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1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children

traductor

Charles Darwin quotation

Ignorance more frequently begets confidence than does knowledge: it is those who know little, and not those who know much, who so positively assert that this or that problem will never be solved by science

Jean-Baptiste Colbert quotation

L'art de l'imposition consiste à plumer l'oie pour obtenir le plus possible de plumes avec le moins possible de cris

Somebody quotation

El miedo es la via perfecta hacia el lado oscuro. El miedo lleva a Windows, Windows a la desesperacion, esta al odio hacia Bill Gates y ese odio lleva a LINUX

Vares Velles

Vares Velles
Al Tall

Això és Espanya (vara seguidilla) per Al Tall

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dimecres, 1 d’abril del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CC)

Formalitzats els pactes amb l'emperador de Bizanci, Roger de Flor, ja megaduc, es prepara per la partida cap a Grècia.

Frederic de Sicília li regalarà naus, menjar, diners a ell i a tot aquell soldat que català o aragonés que amb ell se'n vulga anar... tot allò que calga per agilitzar la seua marxa i la del seu exèrcit.


CC


Y así los embajadores, alegres y satisfechos, con todo esto firmado, regresaron a Sicília, donde encontraron a fra Roger en la Licata, y le contaron todo lo que habían negociado y le entregaron todos los privilegios, y la vara del megaducado, y la señera, y el sombrero, y el sello. Y fra Roger con gran alegría y satisfacción, acogió a los embajadores y recibió el megaducado; y de aquí en adelante recibirá el nombre de "megaduque".

Y cuando el megaduque hubo recibido todas estas cosas, se presento ante el señor rey, que se encontraba en Palerm con madona la reina, y le contó todo lo conseguido. Y el señor rey quedó muy contento, y enseguida ordenó entregar al megaduque diez galeras de las atarazanas, y dos leños, y se les hizo reparar y preparar. Y el megaduque ya poseía ocho, de modo que se encontró con que poseía dieciocho galeras y dos leños; y luego tripuló tres naves grandes y muchas taridas y otros leños. Y pregonó por todas partes que todo aquel que quisiera ir con él, que acudiese a Messina. Y el señor rey socorrió a todo el mundo con el dinero que pudo, y entregó un quintal de bizcocho y diez piezas de queso, a cada uno de los que se marchaban con el megaduque, fuera hombre, mujer o niño, y para cada cuatro el tocino de un cerdo entero, y ajos y cebollas.

dimarts, 31 de març del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CXCIX)

Per fi la pau, però què fer amb els soldats que han quedat sense ocupació? on podrà anar ara el perseguit (pel Temple, per l'esglèsia, pels francesos) cavaller de Fortuna, Roger de Flor?

L'almirall, el cavaller de fortuna i corsari Fra Roger de Flor aviat troba la solució: a l'orient, a l'Imperi Romà d'Orient, hi ha guerra. Els turcs ja han conquistat l'Anatòlia i estan acostant-se perillosament a Constantinopla. Ser contractat per l'emperador significa una magnífica assegurança contra els seus perseguidors, papa, rei de França, ex companys del Temple, i Frederic el pot ajudar a aconseguir aquest pacte, a canvi de deslliurar-lo d'una enorme quantitat de perillosa gent d'armes.

Veja'm els pactes


CXCIX


Y mientras se celebraba tan gran fiesta, aunque todo el mundo gozaba de la fiesta, fra Roger se encontraba muy preocupado, y parecía que era adivino, ya que era el hombre más entendido del mundo para prever las cosas. De modo que pensó: "Has perdido este señor, y lo mismo les ocurre a los catalanes y a los aragoneses que le han servido (870), ya que a partir de este momento él no podrá otorgarles nada, y sólo le representarán un estorbo. Y ellos son como todo el mundo, que sin comer no pueden vivir; y no conseguirán nada del rey, y harán cosas horribles obligados por la necesidad, y al final destruirán toda la tierra y morirán unos tras otros. Por lo que es necesario que ya que tanto has servido a este señor quien tanto honor te ha concedido, consigas librarle de esta gente, en su honor y en provecho de ellos." Y lo mismo pensaba acerca de sí mismo, que no le resultaba seguro quedarse en Sicília, porque una vez que el señor rey había hecho las paces con la Iglesia, tanto el maestre del Temple (871), como el rey Carles y el duque, con lo mal que lo querían, pedirían que se lo entregara al papa, y el rey se vería obligado a hacer una de estas dos cosas: o desobedecer al papa, o volver a entrar en guerra con la Iglesia; y él no podía permitir que el señor rey, por su causa, sufriese tal afrenta.

Y cuando hubo rumiado todos estos pensamientos, que eran bien ciertos, se presentó ante el señor rey, y en privado, se los expuso. Y, una vez hecho esto, le dijo:

- Señor, he pensado, que si vos queréis y me ayudáis, yo, a mi vez, os puedo ayudar a vos y a todos los que os han servido, y a mí mismo.

Y el señor rey le respondió que mucho le placía, y que le agradecía mucho todo lo que había discurrido, y que le rogaba que lo preparase de tal forma, que él pudiese salir sin tacha y que fuese provechoso para los que le habían servido; y que él estaba listo y dispuesto para ofrecerles toda la ayuda que pudiese.

- Pues señor - dijo fra Roger -, con vuestra licencia enviaré dos caballeros con una galera armada al emperador de Contastinoble (872), y le haré saber que estoy dispuesto a acudir en su servicio con tanta compañía de a caballo y de a pie como quiera, todos catalanes y aragoneses, sólo con que nos dé socorro y sueldo. Y sé que él tiene gran necesidad de esta ayuda, porque los turcos le han arrebatado más de treinta jornadas de tierra; y él no confiaría en nadie como en catalanes y aragoneses, principalmente en los que han llevado esta guerra contra el rey Carles.

Y el señor rey le respondió:

- Fra Roger, vos sabéis de estos asuntos mucho más que nos, sin embargo, me parece que vuestra decisión es acertada. De modo que disponed lo que os plazca, que todo lo que vos dispongáis, nos satisface.

Y tras esto fra Roger besó la mano al señor rey, y se retiró; y llegó a su posada, y estuvo todo aquel día preparando sus negocios. Y el señor rey y los otros seguían con la fiesta, y en la diversión y solazándose.

