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1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children

traductor

Charles Darwin quotation

Ignorance more frequently begets confidence than does knowledge: it is those who know little, and not those who know much, who so positively assert that this or that problem will never be solved by science

Jean-Baptiste Colbert quotation

L'art de l'imposition consiste à plumer l'oie pour obtenir le plus possible de plumes avec le moins possible de cris

Somebody quotation

El miedo es la via perfecta hacia el lado oscuro. El miedo lleva a Windows, Windows a la desesperacion, esta al odio hacia Bill Gates y ese odio lleva a LINUX

Vares Velles

Vares Velles
Al Tall

Això és Espanya (vara seguidilla) per Al Tall

dimarts, 28 d’abril de 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCXXVII)

Al capítol anterior Muntaner ens explicava: "E així romanguí mal acompanyat de homens, e be acompanyat de fembres: que tota hora hi romangueren mes de dos mil fembres, entre unes, e altres ab mi"

Avui podrem comprovar quin era el motiu d'aquest detall, aparentment gratuït.

Perquè, si et trobes assetjat pels teus enemics i no tens prou homes per defendre't, bé caldrà utilitzar les dones. I si el teu enemic és molt superior a tu, per què no cansar-lo, dur-lo fins a l'esgotament, i un cop sense forces, acabar amb ell?

Mitjan juliol de 1305 als Dardanels. Quan la calor apreta, què millor contra uns atacants sufocats sota les armadures, que la mobilitat d'uns defensors descansats i mig nus?

El capítol és una mica llarg, però no té desperdici.


CCXXVII


Ahora dejaré de hablar de ellos, que regresan y han sufrido grandes afanes y trabajos; y os hablaré de nosotros, que permanecimos en Gal·lípol, y no por ello sufrimos menos afanes que ellos.

Que mientras la compañía había partido de Gal·lípol para ir contra los alanos, el emperador lo supo; y por casualidad en aquellos momentos habían arribado dieciocho galeras de genoveses, cuyo capitán era ser Antoni Spíndola, y había venido de Génova a Contastinoble para conducir a Llombardia al hijo menor del emperador que iba a ser nombrado marqués de Montferrat (941). Así que el mencionado ser Antoni Spíndola dijo al emperador que si él aceptaba que su hijo el marqués tomase por esposa a la hija de misser Opisín Spíndola, él expulsaría a los francos de Romanía. Y el emperador le dijo que le placía.

Y después de esto ser Antoni vino con dos galeras a Gal·lípol y nos desafió en nombre de la república de Génova. Y el desafío fue tal, que nos ordenaba en nombre de la república de Génova, que saliésemos de su jardín, esto es del imperio de Contastinoble, que era el jardín de la república de Génova; de otro modo, si no nos íbamos, nos desafiaba, en nombre de la república de Génova, y en el de todos los genoveses del mundo. Y yo le respondí, que no aceptaríamos los retos, ya que nosotros sabíamos que la república había sido, y era todavía, amiga de la casa de Aragón, y de Sicília y de Mallorca, y que por tanto no había ningún motivo para que nosotros debiéramos recibir los desafíos que él nos lanzaba. Y él hizo redactar carta pública de esto que había dicho, y yo otra de lo que le había respondido en nombre de la compañía. Después otra vez volvió con lo mismo, y yo lo mismo le respondí. Y luego, por tercera vez él volvió, y yo le respondí que él obraba mal, reafirmándose en aquellos desafíos, y yo le requería en nombre de Dios y de la santa fe católica (ya que para exaltar aquella habíamos venido a Romanía), que cejase en sus desafíos; y más aún, le requería en nombre del santo padre apostólico, "del que nosotros llevamos la señera" (y él podía contemplarla), contra el emperador y sus gentes, que eran cismáticos y con gran alevosía y traición habían matado a nuestros jefes y a nuestros hermanos, cuando habíamos venido a ayudarles contra los infieles. Y así, lo requería en nombre del santo padre, y del señor rey de Aragó, y del señor rey de Sicília, y del señor rey de Mallorca, que nos ayudasen a conseguir esta venganza, y que si no nos querían ayudar, que no se opusiesen a nosotros. Y de otra manera, si él no quería revocar los desafíos, en nombre de Dios y de la santa fe católica, protestaba que sobre él, que estos desafíos traía, y sobre todos los que le apoyaban y le apoyarían, cayese la sangre que se derramaría entre nosotros y ellos por aquel desafío; y que nosotros permaneciésemos limpios de culpa y pecado; que Dios y el mundo podrían ver que nosotros habíamos sido forzados a recibir el desafío y nos teníamos que defender. Y todo esto hice yo elevar a escritura pública.

