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1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children

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Charles Darwin quotation

Ignorance more frequently begets confidence than does knowledge: it is those who know little, and not those who know much, who so positively assert that this or that problem will never be solved by science

Jean-Baptiste Colbert quotation

L'art de l'imposition consiste à plumer l'oie pour obtenir le plus possible de plumes avec le moins possible de cris

Somebody quotation

El miedo es la via perfecta hacia el lado oscuro. El miedo lleva a Windows, Windows a la desesperacion, esta al odio hacia Bill Gates y ese odio lleva a LINUX

Vares Velles

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Al Tall

Això és Espanya (vara seguidilla) per Al Tall

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dilluns, 29 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXXIX)

Any 1326. Capitulació de Cagliari. Nou tractat amb la República de Pisa, que rendeix el castell de Cagliari i adquireix el dret a comerciar per tota Sardenya.


CCLXXXIX


Cierto es que cuando el señor rey de Aragó y el señor infante N'Anfòs vieron que los pisanos se confabulaban malvada e inicuamente, tanto como podían, con el fin de obtener ayuda de muchas partes con la que poder romper el asedio del castillo de Càller, el señor rey y el señor infante empezaron a arbolar (1125) galeras y taridas, y ordenaron que todos los días saliesen caballeros y peones hacia Sardenya, y además, el señor rey de Mallorca, en cuanto el matrimonio fue firmado, hizo armar seis galeras en Mallorca y dos naves, que envió al castillo de Bonaire con gran tripulación en ayuda del señor rey de Aragón. Y asimismo acudieron muchas naves y leños de Catalunya, todos ellos repletos de buena gente de armas; de modo que en pocos días el señor rey y el señor infante habían enviado tanta caballería y tanta gente y tantas galeras, que los de dentro del castillo de Càller se tuvieron por muertos, y enviaron a decir a la república de Pisa que los socorriesen, ya que si no lo hacían, no podrían resistir más.

Y los pisanos, conociendo el gran ejército que el señor rey de Aragón había enviado, dieron su batalla por perdida, y pensaron que ya no podrían socorrer de allí en adelante al castillo de Càller, e incluso que ya se conformarían con que el señor rey de Aragó los dejase vivir tranquilos en su ciudad de Pisa. Y así, enviaron embajadores con poderes suficientes al señor rey de Aragó, los cuales acudieron a Barcelona, donde encontraron al señor rey; y muy humildemente suplicaron al señor rey y al señor infante que tuviese a bien perdonarles de todo lo que habían hecho contra ellos, y que le rendirían el castillo de Càller y todo lo que poseían en la isla de Sardenya. Y el señor rey y el señor infante, movidos a piedad, tal como ellos y sus antepasados siempre han estado y están llenos de caridad y misericordia, los perdonaron y firmaron la paz con ellos, para que le rindiesen inmediata e incondicionalmente el castillo de Càller y todo lo que poseían en Sardenya. Y el señor rey les concedió la gracia de que pudiesen mercadear a salvo y con seguridad por toda Sardenya, y por el resto de sus tierras, aunque pagando ellos, a su propia costa, los peajes y los impuestos y los derechos que hubiere en vigor, y hayan sido dispuestos o lo fueren en el futuro, por el señor rey; y además que puedan tener cónsules y lonjas en las ciudades del señor rey, tal como los catalanes los tienen y las tendrán en la ciudad de Pisa. Y así, se firmó esta paz, con gran alegría de los pisanos, ya que habían encontrado merced en el señor rey y en el señor infante; y regresaron para rendir al señor rey, y en su nombre a los caballeros que el señor rey dispuso el castillo de Càller; y además a entregar el resto de plazas que todavía mantenían en Sardenya.


NOTAS


1125. Arbolar. Poner los árboles (palos) a una embarcación. Por extensión construir embarcaciones.

dissabte, 27 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXXVII)

Cagliari i el seu raval Estampace s'han convertit en un gra al cul pels catalans que viuen a Bonaria. Destrucció de Estampace i enduriment del setge sobre Cagliari.