Y cuando llegó la mañana siguiente, hizo preparar una galera, y eligió a dos caballeros de los que se fiaba, y les contó todo lo que había decidido. Y les dijo que intentasen por todos los medios negociar que él pudiese tomar por esposa a la sobrina del emperador, hija del emperador de Latzaura (873); y que además fuera nombrado megaduque (874) del imperio; y además de esto que el emperador les diese paga de cuatro meses a todos los que él trajera, a razón de cuatro onzas por mes, y que les mantuviese dicho sueldo durante todo el tiempo que quisieran permanecer allí; y que recibiesen la paga nada más llegar a Malvasía (875). Y les dio capítulos redactados de todas estas cosas, así como de todo cuanto tenían que hacer; y por este motivo sé yo estas cosas, ya que yo personalmente fui a dictar y redactar dichos capítulos. Y les dio poder con autoridad suficiente para que pudiesen firmar en su nombre todo esto, tanto lo correspondiente al matrimonio como al resto de asuntos. Y estad seguros que los caballeros eran buenos y sabios, y una vez oída la exposición, con pocos capítulos hubo bastante; y sin embargo todo fue bien negociado. Y así, cuando estuvieron listos, se despidieron de fra Roger y zarparon hacia el emperador.

Y cuando hubieron partido de Messina, fra Roger, consideró alcanzados sus propósitos (ya que tenía gran fama en la casa del emperador, de los tiempos en que él comandaba su nave del Temple llamada "lo Falcó", ya que había socorrido muchas veces a las naves del emperador que encontraba en Ultramar, y sabía bastante greguesco (876) común, y asimismo había llegado su fama a Romanía y a todo el mundo a causa de la ayuda que tan francamente había hecho al señor rey de Sicília), y se pertrechó de compañía, de modo que finalmente En Berenguer d'Entença, que era hermano de juramento suyo, le prometió que lo seguiría, y En Ferran Eixemenis d'Arenòs, y En Ferran d'Aunès, y En Corberan d'Alet, y En Martín de Logran, y En Pere d'Eros y en Bernat de Rocafort, y otros muchos caballeros catalanes y aragoneses y unos cuatro mil almogávares, todos buenos, que desde la época del señor rey En Pere hasta ese momento, habían luchado en la guerra de Sicília. Así que él se sintió muy contento; y mientras tanto, ayudaba a cada uno con lo que tenía, y no los abandonaba a su suerte si pasaban estrecheces.

Y tanto navegó la galera, que al poco tiempo llegó a Contastinoble, donde encontró al emperador Xor Andrònico (877) y su hijo mayor Xor Miqueli (878). Y cuando el emperador hubo escuchado la embajada, se sintió muy contento y satisfecho y acogió muy bien a los mensajeros. Y finalmente todo sucedió tal como fra Roger había dispuesto; ya que el emperador accedió a que fra Roger desposase a su sobrina, hija del emperador de Latzaura, de modo que inmediatamente uno de los caballeros lo firmó en nombre de fra Roger; y luego accedió a que toda la compañía que fra Roger condujese, estuviese a sueldo del emperador, a cuatro onzas el mes por caballo armado, y dos onzas por caballo ligero, y una onza por hombre de a pie, y cuatro onzas por cómitre, y una onza por piloto, y veinte tarines por ballestero, y veinticinco tarines por proel (879); y que fuesen pagados de cuatro en cuatro meses; y que cuando alguien decidiese regresar a poniente, que lo comunicase a la corte y fuese pagado, y luego podría regresar, con paga de dos meses para el regreso; y que fra Roger fuese nombrado megaduque de todo el imperio. Y megaduque es una dignidad que significa gran príncipe, señor de todos los soldados, y que tiene poder sobre el almirante, y que todas las islas de Romanía le están sometidas, y los lugares de las costas. Y de esta megaducado envió privilegio con bola de oro, bien firmado por él y sus hijos, a fra Roger. Y le envió la vara del megaducado, y la señera y el tocado; que todas las dignidades de Romanía tienen su propio sombrero, de forma que nadie puede llevar un tocado semejante al suyo.

Y asimismo se acordó que en Malvasía encontraría refresco de paga y de todo lo que necesitasen.


NOTAS


870. Una de las consecuencias de la paz de Caltabellotta es que Sicilia dejaba de pertenecer al área política de la casa de Aragón, por lo que el ejército catalán y aragónes que les había estado apoyando se quedaba sin ocupación, y pocas cosas hay peores en un territorio que soldados sin ocupación y sin sueldo.

871. Aunque parezca mentira estamos tan sólo a cinco años de la excomunión de los dirigentes del Temple y su ilegalización en 1307. Todo el mundo iba tras el tesoro del Temple, y parece que el amigo Fra Roger de Flor, se había quedado con un buen pellizco.

872. Constantinopla. Actual Istanbul en Turquía.

873. Latzaura, la actual Bulgaria.

874. Gran duque. Jefe supremo de la flota de guerra del imperio Bizantino. El título, que aparece hacia el siglo XI, con los emperadores Comnens, llegó a constituir la cuarta jerarquía del Imperio.

875. Monemvasía. Peloponeso. Grecia.

876. Greguesco. Idioma griego.

877. Andrónico II Paleólogo. Emperador de Constantinopla.

878. Miguel IX Paleólogo. Hijo de Andrónico II y Ana de Hungría.

879. Proel. Marinero que en un bote, lancha, falúa, etc. maneja el remo de proa, maneja el bichero para atracar o desatracar, y hace las veces de patrón a falta de éste

dilluns, 23 de març del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CXCI)

Avui el cronista ens relata la batalla contra "els cavallers de la mort", arribats de França per venjar anteriors batalles i que seran anihilats per les tropes de Galceran i de Blasco i pels almogàvers.

I, amb tot el sarcasme, Muntaner ens comenta: "Queus dire? Que tots sen portaren lo nom que hauien aportat de França, que ells sauien mes nom los cauallers de la Mort, e tots muriren"


CXCI


Y sucedió que llegaron a Sicília tres barones de França en ayuda del rey Carles, con ánimo de vengar la muerte de sus parientes que habían perecido en la guerra de Sicília en tiempos del señor rey En Jacme. Y estos tres barones traían consigo trescientos caballeros de França, elegidos, que eran de los mejores de França, y les llamaban "los caballeros de la muerte"; y llegaron a Catània con ánimo y voluntad de, inexcusablemente, combatir con el noble En Guillem Galceran, conde de Catancer (797), y con don Blasco d'Alagó, que estaban al servicio del señor rey de Sicília. Y juraron combatir a muerte, de modo que cuando llegaron a Catània, todo el mundo les llamó "los caballeros de la muerte", tal como ellos mismos se autodenominaban.

