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1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children

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Charles Darwin quotation

Ignorance more frequently begets confidence than does knowledge: it is those who know little, and not those who know much, who so positively assert that this or that problem will never be solved by science

Jean-Baptiste Colbert quotation

L'art de l'imposition consiste à plumer l'oie pour obtenir le plus possible de plumes avec le moins possible de cris

Somebody quotation

El miedo es la via perfecta hacia el lado oscuro. El miedo lleva a Windows, Windows a la desesperacion, esta al odio hacia Bill Gates y ese odio lleva a LINUX

Vares Velles

Vares Velles
Al Tall

Això és Espanya (vara seguidilla) per Al Tall

dimarts, 28 d’octubre de 2008

El Informe de la Minoría (IX) (The minority report). Philip K. Dick

IX


Nunca había matado a un hombre. Nunca había visto matar a un hombre. Y había sido inspector de policía durante treinta años. Para esta generación, el homicidio deliberado se había extinguido, simplemente no existía.

Un coche de policía lo acercó a la manifestación del Ejército. En la penumbra del asiento trasero, examinó con detenimiento la pistola de Fleming. Parecía estar intacta. En realidad, no tenía duda alguna acerca del desenlace. Estaba del todo seguro de lo que sucedería en la próxima media hora. Montó de nuevo la pistola, abrió la puerta del coche aparcado y salió cautelosamente.

Nadie le prestaba la menor atención. Crecientes masas de personas avanzaban presurosas, tratando de acercarse a la manifestación. Predominaban los uniformes militares, y en el perímetro de la zona despejada habían desplegado una columna de tanques y armas pesadas, un armamento formidable aún en uso.

El Ejército había levantado un estrado y una escalera. Detrás del estrado colgaba la gran bandera del Ejército de la Alianza Federada del Bloque Occidental, emblema de las potencias combinadas que habían luchado en la guerra. Por una curiosa perversión del tiempo, la Liga de Veteranos del Ejército también incluía a oficiales del bando enemigo. Un general era un general, y las diferencias se habían disipado con los años.

Los altos oficiales del Ejército de la Alianza Federada del Bloque Occidental ocupaban las primeras hileras de asientos. Detrás de ellos estaban los oficiales más jóvenes. Las banderas de los regimientos ondeaban con su variedad de colores y símbolos. El desfile tenía el aspecto de un festival. En el estrado estaban sentados severos dignatarios de la Liga de Veteranos, todos ellos tensos y expectantes. En los extremos, casi inadvertidos, había algunos agentes de la policía. En realidad, eran informadores que estaban observando, En cuanto al orden, el Ejército se encargaría de mantenerlo.

El viento de la tarde transportaba el sordo murmullo de la multitud apretujada. Mientras Anderton atravesaba la densa muchedumbre, fue engullido por esa compacta masa humana, Una tangible sensación de que algo iba a ocurrir mantenía en tensión a todo el mundo. La multitud parecía intuir que algo espectacular estaba en camino. Con dificultad, Anderton se abrió paso entre las filas de asientos hasta llegar al apretado grupo de oficiales del Ejército que había junto al estrado.

Kaplan estaba entre ellos. Pero ahora era el general Kaplan.

El chaleco, el reloj de bolsillo de oro, el bastón, el traje conservador..., todo había desaparecido. Para este acontecimiento, Kaplan había rescatado su viejo uniforme de la naftalina. Erguido e imponente, estaba rodeado por lo que había sido su Estado Mayor General. Usaba sus galones, sus condecoraciones, sus botas, su sable corto de gala y su gorra con visera. Era asombrosa la transformación que el descarnado poder de una gorra de oficial con pico y visera había provocado en ese hombre calvo.

Al ver a Anderton, el general Kaplan se apartó del grupo y se dirigió hacia él. La expresión de su delgado semblante mostraba cuán satisfecho estaba de ver al inspector general.

-Vaya sorpresa le dijo a Anderton, extendiendo su pequeña mano enguantada de grís-. Tenía la impresión de que el inspector provisional lo había arrestado.

-Todavía estoy libre -respondió Anderton lacónicamente, estrechándole la mano-, En definitiva, Witwer tiene esa misma cinta. -Señaló el paquete que Kaplan aferraba con sus dedos acerados y aguantó con confianza la mirada del hombre.