CCLXXXVII


Y tal como lo habían dispuesto así lo hicieron; que al amanecer todos se encontraban alrededor de las murallas, pegados al muro de tal modo que no había peligro de que nada malo les sucediera; y los marineros llegaron a la Llapola, y la batalla fue muy dura, ya que los de dentro se defendían muy fuertemente, y lo tenían todo bien preparado, que no carecían de nada de lo necesario para la defensa. ¿Queréis más detalles? Los marineros derribaron el muro por la fuerza de las armas y empezaron a entrar. Y cuando los de Estampatx se vieron invadidos, acudieron todos allí, y los hombres de a caballo se acercaron a las murallas y empezaron a invadirles. ¿Qué os diré? Que las señeras del noble En Carròs y del noble En Ramon de Peralta empezaron a entrar en Estampatx, y en ese momento se vio la batalla más cruel y felona. Y aunque los de Estampatx, una gran parte de los cuales eran del castillo que habían bajado allí, hicieron un gran esfuerzo por el dolor que tenían de ver morir a sus mujeres y a sus hijos, y se esforzaron sobremanera; nuestro señor verdadero Dios que les quería castigar por sus maldades, les envió la derrota, y ni uno solo quedó con vida, ni sus mujeres, ni sus hijos; y allí mismo murió el capitán y el castellano del castillo con gran parte de sus soldados. Y los catalanes podrían haber entrado en el castillo en aquel momento, pero los que se encontraban dentro viendo la gran mortaldad de su gente y su destrucción empezaron a cerrar las puertas, y a emparedarlas a cal y canto. Y una vez los catalanes hubieron matado a toda aquella gente, empezaron a saquear la ropa que había en la villa, de la que había muchísima, de forma que consiguieron tanto botín, que los que participaron en aquella batalla siempre serán ricos.

Y una vez hecho esto, al día siguiente regresaron todos, y derribaron todos los muros y las casas, y lo asolaron todo. Y dispusieron los nobles que todo el mundo cogiera piedra y madera a voluntad, y que lo llevasen a Bonaire; y todo el mundo empezó a acarrear lo que podía, quién con barcas, quién en carros, y lo llevaron todo a Bonaire, donde edificaron y erigieron buenos albergues. Y decidieron derribar la iglesia de los frailes menores, que era muy rica, y trasladarla a Bonaire, en honor de sant Francesc, y allí construyeron el convento de los frailes; y decidieron que de entonces en adelante no hubiese en dicho convento más que frailes catalanes, y que fuesen una provincia independiente, y que, asimismo, fuesen catalanes todos los de las órdenes establecidas en Sardenya y Còrsega.

Y así, señores que este libro oiréis, temed siempre en vuestro corazón el poder de Dios, que ya podéis ver sin ninguna duda como nuestro señor verdadero Dios tomó venganza en el plazo de un año sobre aquellas malvadas gentes que con falsedad y deslealtad habían retomado la guerra contra el señor rey de Aragón, el cual, benigna y piadosamente había firmado la paz con ellos; y también como ha tomado venganza de esta plaza de Estampatx, que estaba poblada de las más malvadas gentes del mundo y de las más pecadoras, que no hay pecado que imaginarse pueda, que allí no se cometiese, de modo que su hedor ascendía ante la presencia de Dios. Y si me preguntáis: "En Muntaner, ¿qué pecados son los que allí se perpetraban?", yo os contestaré que el orgullo y la soberbia, y el pecado de lujuria en todas su formas, de modo que Dios ha consentido tal destrucción como la que realizó en Sodoma y en Gomorra, que todo lo quemó con su fuego, y lo abatió. Y por otra parte siempre estaba presente la usura. Y en cuanto al pecado de la gula, más que en ningún otro lugar del mundo. Y además, aquel lugar abastecía de hierro, y de acero, y de madera, y de toda clase de provisiones a la Barbaría; de lo que provenía gran daño para la cristiandad. Y por otra parte, todo corsario y ladrón era bienvenido, sin considerar a quien había robado y dañado. Y aquel lugar era el centro de todos los tahúres de juego; y tantas maldades se cometían, que uno no podría escribirlas todas. Por lo que podéis ver como nuestro señor verdadero Dios (¡bendito sea!) tomó venganza en pocas horas. Y está loco quien no siente miedo ni temor de Dios; que nuestro señor verdadero Dios soporta muchas cosas, pero de cuando en cuando conviene que la justicia de Dios actúe sobre los malvados, ya que de no ser así, los buenos no podrían sobrevivir en este mundo.