¿Qué os diré? Un día se enteraron de que el conde Galceran y don Blasco se encontraban en un castillo de Sicília que se llama Gallano (798), y los trescientos caballeros, con mucha gente preparada y otros que quisieron acompañarlos, acudieron a Gallano. Y el conde Galceran y don Blasco, que habían llegado a la llanura de Gallano, se enteraron, y revisaron la gente que tenían, y encontraron que no eran más de doscientos hombres a caballo, y unos trescientos de a pie; aunque tomaron el acuerdo de que sin dudarlo, les saldrían a batalla. Y al amanecer salieron de Gallano, en orden de batalla, tocando las trompas y nácaras; y los caballeros de la muerte, que los vieron, revisaron cuantos eran, y vieron que eran unos quinientos hombres a caballo, buena gente, y muchos hombres de a pie, de su país.

Y cuando ambas huestes se divisaron, los almogávares del conde Galceran y de don Blasco gritaron: - Desperta, ferres! Desperta! (799)-; y todos a una golpearon con los hierros de las lanzas las piedras, de forma que con las chispas que cada cual levantaba, parecía que todo el mundo fuese una hoguera, especialmente porque era el amanecer. Y los franceses, que vieron esto, se maravillaron y preguntaron qué quería decir esto; y los caballeros que había, que ya se habían enfrentado en lances de armas con almogávares en Calabria, les dijeron que era su costumbre, que siempre que entraban en batalla despertaban los hierros de las lanzas. Así que el conde de Brenda, que era uno de los condes de França, dijo:

- Oh Dios! - dijo él -, qué es esto? Con diablos nos enfrentamos, que el que despierta al hierro, es porque tiene la intención de atacar. Y creo que hemos encontrado lo que íbamos buscando.

Y entonces se persignó y se encomendó a Dios, y, en orden de batalla, arremetieron unos contra otros.

Y el conde Galceran y don Blasco no quisieron establecer ni vanguardia ni retaguardia, sino que todos juntos, la caballería por el ala izquierda y los almogávares por la derecha, atacaron la vanguardia enemiga, de tal forma que parecía que todo el mundo se les venía encima. Y la batalla fue muy cruel, y los almogávares dispararon sus dardos de forma endiablada; y en la entrada que hicieron fueron más de cien los franceses de a caballo que cayeron a tierra, quién por muerte del caballero, quién por muerte del caballo. Y luego rompieron las lanzas y empezaron a destripar caballos, y parecía que andaban entre ellos como si fuesen por un hermoso jardín. Y el conde Galceran y don Blasco se fajaron con las señeras de los franceses, de modo que las echaron todas a tierra. Y entonces hubierais podido contemplar lances de armas, y dar y encajar golpes, y nunca con tan poca gente hubo tan gran batalla ni tan cruel; y esto duró hasta la hora de mediodía, sin que nadie pudiese conocer quienes llevaban la mejor parte, salvo por las señeras de los franceses que habían sido todas abatidas, excepto la del conde de Brenda quien la tomó al morir el portaestandarte y se la encomendó a otro caballero. Y cuando los catalanes y aragoneses vieron que tan bravamente se defendían, se alzó un clamor entre ellos, y gritaron: - Aragó! Aragó!-; y entonces aquel nombre les inflamó a todos, y atacaron con tal fuerza, que fue la mayor maravilla del mundo, de forma que de los caballeros franceses no quedaron más que ochenta, que se retiraron a una loma, y entonces el conde Galceran y don Blasco, atacaron al galope entre ellos. ¿Qué os diré? Que todos hicieron honor al nombre que habían traído de França, ya que habiéndose bautizado con el nombre de "los caballeros de la muerte" todos murieron; que de los trescientos, e incluso del resto que iban con ellos, no escaparon más de cinco jinetes ligeros que eran de Catània, e iban con ellos de guías, los cuales huyeron.

Y cuando todos hubieron muerto, la compañía del conde Galceran y de don Blasco, levantaron el campo, y bien podéis decir que ganaron tal botín, que quedaron ricos para siempre todos los que en aquella batalla participaron. E hicieron recuento de cuanta gente habían perdido, y vieron que habían perdido veintidós hombres de a caballo y treinta y cuatro de a pie. Y así, contentos y satisfechos, cuando hubieron levantado el campo, volvieron a Gallano, y atendieron a los heridos. Y la noticia llegó al rey de Sicília que se encontraba en Nicosia (800), lo que le alegró mucho, a él y a todos los que con él estaban. Y cuatro días después de la batalla, el conde Galceran y don Blasco recorrieron Paternò y Adernò, y capturaron a muchos franceses que habían salido de Catània al bosque, para recoger leña y hierbas; y había doscientos caballeros franceses que habían ido para proteger las acémilas, y todos acabaron muertos y cautivos. Y así, en aquellos días, hubo gran duelo en Catània por la muerte de los caballeros de la muerte y los otros; e igualmente sintieron gran dolor el rey Carles y el papa cuando lo supieron, así que el papa dijo:

- Nos pensábamos haber hecho, y nada hemos hecho; que nos parece que la Sicília será defendida igualmente por éste, como ya lo fuera por su padre y su hermano; y aunque es joven, demostrará de qué linaje ha salido. Por lo que creo que al final, si no alcanzamos la paz, nunca conseguiremos más que daños.


NOTAS


797. Catanzaro. Italia.

798. Gagliano Castelferrato. Sicilia.

799. Grito de guerra de los almogávares: Despierta, hierro, despierta.

800. Nicosia. Sicilia.

divendres, 30 de gener del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CXXXIX)

Retirada de les tropes franceses amb la cua entre cames. El cronista s'ensanya amb el cardenal a qui ridiculitza cada cop que hi té ocasió. La veritat és que s'ho ben mereixia.


CXXXIX


Y monsèñer En Felip llamó a sus barones, y estableció una vanguardia (en la que estaba el conde de Foix) de quinientos caballeros armados; y detrás iba él con la oriflama, y con su hermano, y el cuerpo de su padre, y con el cardenal; y con ellos iban mil caballos armados. Y luego iban todas las acémilas, y la gente de a pie; y en la retaguardia iba el resto de la caballería que había quedado, que podían alcanzar los tres mil quinientos caballeros. Y así levantaron el campo de Pujamilot, e iniciaron la marcha hacia la Jonquera.