Y él se mantuvo en sus desafíos. Y esto hacía él porque había dado a entender al emperador que en cuanto nos desafíase en nombre de la república, no nos atreveríamos a quedarnos en Romanía. Y no conocía nuestro coraje; que habíamos decidido que no nos marcharíamos nunca hasta haber tomado venganza cumplida. Y así, regresó a Contastinoble, y comunicó al emperador todo lo que había hecho, e incluso le dijo que él inmediatamente le tomaría el castillo de Gal·lípol, y a mí y todos cuantos allí estábamos. Y enseguida hizo embarcar sus dieciocho galeras más otras siete del emperador, de las que era almirante N'Andriot Morisc, genovés, y se llevaron al hijo del emperador para conducirlo al marquesado. Y vinieron un sábado al anochecer, ante Gal·lípol las veinticinco galeras, y empezaron aquel día y toda la noche a emplazar escalas y gatas para combatirnos en Gal·lípol, ya que sabían que la compañía se encontraba lejos, y que entre nosotros había pocos hombres armados.

Y así mientras ellos preparaban su orden de batalla para la mañana siguiente, yo dispuse mi defensa durante toda la noche. Y la defensa fue dispuesta de esta forma: hice armar a todas las mujeres que había (armas teníamos bastantes) y las situé en las murallas; y en cada parte del muro situé a un mercader, de los mercaderes catalanes que tenía, para que fuesen sus jefes; y dispuse por todas las calles medias botas de vino bien fuerte, con vasos para beber, y mucho pan para que quien quisiera comiera y bebiera, que ya sabía que había tan gran ejército afuera que no nos permitiría ir a comer a casa. Y luego dispuse que todo el mundo se vistiese corazas, porque sabía que los genoveses iban bien surtidos de flechas de ballesta y gastarían muchas; que ellos suelen tirar rápidamente y sin apuntar, y gastan más proyectiles en una batalla que los catalanes en diez; y así hice que todo el mundo se pusiera la coraza. E hice dejar abiertos los postigos de las barbacanas (942) (todas las barbacanas estaban cubiertas con ramaje) para que pudiésemos acudir con facilidad allá a donde fuese necesario. Y por otra parte, dispuse que los médicos que teníamos estuviesen listos para atender a todo aquel que resultara herido, de forma que pudiese regresar inmediatamente a la batalla. Y en cuanto hube hecho esto, y situado a cada cual allá donde debía estar e instruido sobre lo que debía hacer, yo, con veinte hombres, iba y corría de acá para allá, a donde mayor necesidad había.

Y cuando se hizo de día, las galeras vinieron a tomar tierra. Y yo con un buen corcel que tenía, y mi tercio de caballos armados con lorigas (943) y perpuntes (944), nos opusimos a los grumetes encargados de atar los cabos a tierra, desde el amanecer hasta la mitad de hora tercia; aunque al fin diez galeras consiguieron tomar tierra lejos. Y en aquel desembarco hirieron mi caballo, y un escudero mío bajó y me entregó el suyo; y en el tiempo que esto tardó, sufrí trece heridas. Sin embargo, en cuanto pude montar a caballo, subí al escudero a la grupa del caballo y entré al castillo con otras cinco heridas más que recibí, de las que poco me cuidé, salvo de una de espada que recibí en el pie. Y ésta y las otras heridas me hice curar enseguida. Y así fue como perdí aquel caballo.

Y cuando las galeras vieron que yo había caído, gritaron: - Muerto es el capitán! A por ellos! A por ellos!"- Y entonces tomaron tierra todos juntos. Y habían dispuesto sus batallones muy sabiamente, que de cada galera salía una señera con la mitad de la chusma. Y esto habían dispuesto: que si cualquiera de los que iban a la batalla tenía hambre o sed, o era herido, y regresaba a la galera, si era ballestero, saldría otro ballestero; y si lancero, otro tanto; de forma que los que daban la batalla, no podían disminuir en ningún caso, ni por ir a comer ni por cualquier otra razón; sino que siempre el mismo número diese la batalla.

Y así salieron ordenadamente, y empezaron cada cual a dar la batalla allá donde se había dispuesto que combatiese con su chusma. Y empezaron a combatir muy vigorosamente, y nosotros a defendernos. Y ellos lanzaban tantas flechas, que casi impedían ver el cielo; y este ataque con flechas duró hasta cerca de la hora nona; de forma que todo el castillo estaba lleno de ellas. Y no os diré que todos hubiésemos sido heridos, los que nos encontrábamos fuera; que un cocinero mío, que estaba en la cocina, y cocía gallinas para los heridos, le llegó una lanza a través de la chimenea que le entró dos dedos en el hombro. ¿Qué os diré? La batalla fue muy dura, y nuestras mujeres, con cantos y piedras (que yo había hecho subir muchas a la muralla y a la barbacana), defendían tan regiamente que era una maravilla. Que en verdad, hubo mujer que se encontró con cinco flechazos en la cara, y todavía se defendía como si no hubiese sido herida. Y así duró esta batalla hasta la madrugada.

