esta de un color verde esmeralda, tomó el pan de entre sus dedos, lo tostó hasta hacerle adquirir un bello color dorado, recogió expertamente el jamón antes que llegara a alcanzar el suelo, y colocó nuevamente el bocadillo entre los dedos del asombrado muchacho.

-¡Bill! –gritó, en un alarido, Essie Cossett-. ¿Qué es esto? ¡Yo creía que habías detenido la fábrica!

-Eso mismo pensaba yo –musitó suavemente su esposo, mirando a la atemorizada muchedumbre, con los ojos brillantes por el terror.

-Pero ¿no habíais interceptado la entrada de los materiales que precisan para seguir la fabricación de sus productos? ¿No era eso lo que habíais hecho?

Bill Cossett suspiró hondamente:

-¡Interrumpimos la entrada de materias primas, sí! –admitió-. Pero, evidentemente, esto no ha bastado para interrumpir la producción, por lo visto. ¡Han aprendido a pasarse sin ellas! Campos de fuerza..., flujo magnético... ¡No lo sé! Pero ¡ese camión estaba lleno de aplicaciones electrodomésticas que no han utilizado ninguna materia prima para su construcción!

Se humedeció los resecos labios.

-Y esto no es lo peor de todo –añadió, tan suavemente, que su esposa no consiguió oírle-. Puedo soportar el encararme con los viejos malos tiempos, si es que han de volver. Puedo soportar que cada tres meses surjan nuevos modelos, y tengamos que vender, vender, vender; comprar, comprar, comprar... Pero...

-Pero estas cosas –añadió a punto de enfermar- no tienen el aspecto de llegar a desgastarse nunca. ¿Cómo iban a hacerlo? ¡Están hechas...! ¡No se ha empleado materia alguna en su construcción! Y cuando salgan al mercado los nuevos modelos..., ¿cómo vamos a deshacernos de los viejos?


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FI DE "EL MANTENIMENT DE LA PAU" CONTINUACIÓ DE "ELS BRUIXOTS DE LA RACONADA DE PUNG"

1 comentari:

Nekane ha dit...

Esto cada vez se lía más...
BESITOS