Y aquel mismo día, el almirante, con todos sus marineros, se encontraba en el desfiladero de Panissars. Y aquella noche sólo Dios conoce qué noche pasaron los franceses, que ni uno solo se quitó los correajes, ni durmió, sino que toda la noche se oyeron llantos y gemidos; que los almogávares, y los peones de mesnada y los marineros, atacaban por los flancos de la hueste, y mataban gentes y rompían cofres; que hubierais oído mayor astillamiento de cofres que si hubieseis estado en un bosque en el que hubiera mil hombres que no hiciesen otra cosa que astillar leña. Del cardenal os puedo decir que desde que partió de Peralada hasta que llegó a Perpinyà, no hizo sino recitar oraciones, ya que temía ser degollado. Y así pasaron aquella noche.

Y a la mañana siguiente el señor rey de Aragó lanzó pregón para que todo el mundo siguiera su señera, y que nadie, bajo pena de muerte, atacase hasta que su señera atacase y sonasen las trompas y las nácaras. De modo que todo el mundo se reunió alrededor de la señera del señor rey. Y cuando el rey de França estuvo preparado, y su vanguardia atravesaba el Pertús, el señor rey de Aragón los dejó pasar, y toda la gente del rey de Aragón gritaban: - Señor, ataquemos! Señor, ataquemos!. Y el señor rey los contenía para que no hiciesen nada. Y tras ellos llegó la oriflama con su sobrino el rey de França, y su hermano, y el cuerpo de su padre, y el cardenal, tal como habéis escuchado que había sido dispuesto, y empezaron a pasar por el mencionado lugar del Pertús. Y del mismo modo las gentes del señor rey de Aragón gritaban a grandes voces: - Señor, vergüenza! Señor, vergüenza! Ataquemos! Ataquemos!-. Y el señor rey aguantó fuerte hasta que hubo pasado el rey de França, y los que iban con él cerca de la oriflama. Y cuando empezaron a pasar las acémilas y las gentes llanas, y la gente del señor rey de Aragón vieron esto, ni siquiera el señor rey los pudo contener; así que un gran grito surgió y se extendió por toda la hueste del señor rey de Aragón: - Ataquemos! Ataquemos!-. Y entonces todo el mundo se lanzó a perseguirles, y vierais rotura de cofres, y destrucción de tiendas, y saqueo de ropa, y de oro, y de monedas de plata, y de vajillas, y de tanta riqueza, que todo el mundo, desde entonces nadó en la riqueza. ¿Qué os diré? Que los que habían pasado antes, bien les valió, que de las acémilas ni de las gentes de a pie, ni de los caballeros de la retaguardia, se salvó nadie, que todos murieron y su ropa fue saqueada. Y cuando comenzaron a atacar, los alaridos fueron tan grandes, que se oían a cuatro leguas de distancia. Y el cardenal, que los escuchó, dijo al rey de França:

- Señor, qué es esto? Todos moriremos!

Dijo el rey de França:

- Tened por cierto que nuestro tío no ha podido contener por más tiempo a su gente, que bastante trabajo ha tenido para dejarnos pasar a nosotros. Que ya lo habéis podido oír; cómo cuando nuestra vanguardia pasó, todo el mundo gritaba: "Señor, ataquemos!", y él los contenía con una azcona montera en la mano; y luego, cuando pasamos, gritaron: "Señor, vergüenza! Ataquemos, ataquemos!", y él todavía se contenía más, y se esforzaba en contenerlos; y en cuanto hubimos pasado nosotros y sus gentes vieron las acémilas, con su carga y ropajes, les ha entrado por los ojos y ya no los ha podido contener. Por lo que tened por seguro que de los que han quedado no podrá escapar nadie. Así que continuemos.

Y cuando hubieron pasado el Pertús, en una elevación que hay sobre la ribera, divisaron al señor rey de Mallorca con su caballería y mucha gente de Rosselló, y de Confleent y de Cerdanya; y estaban en aquel collado con la señera real ondeando. Y el cardenal, que los vio, se acercó al rey de França, y dijo:

- Ah, señor! ¿Qué haremos? Ved al rey de Aragón que viene.

Y el rey de França le dijo:

- No os preocupéis, que aquel es nuestro tío el rey de Mallorca, que sale a acompañarnos, que ya sabemos que de este modo ha sido dispuesto por el rey de Aragó y por el rey de Mallorca.

Y entonces el cardenal sintió gran alegría, pero todavía no se sentía muy seguro. ¿Qué os diré? El rey de França se acercó al rey de Mallorca, y el rey de Mallorca a él, y se besaron y se abrazaron; y luego besó y abrazó a misser Carles, y luego al cardenal. Y el cardenal le dijo:

- Ah, señor rey de Mallorca! ¿Qué será de nosotros? ¿Moriremos ahora?

Y el señor rey de Mallorca, cuando lo vio tan demudado que parecía un moribundo, no pudo evitar sonreír, y le dijo:

- Cardenal, no temáis. Sobre nuestra cabeza, vos os encontráis a salvo y seguro.

Y entonces él se tuvo por asegurado, y nunca en su vida había pasado tanto miedo.

Y empezaron a caminar, y los alaridos que se escuchaban por las montañas, y los gritos de la gente del rey de Aragón, eran tan grandes que parecía que el mundo se acababa. ¿Qué os diré? Con un hermoso trote, allí donde era posible, marcharon hasta haber rebasado la Clusa, y no se tuvieron por seguros hasta que llegaron a es Veló. Y aquella noche acamparon en el Veló el rey de França y toda su compañía; pero el cardenal no paró hasta llegar a Perpinyà. Y no tuvieron que esperar a la retaguardia que habían dejado atrás, ya que las gentes del señor rey de Aragón los habían enviado al paraíso. Y a la mañana siguiente el rey de França, con el cuerpo de su padre, y con su hermano y con el rey de Mallorca, que no los abandonó, llegaron a Perpinyà. Y allí el señor rey de Mallorca atendió durante ocho días a todas sus necesidades; y cada día hacia cantar misas por el rey de França, y todos los días salía procesión para rezar por su alma; y de noche y de día, mientras permanecieron en su tierra, el señor rey de Mallorca, hizo quemar mil hachones grandes de cera. Y tanto honor hizo al cuerpo del rey de França, y a sus hijos, y a todos los que con ellos iban, y al cardenal, que la casa de França debería sentirse siempre muy obligada, y la casa de Roma, lo mismo.