A pesar de su nerviosismo, el general Kaplan todavía estaba de buen talante.

-Ésta es una gran ocasión para el Ejército -manifestó-. Le alegrará saber que ofreceré al público una declaración completa acerca de las acusaciones falsas a las que usted se enfrenta.

-Bien -dijo Anderton con voz neutra.

-Quedará claro que fue usted acusado injustamente. -El general Kaplan trataba de descubrir hasta dónde sabía Anderton- ¿Tuvo Fleming la oportunidad de asesorarle sobre la situación?

-Hasta cierto punto -respondió Anderton-. ¿Leerá sólo el informe de la minoría? ¿Es todo lo que tiene ahí?

-Lo compararé con el informe de la mayoría. -El general Kaplan hizo una seña y un asistente le entregó un maletín de cuero-. Todo está aquí..., todas las pruebas que necesitamos. A usted no le importa servir de ejemplo, ¿verdad? Su caso es símbolo del arresto arbitrario de un sinfín de personas. -Con gesto rígido, el general Kaplan miró su reloj de pulsera-. Debo comenzar. ¿Me acompañará en el estrado?

-¿Para qué?

Con frialdad, pero con una suerte de reprimida vehemencia, el general Kaplan dijo:

-Para que vean la prueba viviente. Usted y yo juntos..., el asesino y su víctima. De pie, uno junto al otro, exponiendo el siniestro fraude que ha fraguado la policía.

-Será un placer -convino Anderton-. ¿Qué estamos esperando?

Desconcertado, el general Kaplan se desplazó hacia el estrado. Una vez más, miró con inquietud a Anderton, como preguntándose por qué se había presentado y qué sabía en realidad. Su incertidumbre crecía a medida que Anderton subía la escalinata del estrado y se sentaba junto al podio del orador.

-¿Usted comprende plenamente lo que vaya decir? -preguntó el general Kaplan-. La denuncia tendrá considerables repercusiones. Puede instar al Senado a reconsiderar la validez del sistema Precrimen.

-Entiendo –respondió Anderton con los brazos cruzados-. Vamos.

Un tenso silencio había descendido sobre la multitud. Pero se produjo una anhelante agitación cuando el general Kaplan asió el maletín y comenzó a disponer el material frente a el.

-El hombre sentado junto a mí -comenzó, con voz limpia y cortante es conocido por todos. Os sorprenderá verlo aquí, pues hasta hace poco la policía lo describía como un asesino peligroso.

La multitud fijó los ojos en Anderton. Miró con expectación al único asesino potencial que habían tenido el privilegio de ver a escasa distancia.

-En las últimas horas, no obstante -continuó el general Kaplan, la orden policial para su arresto fue revocada. ¿Fue porque el inspector Anderton se entregó voluntariamente? No, de ningún modo. El está sentado aquí. No se ha entregado, pero la policía ya no está interesada en él. John Allison Anderton es inocente de todo delito en el pasado, el presente y el futuro. Las acusaciones en su contra eran fraudes patentes, diabólicas distorsiones de un sistema penal contaminado y basado en una premisa falsa, una vasta e impersonal máquina de destrucción que aplastaba a hombres y mujeres hasta destruirlos.

La fascinada multitud miraba a Kaplan y a Anderton. Todos comentaban los aspectos básicos de la situación.

-Muchos hombres han sido capturados y encarcelados bajo lo que se conoce como estructura profiláctica Precrimen -continuó el general Kaplan, con mayor sentimiento y energía en la voz-. No acusados de delitos cometidos, sino de delitos que cometerán. Se afirma que estos hombres, si continúan en libertad, cometerán delitos en algún momento en el futuro próximo. Pero no puede haber un conocimiento fiable del futuro. En cuanto se obtiene una información precognitiva, se invalida a sí misma. La afirmación de que este hombre cometerá un crimen en el futuro es paradójica. El solo hecho de poseer estos datos la vuelve falsa. En todo caso, sin excepción, el informe de los tres precogs de la policía ha invalidado sus propios datos. Si no se hubieran realizado arrestos, tampoco se habrían cometido crímenes.