Y cuando llegó la madrugada, el capitán, llamado N'Antoni Spíndola, que había lanzado los desafíos, dijo:

- Oh gente vil! ¿Qué es esto, que tres tiñosas que hay dentro os defienden el castillo? Muy viles sois!

Y entonces él se preparó con trescientos hombres de linaje que tenía, que todos eran de las mejores casas de Génova, y con cinco señeras, salió de las galeras. E inmediatamente me lo comunicaron, y subí a la muralla y los vi venir; y enseguida hice armar a mi caballo y a los otros seis caballos armados que poseía. Y en cuanto estuvieron arreados y listos, que no nos faltaba nada, hice venir a cien hombres de los mejores y los hice desvestirse; ya que hacía gran calor, puesto que era mediados de julio. Y observé que habían cesado las flechas, y ya no lanzaban más puesto que las habían gastado todas; de modo que los hice prepararse, en camisa y calzones, cada uno con una adarga y con una lanza en la mano, y con las espadas al cinto y un puñal. Y cuando el capitán N'Antoni Spíndola, con todos sus hombres, con las cinco señeras, llegaron a la puerta principal del castillo, y una vez realizado el primer ataque, de forma que la mayor parte sacaban la lengua de sed y calor, yo me encomendé a Dios y a madona santa María, e hice abrir la puerta. Y con los seis caballos armados y los hombres de a pie que salieron tan ligeros como os he comentado, atacamos las señeras, de forma que al primer embate abatimos tres de ellas. Y ellos, viendo que nosotros tan vigorosamente les atacábamos, a caballo y a pie, se dieron por vencidos, de forma que pronto nos ofrecieron la espalda. ¿Qué os diré? Que N'Antoni Spíndola, perdió la cabeza en el mismo lugar de los desafíos, y con él todos los gentileshombre que habían salido con él; y murieron más de seiscientos genoveses. Y os digo que por las escaleras de las galeras subieron los nuestros mezclados con los suyos de modo que, ciertamente, sólo con que hubiéramos tenido cien hombres de refresco, hubiéramos retenido más de cuatro galeras. Pero nosotros nos encontrábamos todos heridos y lesionados, y así, por nuestra mala ventura los tuvimos que dejar escapar.

Y cuando todos ellos hubieron embarcado, y muchos de ellos se ahogaron al embarcar, ya que caían armados en el mar, me llegó mensaje que en un campo habían quedado unos cuarenta; y corrimos hacia allí. Y era jefe de aquellos el hombre más fuerte de Génova; Antonio Bocanegra se llamaba. ¿Qué os diré? Todos sus compañeros murieron, y él tenía una espada con bordón en la mano, y lanzaba tales estocadas que nadie osaba acercarse, de modo que nos mató a dos hombres. Y yo, que le vi realizar tales hazañas, ordené que nadie le atacase, y le dije que se rindiese, y se lo rogué muchas veces; y no quiso hacerlo. Y yo entonces ordené a un escudero mío, que estaba sobre un caballo armado, que espolease contra él; y él muy a gusto lo hizo, y le dio tal golpe con el pecho del caballo, que lo tumbó en tierra, y entonces lo despedazaron en cien pedazos.

Y así las galeras de los genoveses, derrotados y muertos y destruidos, partieron hacia Génova con el marqués, y las del emperador regresaron a Contastinoble; y cada una con sus malas noticias, y nosotros nos quedamos alegres y contentos. Y a la mañana siguiente los de la compañía que supieron que yo estaba cercado, aquellos que iban a caballo se apresuraron y en una noche y un día cabalgaron más de tres jornadas, de forma que al día siguiente al anochecer habían llegado unos ochenta hombres a caballo. Y luego, al cabo de dos días, llegó toda la hueste, y nos encontraron heridos pero contentos, y se entristecieron mucho de no haber estado. Sin embargo nos alegramos todos unos y otros, e hicimos grandes procesiones para rendir gracias a Dios por las victorias que nos había concedido. Y ellos nos repartieron buena parte de lo que habían ganado, así que todos, por la merced de Dios, éramos enormemente ricos.


NOTAS


941. Marquesado de Monferrato en el Piemonte. Su capital, Casale de Monferrato, El Casà en Piemontés.

942. Barbacana. Obra avanzada y aislada para defender puertas de plazas, cabezas, de puente, etc. También puede significar saetera o tronera

943. Loriga. Armadura del caballo para la guerra.

944. Perpunte. Jubón fuerte, acolchado y pespuntado, usado para preservar y guardar el cuerpo de las armas blancas.