¿Qué os diré? Cuando hubieron pasado ocho días de permanencia en Perpinyà, y se hubieron repuesto, marcharon. Y el señor rey de Mallorca los acompañó hasta que salieron de su tierra, y atendió a sus necesidades; y luego se separó de ellos y regresó a Perpinyà. Y los franceses se marcharon en tal situación, que sólo un diez por ciento se salvó, y el resto todos murieron de enfermedad. Y el cardenal, se marchó tan atemorizado, que no se quitó el miedo del cuerpo hasta que al cabo de muy pocos días murió; y se fue al paraíso con los que había hecho ir antes, gracias a sus sermones. ¿Qué os diré? En tal situación volvieron, que mientras el mundo dure, en Francia, y en todas sus tierras, cada vez que oigan hablar de Catalunya, se acordarán de esto.

Y ahora dejaré de hablar de ellos, y volveré a hablaros del señor rey de Aragón y de su gente.

divendres, 16 de gener del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CXXV)

Les tropes catalanes comencen el seu replegament cap al sud, per tal de defensar Girona.

Els almogàvers, que han quedat encarregats de la defensa de Peralada, -i no és la primera vegada que ho fan en aquesta crònica- senten enveja dels guanys que altres rebran i ells no. De manera que cremen Peralada i la saquegen. Peralada, com Roses, caurà en mans franceses.

Amb amics així, qui necessita enemics?

Temps de necessitat, segons Muntaner, que tot ho excusen. Clar que hi ha que dubtar de la imparcialitat de l'amic cronista. Ell, durant gran part de la seua vida, va ser un dels almogàvers, a qui ara denúncia (després de tot ell era nascut a Peralada), però sense fer massa sang.


CXXV


Y habiendo transcurrido cinco días, todos los condes y ricoshombre y barones dijeron al señor rey que no era bueno que ni él ni el infante N'Anfòs permaneciesen en Peralada, y que era mejor que salieran de allí para dar ánimos a sus tierras; de igual modo, el conde de Empúries y el vizconde de Rocabertí, era conveniente que fueran a fortalecer sus castillos, ya que desde los mismos podrían causar gran daño a sus enemigos; y que En Ramon Folc, vizconde de Cardona, quien se había ofrecido para guardar y defender la ciudad de Gerona, que fuese allí para ordenar y fortificar dicha ciudad; ya que era suficiente con que en Peralada quedasen dos ricoshombre con sus compañías. ¿Qué os diré? Que se dispuso de este modo, y el señor rey quiso que el conde de Pallars y En Guillem d'Anglerola y N'Arnau de Cortsaví y En Dalmau de Castellnou se quedasen en Peralada, mientras que En Gilabert de Castellnou, que era muy joven todavía, no se separó del señor rey. Y bien se pudo decir que en Peralada permanecían cuatro ricoshombre de los mejores caballeros del mundo; y se dispuso después que N'Arnau de Cortsaví y En Dalmau de Castellnou partiesen a fortalecer sus lugares, que bastante había en Peralada con el conde de Pallars y con En Guillem d'Angleola (632). Y así, de madrugada, al clarear el día, el conde de Empuries partió hacia su condado para fortalecer Castelló y otros lugares. Y el vizconde de Cardona fue a Gerona donde entró, desalojando la ciudad de mujeres y de niños; y tomó en su compañía a muchos honrados caballeros que lo estimaban de verdad, y a muchos honrados ciudadanos; y fortificó muy bien la torre de Geronella y toda la ciudad. Y el vizconde de Rocabertí fue a sus castillos para fortificarlos; y el vizconde de Castellnou y en Dalmau de Castellnou otro tanto, y N'Arnau de Cortsaví.

Y cuando todo esto se hubo dispuesto, y todos se hubieron despedido, llorando, del señor rey, el señor rey se preparó para salir al día siguiente, e hizo reunir consejo general en Peralada; y les predicó y les dijo muy buenas palabras, y los reconfortó, y los alegró, y los requirió a obrar bien, y se despidió, y dijo que por la mañana se irían el señor infante, y todos; así que los prohombres de Peralada le dijeron:

- Señor, no temáis por este lugar, ya que el lugar es fuerte y bueno, y bien surtido de provisiones y de gentes, y con la ayuda de Dios haremos todo lo que esté en nuestras manos, de modo que tendremos inmovilizado al rey de França que no podrá seguir adelante; y si lo hace, le destrozaremos los caminos y le quitaremos las recuas de aprovisionamiento.

Y el señor rey les agradeció mucho lo que le habían dicho.

¿Qué os diré? Los almogávares que estaban con el señor rey eran unos cinco mil, y el señor rey había dispuesto que mil de entre ellos permaneciesen en Peralada; de lo cual los almogávares que habían sido elegidos para quedarse se sintieron muy descontentos; ya que pensaban en el botín que los otros conseguirían en los ataques nocturnos contra los franceses, de modo que planearon otra cosa. Y oiréis la gran maldad que hicieron, que cuando llegó la medianoche, y el señor rey y el señor infante habían salido de Peralada y ya se podían encontrar en Vilabertran (633) o en Figueres (634), prendieron fuego a cien casas de Peralada, y gritaron: - Salir! Salir!

¿Qué os diré? Las buenas gentes, hombres y mujeres, que dormían en sus camas, oyeron los vía-fora (635), y vieron arder la villa, cada cual pensó en salvar a su hijo o su hija, y los hombres a su esposa, y a sus hijos. Y los almogávares, empezaron a robar y a saquear. ¿Qué os diré? Toda la villa se quemó y fue saqueada, de tal forma que salvo los muros, no quedaron diez casas en pie. Y fue un gran desastre, ya que Peralada era una villa muy antigua, que, desde que Carles Maines (636) y Rol·lan (637) la conquistasen, nunca había caído en poder de sarracenos; y es cierto que el monasterio de Sent Quirc fue fundado por Carles Maines, y dotado, además de con Peralada, con otras tierras del Peraladès (638), y con el condado de Empúries.

Y mientras el fuego se extendía por la villa, salió toda la gente, sin que quedara nadie, salvo una buena mujer que se llamaba Na (639) Palomera, que acudió ante el altar de santa María, a la que tenía gran devoción, y dijo que allá quería morir; y si tal dijo, bien encontró a quien tanto hizo por su amor. Y aquella noche el rey de França, y todo su ejército, viendo el gran fuego, se asombraron sobre manera, y toda la noche estuvieron sobre sus caballos, alerta. Y cuando llegó el día, vieron quemarse toda la villa, y comprendieron que había sido abandonada, y entraron en ella y apagaron el fuego tal como pudieron. Y las buenas gentes, se lamentaban de cómo tan hermoso lugar había sido quemado; de modo que había dos bandos; los buenos que apagaban el fuego, y los malvados que lo alimentaban. Y llegaron a la iglesia y encontraron aquella buena mujer que tenía abrazada la imagen de madona santa María; y llegaron los malvados picardos (640), que eran la peor gente de la hueste, y despedazaron a la buena mujer sobre el altar; y luego ataron los caballos a los altares, y allí hacían todas sus necesidades, actos por los que Dios los recompensó muy bien, tal como más adelante oiréis.

