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1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children

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Charles Darwin quotation

Ignorance more frequently begets confidence than does knowledge: it is those who know little, and not those who know much, who so positively assert that this or that problem will never be solved by science

Jean-Baptiste Colbert quotation

L'art de l'imposition consiste à plumer l'oie pour obtenir le plus possible de plumes avec le moins possible de cris

Somebody quotation

El miedo es la via perfecta hacia el lado oscuro. El miedo lleva a Windows, Windows a la desesperacion, esta al odio hacia Bill Gates y ese odio lleva a LINUX

Vares Velles

Vares Velles
Al Tall

Això és Espanya (vara seguidilla) per Al Tall

dilluns, 8 de desembre de 2008

Crònica de Ramon Muntaner (LXXXIX)

Aquest capítol, un dels meus preferits, és, per ell mateix, tota una novel·la d'aventures.

Assistim als preparatius per travessar territori enemic i així poder presentar-se el dia acordat en Bordeus, on sap que els francesos li han parat un parany del que li serà molt difícil escapar.

Comença el viatge.


LXXXIX


Cuando el señor rey de Aragó conoció la buena voluntad que el senescal le tenía, pensó que bajo ningún motivo le fallaría, y que el día acordado, él estaría dentro del campo. Pero mantuvo esto en secreto, y no quiso hablar de ello con nadie. Y entonces hizo acudir a un honrado mercader, llamado En Domingo de la Figuera, que era natural suyo de Saragossa y era hombre bueno, y leal, y sabio y discreto; y era mercader que siempre estaba viajando por Gascunya con caballos que sacaba de Castilla, y por Navarra, y los conducía por todas aquellas partes, por el Bordelès (470) y por Tolzà (471). Y era una persona con gran poder, que a veces sacaba de Castilla veinte y hasta treinta caballos juntos y los conducía por los lugares anteriormente citados; así que podéis estar seguros de que conocía a la perfección todos los caminos que había en cada una de aquellas provincias, tanto los caminos reales como los caminos escondidos, en llanos y en montañas; que no había senda en la tierra, cualquiera que fuese, tanto en aquellas partes, como en Aragón y en Catalunya, que él no conociese mucho mejor incluso que los nativos de dichos países. Y esto lo sabía por su gran experiencia, y porque a veces, tenía que ir campo a través, con los caballos que conducía, para que no se los robasen, a veces, los ricoshombre con motivo de las guerras que tenían.

Y cuando En Domingo de la Figuera acudió a presencia del señor rey, éste lo introdujo en una cámara, y le dijo:

- En Domingo, sabéis que sois nuestro natural, y que siempre a vos y a los vuestros os hemos hecho bien y honor. Por lo que ahora nos os queremos encargar un asunto que, cuando haya terminado, con la voluntad de Dios, nos os haremos tanto bien, que vos y los vuestros seréis muy ricos para siempre.

Y En Domingo, que esto oyó, se levantó, y fue a arrodillarse ante el señor rey, y le besó el pie, y dijo:

- Señor, ordenad, que estoy dispuesto a cumplir vuestras órdenes.

Y luego de esto el señor rey tomó un libro de Evangelios, y le conminó a que jurara que lo que él le iba a decir, no se lo contaría a nadie en el mundo. Y él lo juró inmediatamente, y le hizo homenaje de boca y de manos (472).

Y una vez jurado, -¿Sabéis? - dijo él -, En Domingo, qué haréis vos? Tomaréis veintisiete caballos vuestros, los que yo os diré y los enviaréis de nueve en nueve a tres lugares en el camino a Bordeu, y otros nueve a tres lugares en el camino a Castilla. Y es nuestra voluntad que tal día, que debe ser el día acordado, estemos en el campo de batalla, en Bordeu; y nos iremos personalmente de la siguiente guisa: vos iréis cabalgando un hermoso caballo, en calidad de señor, y nos iremos disfrazado de escudero vuestro, en otro caballo, con una azcona (473) montera en la mano; y vendrá con nosotros En Bernat de Peratallada (474), que cabalgará en otro caballo, con una silla de alforja, y os llevará la alforja, que será ligera, puesto que no habrá en ella más que vuestra túnica y dinero para los gastos, y llevará otra azcona montera. Y cabalgaremos todo el día, sin detenernos en ninguna parte; y por la noche, a primera hora estaremos en una posada, y comeremos, y dormiremos; y cuando toquen las maitines, tendremos otros caballos preparados, que ensillarán y montaremos; y haremos lo mismo en todas partes. Y yo seré vuestro escudero, y os sujetaré el estribo cuando montéis, y os cortaré la carne en la mesa; y en Bernat de Peratallada se encargará de los caballos. Y es preciso que de tres jornadas hagamos una al entrar, y mucho más al salir; y no es preciso volver por donde hayamos entrado. Y así hay que hacerlo. Así que, planead el itinerario que nos sea más seguro a la ida; y tomad los nueve caballos, y los enviáis cada uno con un escudero del que os podáis fiar, de los que tenéis disponibles, tan sólo con una manta cada uno, y enviadlos a cada uno a la posta donde decidáis que hemos de cambiar de caballo. Y que los escuderos no sepan nada los unos de los otros, ni a qué sitio van. Y así con todos, y que cada cual crea que no enviáis sino los tres, y decidles que los enviáis a vender, y que os esperen en tal lugar, y que por nada del mundo se marchen de allí; y que cuiden bien de ellos y de los caballos, y que los tres se alojen en una posada. Y cuando lleguemos, nos alojaremos en otra posada distinta, para que ellos no me puedan ver, y no haya peligro de que me conozcan. Y así disponed todo lo que yo os he dicho, que nunca nadie sepa nada. Y yo os iré dando los caballos de tres en tres; de forma que los dueños de los caballos no sabrán para qué los queremos, excepto que les diremos que a vos os los queremos entregar, y que os he encargado que los reconozcáis y los probéis para elegir el que mejor sea para mi servicio.