Y de aquí en adelante dejaré de hablaros del castillo de Càller, que se encuentra asediado, y de los de dentro que se han emparedado; y dejaré de hablaros de Estampatx (1121), que ha sido completamente quemado, saqueado y asolado; y volveré a hablaros del señor rey de Aragó, y del señor infante N'Anfòs y del señor rey de Mallorca.


NOTAS


1121. Actualmente el barrio de Estampace en Cagliari.

divendres, 26 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXXVI)

Any 1826, l'infant Alfons, el futur Alfons IV, ha donat per finalitzada la guerra a Sardenya, amb el pacte que ja ens havia explicat al capítol 279, i que ara ens torna a recordar per fer-nos avinent la responsabilitat dels republicans en la continuació de la guerra a Sardenya.


CCLXXXVI


Y al cabo de cuatro días de esto, las galeras de los genoveses y de los pisanos regresaron con gran dolor, y encontraron una nave de catalanes en la que iba el noble En Ramon de Peralta, con sesenta caballeros que el señor rey de Aragón enviaba a Sardenya; y otra nave, en la que viajaban cuarenta y ocho caballeros a las órdenes asimismo de En Ramon de Peralta, iba unas diez millas más adelante. Y así tuvieron su oportunidad al topar con el noble En Ramon de Peralta, y le atacaron dieciséis veces, aunque no pudieron conseguir nada, sino que encima perdieron trescientos genoveses, que murieron, y tuvieron muchos heridos. De tal modo se separaron de la nave, tan dolidos, que nunca oiréis hablar de ello, si no es con tristeza.

Y podéis entender qué milagro ha obrado Dios, puesto que el almirante En Carròs no perdió sino tres hombres en todas estas batallas, y En Ramon de Peralta no perdió de su nave más que un caballero salvaje (1117). Por lo que todos debe esforzarse en ir con lealtad; que quien con lealtad vaya, Dios estará con él; y quien vaya con deslealtad, Dios lo confundirá y lo guiará a su destrucción. Que todos los días se puede observar, y es un milagro evidente de cada día, que en este mundo Dios es el señor de la venganza; y lo podéis conocer ahora con el asunto de los pisanos. Que el señor infante N'Anfòs (1118) hizo la paz con ellos en el modo que antes habéis oído; y de ningún modo el señor infante N'Anfòs, ni los suyos, hubiera ido contra lo que les había prometido, y con aquella intención hizo la paz con ellos, y partió de Sardenya, y regresó a Catalunya, pensando que de entonces en adelante, no debía temer a los pisanos, ya que se encontraba en paz con ellos. Y los malvados pisanos, toda la paz que firmaron, fue un gran engaño, para que el señor infante regresase a Catalunya, y en cuanto estuviese lejos, imaginaban que podrían derrotar enseguida a los catalanes que habían quedado.

Y que esto es la verdad, comenzaron enseguida a manifestarlo, ya que inmediatamente empezaron a dotar con muchas provisiones el castillo de Càller, e hicieron grandes obras, para fortificar las murallas con contramurallas, e hicieron acudir muchos soldados de a caballo y de a pie, y fortificaron bien el castillo de Càller. Y una vez hecho todo esto, empezaron a romper todos los pactos que con el señor infante tenían, y todas las paces. ¿Qué os podría contar? Que si encontraban un catalán solitario, lo degollaban inmediatamente; así que en poco tiempo, antes de que los catalanes se hubiesen apercibido, a setenta de ellos habían asesinado y echado a un pozo. E igualmente empezaron a armar barcas, y con ellas, si una barca salía del castillo de Bonaire, iban contra ella, y la capturaban, o la hundían. Y así podéis ver cuanto se puede uno fiar de ellos, y que nunca se puede encontrar en ellos fe ni verdad; por lo que nuestro señor verdadero Dios los va destruyendo por sus malas acciones. De modo que ellos han ido fabricando los azotes con los que a sí mismos se flagelarán, y han conseguido que la guerra les vaya de mal en peor, y ya veis lo que hasta ahora les ha sucedido, y a tiempo estáis de ver lo que todavía les sucederá.