Y cuando el señor rey de Aragón y el señor infante, y todos los caporales supieron esto, que de esta forma había sido destruida y quemada Peralada, quedaron muy apenados, pero eran tiempos en que otra cosa no se podía hacer. Por lo que, por siempre, sea quien sea el rey de Aragó, se encuentra muy obligado a hacer bien a la villa de Peralada en general, y especialmente a todo el que provenga de ella, y asimismo al señor de Peralada, porque bien sabemos que perdieron todo cuanto tenían en servicio del señor rey de Aragón. Que yo y otros que en aquel momento perdimos gran parte de lo que teníamos, ya no hemos vuelto a habitar allí, sino que hemos ido por el mundo buscando fortuna y sufriendo muchas penalidades y afanes y peligros, y la mayor parte han muerto en las guerras que la casa de Aragón ha entablado.


NOTAS


632. Unas pocas líneas más arriba lo ha citado como Guillem d'Anglerola.

633. Pueblo incluido en el municipio de Figueres.

634. Municipio del Alt Empordà. Girona.

635. Vía fora. Grito de Alerta.

636. Carlomagno.

637. Roldan.

638. Alrededores de Peralada.

639. Se trata del equivalente femenino del tratamiento En. Parece que la etimología de dichas palabras provenga de MossEN y de DoNa. Señor y Señora, respectivamente.

640. Picardos. De la Picardía: región del norte de Francia con capital en Amiens.

dimecres, 19 de novembre del 2008

Crònica de Ramon Muntaner (LXX)

Una altra incursió dels almogàvers. O és que tot el món tenia dret a fer-se ric, i ells no?

Ara que, per assegurar millor els guanys, demanen correria real, o siga, sense impostos (sense quinta). No estava mal pensat, no.

Mort del Comte d'Alençó, nebot de Carles d'Anjou i germà del rei de França.


LXX


¿Qué os diré? Que los marinos que habían embarcado en las galeras, ganaron tanto que fueron ricos para siempre, ellos y los suyos, al menos los que lo supieron guardar bien.

Y cuando los almogávares y los peones de mesnada vieron las grandes ganancias que los hombres de mar habían hecho, sintieron gran envidia. Y los almogávares y los jefes de los peones de mesnada fueron ante el señor rey y le dijeron:

- Señor, ya veis vos que los marinos han ganado mucho, tanto en nombre, como en aprecio, como en dinero, y que la gente cree que nosotros, como vamos mal vestidos, no valemos nada. Por tanto sería justo que nos dierais ocasión de que nosotros pudiéramos ganar también nuestro botín.

Y el señor rey les respondió:

- Cualquier ocasión que podamos daros de ganancia, la haremos con agrado.

- Pues, señor - dijeron ellos -, este es el momento en que nos podríais hacer ricos a todos, al tiempo que os daríamos el mayor honor y provecho que nunca vasallos hiciesen a señor.

Y el señor rey les dijo:

- Veamos de qué se trata.

- Señor - dijeron ellos -, es cierto que el conde de Alençó (416), hermano del rey de França y sobrino del rey Carles, se encuentra en la Gatuna con gran poder de caballería; y si a vos os pluguiera, podríais hacer tocar inmediatamente las trompetas para que las galeras embarcasen, e inmediatamente, señor, embarcarían, que gran alegría sienten los marinos cuando no están mano sobre mano. Y tan pronto como hayan embarcado, subiremos en las galeras, y cuando hayamos dormido un rato, en cuanto sea medianoche, las galeras podrían desembarcarnos en la playa de la Gatuna, a poniente, y de este modo las galeras podrían hacer dos viajes antes del alba. Y cuando estemos allá, por la mañana, al alba, si a Dios place, atacaremos el ejército enemigo, y haremos tal hazaña que Dios y vos, señor y todos los que os aprecian, sentirán gran placer y alegría, y nosotros quedaremos acomodados y ricos para siempre. Sin embargo, señor, os solicitamos la merced de que la correría sea real, de modo que no tengamos que entregar ni quinta ni nada; y mucho os alegraréis, señor. Que estamos seguros de que mañana será el día en que tomaremos tal venganza del rey Manfrèn y de sus hermanos, que vos y los vuestros quedaréis contentos para siempre. Ya que estaréis de acuerdo, señor, que si matamos al conde de Alençó y a tantos hombres buenos de França y de otras partes que con él están, habremos realizado santa venganza.

Y el señor rey les respondió alegremente, y les dijo:

- Estoy muy contento de todo lo que habéis planeado, así que consiento en que se haga. Y sed buenos y valientes, y actuad de forma que os lo tengamos que agradecer para siempre. Ya que ciertamente, si os comportáis cuerdamente desde el momento en que os hayan desembarcado las galeras hasta que la siguiente barcaza haya llegado, cuando les ataquéis al alba, todo lo que habéis planeado se cumplirá.

- Señor - dijeron ellos -, persignadnos y bendecidnos y dejadnos ir; y haced sonar la trompeta, y contad al almirante todo lo planeado, para que disponga dos leños armados en rueda, de modo que ellos no puedan alertar a nadie.

Y el rey les dijo:

- Ahora sed persignados y bendecidos de la mano de Dios y de la nuestra. E id con buena ventura y con el apoyo de Dios y de su bendita Madre, quienes os defiendan de todo mal y os den la victoria.

Y después de esto, le besaron los pies y se marcharon.

Y el señor rey hizo venir al almirante, y le ordenó que preparase las galeras, y le explicó todo el plan. Y el almirante inmediatamente cumplió lo que el señor rey le había ordenado. ¿Qué más palabras necesitáis? Que tal como se había dispuesto ante el señor rey se cumplió; y las galeras hicieron dos viajes cargadas de almogávares y de peones de mesnada hasta la hora de maitines, y todavía regresaron a por una tercera carga. Y tanta gente había en Sant Reiner de Messina dispuesta a pasar a la Gatuna, que procedían a embarcar como si se tratara de ir a un baile al que hubieran sido invitados; pero no había demasiado de qué alegrarse. Y cuando ya no pudieron subir a las galeras, subían a las otras barcas, en tal cantidad, que faltaba poco para hundirlas, y más de tres barcas se perdieron, puesto que tanta cantidad de gente embarcaba en ellas que las hacían zozobrar.