Anderton escuchaba con ánimo sereno, sin prestar mayor atención. La multitud, en cambio, escuchaba con gran interés. El general Kaplan estaba elaborando una teoría a partir del informe de la minoría. Explicó lo que era y cómo había llegado a existir.

Anderton extrajo la pistola del bolsillo de la chaqueta y la apoyó en el regazo. Kaplan ya dejaba a un lado el informe de la minoría, el material precognitivo obtenido de Jerry. Sus dedos huesudos tantearon buscando la síntesis del primero, el de Donna y después el de Mike.

-Éste era el informe original de la mayoría -explicó-. La afirmación realizada por los dos primeros precogs, de que Anderton cometería un homicidio. Aquí está el material invalidado. Lo leeré.

Limpió con un pañuelo las gafas sin montura, se las puso sobre la nariz y comenzó a leer lentamente.

Una expresión extraña cruzó su rostro. Vaciló tartamudeó, se interrumpió de forma brusca. Los papeles se le cayeron de las manos. Como un animal acorralado, se dio la vuelta, se agachó y salió huyendo del podio.

Por un instante, su rostro demudado pasó frente a Anderton. Poniéndose de pie, éste levantó el arma, se adelantó con rapidez y disparó.

Enredado en las hileras de pies que sobresalían de las sillas que llenaban el estrado, Kaplan soltó un grito de dolor y miedo Como un pájaro abatido, rodó, agitando los brazos y las piernas, del estrado al suelo. Anderton se acercó a la baranda, pero todo había terminado.

Kaplan, como afirmaba el informe de la mayoría, estaba muerto. Su pecho delgado era una cavidad oscura y humeante, copos de ceniza que echaban a volar mientras el cuerpo temblaba convulsivamente.

Asqueado, Anderton se alejó y caminó deprisa entre los anonadados oficiales del Ejército. Aún empuñaba la pistola, lo que le permitió avanzar sin objeciones. Saltó de la plataforma y se abrió paso en la caótica masa de gente. Pasmados, horrorizados, luchaban para ver qué había sucedido. El episodio, ocurrido ante sus propios ojos, era incomprensible. La aceptación de lo ocurrido tardaría un rato en reemplazar al terror ciego.

Una vez superada la muchedumbre, Anderton fue rescatado por los policías que lo esperaban.

-Tuvo suerte de escabullirse -le susurró uno de ellos mientras el coche avanzaba con precaución.

-Creo que sí -respondió Anderton con aire distante. Se reclinó y trató de serenarse. Estaba temblando y mareado. De pronto se inclinó hacia delante y vomitó.

-Pobre diablo -murmuró, en tono compasivo, uno de los policías.

En ese torbellino de abatimiento y náusea, Anderton no pudo distinguir si el policía se refería a Kaplan o a él.

3 comentaris:

67daniel ha dit...

A propósito de Dick, amigo y maestro Julio, hoy leí una pequeña biografía suya en un libro dedicado íntegramente a Blade Runner.
Cuenta el autor de este estupendo trabajo que Dick llegó a consumir semanalmente botes y botes de anfetaminas para poder escribir a ese ritmo frenético de 60 páginas al día. Desconocía también lo de la enfermedad mental del autor y su calamitosa vida matrimonial.
El chico sufrió lo suyo, eso está claro.
Pero tú eres el experto, así que... ¡Cuéntanos todo lo que sepas sobre el padre espiritual de Kaplan!:-)
Salut y pau.
Daniel.

jpolinya ha dit...

Gracias pero no soy un experto. De lo que he leído de él, varias novelas, hay dos que me han gustado mucho: El hombre en el castillo y Fluyan mis lágrimas, dijo el policía.

En ambas vemos reflejados universos alternativos entre los que es posible viajar gracias a una droga, o a la meditación con el I Ching

En cuanto a sus cuentos, bueno, son reflejo de la paranoia creada con la guerra fría, la amenaza nuclear, tan presente en aquellos tiempos, y la obsesiva y amenazante presencia policial (multipolicial más bien), el macartismo y el inicio del consumismo y de la robotización.

Y sí, tengo entendido que experimentó con algunas drogas alucinógenas, pero que su adición fue a las anfetaminas.

Salut

Nekane ha dit...

trepidanteeeeeeeeeeeee, estye tramo...
BESINES