Y En Domingo de la Figuera respondió:

- Señor, tal como lo habéis dispuesto así se cumplirá. Y, de ahora en adelante, dejadme a mí prepararlo todo, que puesto que ya sé vuestra voluntad, tengo fe en Dios que le daré tal cumplimiento que Dios y vos quedaréis satisfechos. Y estad seguro que con la ayuda de Dios os conduciré a Bordeu por tales caminos que no habréis de temer nada, y lo mismo al regreso. Y ordenad que me entreguen los caballos.

Y el rey dijo:

- Bien decís; empezad a prepararlo todo.

Y enseguida llamó a su palafrenero, y le dijo que, por el gran amor que le tenía, bajo pena de su persona, nadie conociese nunca nada de lo que iba a decirle, salvo él y En Domingo de la Figuera. Y el palafrenero dijo:

- Señor, ordenad, que yo haré.

- Id enseguida, y de tres en tres, librad veintisiete caballos a En Domingo de la Figuera, eligiendo los mejores que tengamos.

Y el palafrenero dijo:

- Señor, dejadme hacer a mi y a En Domingo, que ciertamente tengo en mi poder más de setenta, entre los que os ha enviado el rey de Mallorca, y el rey de Castilla y otros; y me parece que podremos escoger los mejores veintisiete, aunque todos son tan buenos que la elección no será fácil.

Dijo el señor rey:

- Marchad ahora en buena ventura.

Y ellos se marcharon e hicieron enseguida todo lo que el señor rey les había ordenado a cada uno.

Y el señor rey enseguida ordenó aquel día diez caballeros de modo que cada uno fuese con otros tres; y los envió a Bordeu, uno cada día, al encuentro de En Gilabert de Cruïlles; y cada uno llevaba mensajes para En Gilabert y para el senescal de Bordeu. Y el mensaje era este; que el señor rey de Aragón le enviaba a preguntar al senescal si lo aseguraba; y si era así, que él estaba listo para comparecer aquel día en el campo. Y esto hacía él por dos razones: la primera, que el camino fuera utilizado y que viesen pasar mensajeros del rey de Aragón todos los días; y que comprobasen si a la ida o a la vuelta alguien les molestaba; y que averiguasen qué condiciones había; y poder recibir noticias todos los días; y la otra razón era porque sabía que aunque se le había ordenado al senescal que hiciera todo aquello que quisiese o mandase el rey de França, tenía orden preferente del rey de Anglaterra que de ninguna forma consintiese ni permitiese que el rey de Aragón ni nadie de los suyos sufrieran ningún tipo de daño en su persona; y que les diese vía y carrera libre para que cabalgasen a salvo; y es que el rey de Anglaterra sabía que este senescal era uña y carne con el rey de Aragón, y todo su linaje siempre lo había sido, por lo que lo hizo senescal de todo el Bordelès tan pronto como supo que se tenía que celebrar esta batalla. Y así el senescal, cuando llegaba un mensajero del rey de Aragón, se lo comunicaba inmediatamente al rey de França; y el rey de França ordenaba que le escribiese que viniera; ya que el campo estaba en orden y el rey Carles estaba listo; y el senescal, sin embargo, le enviaba a decir lo contrario; que si tenía estima por su vida, que no acudiera, y que Dios y todo el mundo lo darían por excusado, y que, ya que el rey de Anglaterra veía que no le podía dar la suficiente protección, no había querido acudir; de modo que no lo intentase de ninguna forma. De modo que el rey de França todos los días recibía estos mensajes, que no había día que no oyese a los mensajeros que el rey de Aragón enviaba. Y creía que el senescal escribía lo que él le ordenaba; por lo que confiaba en que acudiría.