Y cuando las galeras y muchas barcas hubieron hecho dos viajes, y empezó a asomar el alba, se acercaron silenciosamente a la villa de la Gatuna, y eligieron algunos mandos de compañía con el encargo exclusivo de ir al albergue mayor de la Gatuna donde se alojaba el conde de Alençó, y otros habían de entrar en la villa, y otros debían atacar las tiendas y barracas que había en las afueras, ya que todos no cabían en la villa. Y tal como se había planeado, así se ejecutó.

¿Qué os diré? En cuanto amaneció, cada cual atacó por donde le correspondía; y sonaron las trompas de los almogávares y de los jefes de los peones de mesnada, y atacaron todos a una. Y no me preguntéis cómo ni en qué manera, puesto que nunca nadie atacó con más fiereza que ellos. Y los de la hueste del conde de Alençó se levantaron, sin saber qué había ocurrido, y los almogávares y los peones atacaron entre ellos, de modo que ni uno sólo pudo escapar.

Y aquellos a los que se había ordenado que fuesen a la posada del conde de Alençó, fueron y atacaron reciamente. Y cierto es que encontraron gran resistencia, ya que había trescientos caballeros de a pie, armados, que protegían al conde. ¿Pero de qué les valió? Enseguida fueron despedazados, y encontraron al conde que se estaba vistiendo; y a la puerta de la habitación había diez caballeros que no dejaban entrar a nadie. ¿Qué os diré? Los almogávares subieron a la habitación e intentaron abrirla; y los caballeros gritaron:

- No sea! No sea! Que aquí está el conde de Alençó! Capturadlo con vida, y el os dará más de quince mil marcos de plata.

Pero los almogávares gritaron:

- Nunca serán pesados! Puesto que debe morir, en venganza de las muertes que por culpa del rey Carles ha habido.

¿Qué os diré? Los diez caballeros murieron a la puerta de la habitación, como buenos y valientes, y el conde de Alençó fue despedazado.

Y mientras había gran batalla, regresaron las galeras y muchas otras barcas con otra expedición. Y podríais ver desembarcar más gente y hacer mortandad entre los franceses; que de aquella hueste, la mayor parte eran franceses, ya que estaban con el hermano del rey de França. ¿Qué os diré? Que antes de la tercia, los hubieron matado o capturado a todos.

Y llegó la alarma a Rèjol. Y el rey Carles, cuando se enteró, creyó que el rey de Aragó había pasado; e hizo armar a toda su gente, y permaneció en la ciudad de Rèjol, listo para defenderse a sí mismo y a la ciudad, sin saber cuál era la verdad. Y ocurría que nadie de la ciudad se atrevía a salir; y mientras tanto los almogávares y los peones de mesnada se embarcaron en las galeras y barcas; que tantas llegaron desde Messina que en un solo viaje los transportaron a todos, con tanto tesoro de oro y de plata, en vajillas y en cintos, y en espadas, y en florines, y en moneda de oro y de plata, y en telas, y en caballos, y mulos, y mulas, y palafrenes y arneses de caballeros, y tiendas, y ropas de vestir y de cama, que infinito sería el contarlo. ¿Qué os diré? Que nunca se pudo contar que en ninguna batalla que hubiese habido nunca, tanto se ganase ni en riqueza ni en animales. ¿Qué más os podría contar de esta hazaña? El que menos ganó, lo hizo sin medida y sin fin. Y bien se vio en Messina, que se gastaban más florines que antes céntimos; porque Messina se enriqueció hasta tal punto, que nunca más fueron pobres.

Ahora dejaré de hablar de este hecho, del que el señor rey quedó muy contento. Y buenos motivos tenía para estarlo por muchas razones; entre otras ésta; que los sicilianos apreciaban a cada uno de sus hombres más que a seis caballeros de las otras gentes; y adquirieron tal coraje, que sólo con que hubiese diez catalanes entre cincuenta sicilianos, ya no temían ser derrotados por doscientos hombres de otros países.


NOTAS


416. Parece que se trata de Pedro conde de Alençon, hijo de Luis IX el Santo. Por tanto hermano del rey de Francia, Felipe III el atrevido y sobrino de Carlos II de Anjou. Aunque, según leo en la Wikipedia, muere en 1284 mientras que todavía estamos a finales de 1282, o principios de 1283. Casi que me fío más de este cronista.

dissabte, 15 de novembre del 2008

Crònica de Ramon Muntaner (LXVI)

Continua Muntaner narrant-nos la batalla de Messina, i la fugida de les tropes de Carles a Reggio-Calàbria.


LXVI


Cuando el rey Carles se escabulló del sitio de Messina, que se levantó al primer sueño de la noche, se instaló en la Gatuna, ya que es la tierra más cercana a Calabria, desde Messina, que de Messina a la Gatuna no hay más de seis millas. Y esto hizo para que las galeras y las barcas hiciesen muchos viajes en la noche: sin embargo no pudieron hacer tantos viajes, como para impedir que mucha gente, tanto de a caballo como de a pie, quedasen al alba en Sicilia, todos los cuales murieron a manos de los dos mil almogávares que había en Messina. Y quiero que sepáis además que ninguna tienda, ni vino, ni viandas, ni nada que hubiera en la hueste, se pudieron llevar; que sabed que mientras los almogávares no pensaban más que en las gentes del rey Carles que habían permanecido en tierra, los de Messina se afanaban en recoger la ropa de las tiendas. Sin embargo los almogávares se afanaban en matarlos prontamente, de forma que todavía consiguieron parte de las telas que había en las tiendas. Sin embargo habían obtenido tanto botín de los que habían matado, que no era posible contarlo; y ya podéis imaginar que cuando uno huye y se quiere poner a salvo, no deja oro ni plata, sino que quiere llevárselo consigo. De modo que aquellos que los mataban lo conseguían todo; y así todos ganaron lo indecible.

Sin embargo podéis calcular cuanto poder tenía el ejército del rey Carles que estaba sitiando Messina: que había más de ciento veinte galeras, y un sinfín de leños armados, y barcas armadas, y barcas de ribera, que pasaban seis caballos de una vez cada una; y sin embargo en toda la noche no pudieron pasar a toda la gente; y era en el mes de septiembre, cuando la noche es tan larga como el día, y el trayecto es tan corto como ya os he dicho, de seis millas. Y para que todos entiendan esto, aunque no sepan cuanto son seis millas, quiero que sepan que dista tan poco la tierra de Sant Reiner de Messina del hoyo de la Gatuna, que de una parte a otra veríais un hombre a caballo y sabríais si se dirige a levante o a poniente; para que veáis cuan cerca está, y cuanta gente había, que a pesar de tanto navío no pudieron pasar en una noche.

Por lo que las gentes del mundo critican al rey Carles por no haber querido esperar a la batalla con el señor rey de Aragó, pero aquellos que saben dicen que ningún señor del mundo obró más sabiamente que el rey Carles, por los motivos que ya os he dicho, su temor a la traición de los que con él iban. Por otra parte, conocía el coraje del rey En Pere, que era el mejor caballero del mundo, y que traía consigo a sus buenos caballeros de su tierra, que ni el rey Artús los tenía en la Tabla Redonda, y gentes de a pie, más de treinta mil de su tierra, que cada uno valía por un caballero. Y de este modo, meditando esto, obró muy sabiamente ateniéndose a lo seguro, que él sabía que tan grande era su ejército, que en poco tiempo pensaba recobrarlo todo. ¿Qué os diría? Que ciertamente eligió lo mejor, que si se hubiese quedado, hubiera sido muerto y derrotado, ya que Dios estaba al lado del señor rey de Aragó y de sus gentes y por esto lo había conducido hasta aquel lugar.

divendres, 14 de novembre del 2008

Crònica de Ramon Muntaner (LXV)

Carles d'Anjou, sabent que Pere d'Aragó avança cap a Messina, fuig i passa amb les seues tropes a Calàbria.

Segona escabetxina dels almogàvers amb els francesos que no han pogut fugir a temps.


LXV


Y llegó aquella noche un mensajero al rey Carles con la noticia de que el rey de Aragón acudía con todo el ejército de Sicilia y con todo su ejército por mar y por tierra, y que ya se encontraba a cuarenta millas. Y el rey Carles cuando oyó esto, y era muy sabio señor de hechos de armas y de cualquier hecho, pensó que si el rey de Aragón venía, era imposible que viniese sin que algunos de su hueste lo supiesen, y del mismo modo que habían traicionado al rey Manfré, igualmente lo podrían traicionar. Y aparte de esto, tenía miedo que la tierra de Calabria se rebelase, por lo que aquella noche decidió embarcarse y pasar a Rèjol (402). Y al zarpar al alba, vieron los de Messina que se habían marchado aunque todavía quedaban muchos.

Y los almogávares cargaron contra ellos, y todos cuantos habían permanecido en tierra, de a pie y de a caballo, murieron. Y después cargaron contra las tiendas, y ganaron tanto que Messina fue rica para siempre; y los almogávares no es preciso decirlo, que manejaban los florines igual que uno manejaría la calderilla. Y enseguida fueron contra las atarazanas en Sant Salvador, donde había más de ciento cincuenta entre galeras y taridas en el varadero que el rey Carles estaba haciendo construir para su expedición a Romanía, tal como antes os he contado. Y las incendiaron todas, y el fuego fue tan grande que parecía que todo el mundo ardía. De lo que el rey Carles sintió gran dolor, ya que él lo contemplaba todo desde Gatuna (403), donde se encontraba.

¿Qué os diré? Que llegaron mensajeros al señor rey de Aragón y de Sicilia y lo encontraron con las huestes a treinta millas de Messina y le narraron todo lo ocurrido tal como había sucedido, de lo que el señor rey quedó muy descontento, ya que de todas todas él quería combatir con el rey Carles, y con aquella ilusión venía él y sus gentes; pero sin embargo pensó que todo era obra de Dios, y que Dios sabía lo que era mejor para él.

Y así entró en Messina. Y si se le había hecho fiesta en Palerm, mucho mayor fue en Messina, de forma que la fiesta duró más de quince días. Sin embargo aunque se hiciese fiesta, el señor rey pensaba en sus asuntos. Y al día siguiente al que el señor rey entrara en Messina, veintidós galeras de las suyas entraron bien armadas.

Ahora os hablaré del rey Carles, y dejaré al señor rey de Aragón.


NOTAS


402. Reggio di Calabria.

403. La Catona.

dijous, 13 de novembre del 2008

Crònica de Ramon Muntaner (LXIV)

Avui assistim a la primera entrada en combat dels almogàvers en aquest llibre. A partir d'ara ja seran contínues, no oblidem que l'autor n'era un d'ells.

Encara que sembla exagerat, dos mil en maten deu mil, una bona degollina, déu n'hi do.

Atents a la reacció dels messinencs, de primeres menyspreu, "esparracats, sense armes sofisticades" i quan tot ja s'ha acabat, admiració i festa.


LXIV


Cuando los almogávares hubieron entrado en Messina (que entraron de noche), no me preguntéis la alegría y el consuelo que hubo por toda la ciudad. Sin embargo a la mañana siguiente, al alba, se prepararon para atacar a la hueste, y las gentes de Messina, que los vieron tan mal vestidos y con las polainas en las piernas y las abarcas a los pies, y las gorras de red en la cabeza, dijeron:

- Ah Dios! qué desilusión! ¿Qué gente es ésta que van desnudos y sin ropa, y no visten más que una camisa y no traen adarga ni escudo? No podemos confiar. Y si así son ellos, el rey de Aragón será otro tanto.

Y los almogávares que los oyeron murmurar dijeron:

- Hoy será el día que os mostraremos quiénes somos.

E hicieron abrir un portal y atacaron la hueste en tal forma, que antes de que los reconociesen, hicieron tal carnicería que fue un portento. De modo que el rey Carles creyó, y con él los de la hueste, que el propio rey de Aragó se encontrase personalmente entre ellos; y antes de que fuesen reconocidos hubo más de diez mil personas muertas. Y después, con toda la exquisita ropa que encontraron, entraron en la ciudad salvos y seguros.

Y cuando las gentes de Messina vieron las grandes hazañas que esta gente hizo aquel día, los apreciaron a cada uno más que a dos caballeros y les dieron mucho honor y placer, tanto los hombres como las mujeres. Y quedaron tan reconfortados, que aquella noche hicieron tales luminarias y tal fiesta que toda la hueste estaba asustada y con gran temor y dolor.