Y cuando todo esto fue dispuesto y se fue cumpliendo, se acercó el día de la batalla. El señor rey llamó a En Bernat de Peratallada, que era hijo del noble En Gilabert de Cruïlles, y lo introdujo en una habitación con En Domingo de la Figuera, y le reveló su intención y le ordenó tenerla en secreto; y éste se lo prometió tal como había hecho En Domingo de la Figuera. Y les ordenó que aquella noche estuviera preparados para partir, después de la medianoche. Y ordenó al palafrenero que tuviera listos y ensillados los tres caballos con las sillas de En Domingo de la Figuera, y que a uno de ellos le pusiese silla con alforja. Y tal como lo ordenó así se hizo; que nunca nadie supo nada, sino ellos tres, ellos y el palafrenero. Puesto que bien sabía el señor rey que nadie le consentiría que en tal aventura se metiese; y él era de tal coraje y tan leal, que nada en el mundo podría impedir que el día acordado estuviese en el campo. Y fue por esto que no quiso que nadie lo supiese, que incluso su hijo N'Anfòs, su primogénito, no supo nada.

¿Queréis que os dé más detalles? Cuando llegó la medianoche, se levantaron, y el palafrenero había preparado sus tres mejores caballos. Y el señor rey montó en uno, y puso delante la túnica de En Domingo de la Figuera, y tomó una azcona en la mano; e iba vestido con unas buenas hombreras (475) y un buen camisón; y encima, una sobreveste (476) verde de tela de lino, que lo cubría todo; y sobre todo ello una túnica muy raída y vieja, y su capirote (477) y un capacete (478), y un gorro de lino. Y En Bernat de Peratallada iba vestido de la misma guisa, y llevaba una alforja pequeña que no pesaba mucho, y la azcona montera en la mano. Y En Domingo de la Figuera cabalgaba como señor muy bien vestido, tal como estaba acostumbrado a cabalgar, con sus calzones y con sombrero de ala para el sol, y guantes, y bien acicalado. Y En Bernat de Peratallada llevaba un gran armario en el cual iban siempre seis hogazas, para comerlas en el día, y beber agua allá donde nadie les viese.

Y así, con la gracia de Dios, partieron de Jaca, y se apresuraron de tal forma, que recorrían tres jornadas entre la noche y el día y lo que tomaban de la noche siguiente. Y siempre llegaban a la posada a hora de primer sueño, y no descabalgaban nunca de día ni para beber ni para dormir; sino que comían el pan cabalgando y caminando. Y cuando llegaban al final del camino, encontraban los siguientes tres caballos de posta. Y enseguida En Domingo de la Figuera, con su compañía, iba al hostal donde se encontraban los caballos, y los cuidadores de los caballos sentían gran alegría y le preguntaban que por qué había llegado a tan altas horas de la noche, y él les respondía:

- Para que los caballos no viniesen con tanto calor.

Y mientras él se encontraba con su compañía, el rey y En Bernat de Peratallada, preparaban la comida; y cuando él suponía que ya estaba todo preparado, volvía al hostal donde se encontraban el rey y En Bernat de Peratallada, y a los de los caballos les decía que se quedasen y que a la mañana siguiente los vería. Y cuando llegaba a su hostal, encontraba puesta la mesa, y se lavaba las manos; y En Bernat de Peratallada cuidaba de los caballos. Y cuando En Domingo había servido la escudella (479) a la mesa y la había repartido, llegaba En Bernat de Peratallada y se sentaban con el rey en otra mesa, y comían todos juntos. Y no penséis que hablaran mucho, que cada cual llevaba la comida a la boca; y en cuanto habían comido, iban a acostarse, y dormían hasta maitines. Entonces se levantaban, y En Domingo de la Figuera conducía los tres caballos a sus escuderos, a su posada; y les hacía desensillar, y ensillaba los que estaban descansados, y les ordenaba que los cuidasen bien; y así iniciaban de nuevo su cabalgadura. Y esto hicieron cada día como en la primera jornada.


NOTAS


470. Región de Burdeos.

471. Región de Tolosa de Llenguadoc. Toulouse.

472. Este homenaje se acostumbraba a dar después de un juramento de fidelidad o de vasallaje, con un beso en la boca y otro en las manos.

473. Azcona. Arma arrojadiza, como dardo, usada antiguamente.

474. Bernat de Peratallada, hijo de Gilabert de Cruïlles, el embajador que se ha quedado en Burdeos.

475. Hombrera. Pieza de la armadura antigua que cubría y defendía los hombros.

476. Sobreveste. Prenda de vestir, especie de túnica, que se usaba sobre la armadura o el traje.

477. Capirote. Capucho antiguo con falda que caía sobre los hombros y a veces llegaba hasta la cintura.

478. Capacete. Pieza de la armadura que cubría y defendía la cabeza.

479. Especie de cocido con sopa y carne y legumbres todo servido en el mismo plato.

1 comentari:

67daniel ha dit...

Un abrazo, amigo, y gracias por este entretenido capítulo.

Sahha.

Daniel.