Que cuando hubieron combatido a este ricohombre, En Ramon de Peralta, se marcharon apenados, mientras que el mencionado ricohombre, alegre y satisfecho, tomó tierra con ambas naves en el castillo de Bonaire, y desembarcó la caballería que traía, y la peonada; y fueron bien recibidos por el almirante y por todos los de Bonaire, y se les hizo gran fiesta. Y al cabo de pocos días el almirante y el noble En Ramon de Peralta llegaron al acuerdo de que la caballería por tierra, y la peonada y la armada por mar, con los hombres de mar, irían a invadir Estampatx, que es la villa de Càller, la cual ella sola (1119) se encuentra bien amurallada y defendida; que todos los pollinos (1120) se encontraban en Estampatx con sus mujeres y sus hijos, ya que en el castillo de Càller no quedaban más que soldados.


NOTAS


1117. En la época relatada por esta crónica, los caballeros salvajes eran una especie de juglares al servicio de los reyes.

1118. El infante Alfons, futuro rey Alfons IV el Benigne


1119. Cuando habla de Cáller se refiere al castillo de Cagliari, mientras que Estampatx es el pueblo extramuros del Castillo.

1120. Recordemos que pollino tiene aquí el sentido de hijo de pisano y sarda

dijous, 25 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXXV)

Nadal de 1325, batalla naval al golf de Cagliari entre els catalans de Bonaire que setgen Cagliari i els genovesos i pisans que volen introduir queviures a la plaça sitiada.


CCLXXXV


Tras partir la flota de Pisa, perdieron una galera en las inmediaciones de Busnaire (1112), la cual embarrancó y de cuyo naufragio escaparon vivos ochenta hombres. Y el juez de Arborea, al saberlo, envió las tropas allá donde la galera había quedado varada, y capturaron a los ochenta hombres, y con una cuerda al cuello los envió a Bonaire, al almirante, quien inmediatamente les hizo poner buenos grilletes, y los empleó también en la construcción de la muralla y el foso de Bonaire. Y del mismo modo, en aquellos días, otra galera de genoveses de Saona, que retornaba de Flandes, debido a una tormenta embarrancó en la isla de Sant Pere (1113) y se hundió, y sobrevivieron ciento cincuenta personas; y el almirante que lo supo capturó a los ciento cincuenta, e hizo con ellos lo mismo que había hecho con los otros.

¿Qué os diré? Que el día de Navidad del año mil trescientos veinticinco, las veintidós galeras genovesas y las cinco pisanas, y seis naves entre leños armados y saetías, llegaron frente a Càller, y el resto de la flota lo habían dejado en Bonifaci (1114). Y habían llegado de forma apresurada, con el intento de atravesar la empalizada de Càller, y pasar las provisiones que traían; pero el almirante había protegido de tal modo la entrada, que nada podía entrar sin su consentimiento. Y así, aquel día de Navidad se encontraban las naves y los leños frente al puerto y toda la flota de los catalanes, y hubo combates todo el día; y el día de sant Esteve (1115), intentaron atacar la flota por el ala, pero sufrieron gran daño, y no pudieron conseguir nada; y al día siguiente, día de sant Joan, lo intentaron por el ala contraria de la flota, pero nada consiguieron tampoco, sino que del mismo modo sufrieron grandes pérdidas; y el día de los Inocentes fueron a Caboterra, y achicaron agua, y regresaron para combatir por un ala de la flota. Y todos estos intentos los realizaban con diez galeras ligeras para que el almirante saliera en su persecución con sus galeras, de modo que cuando abandonara la formación para perseguir las diez galeras (que no lo temían ya que podían escapar a remo) el resto de su flota podría atravesar la empalizada; y de este modo pensaban introducir el socorro en Càller. Pero el almirante bien sabía lo que pretendían, por lo que no se movió de la formación. Y así, el día de Navidad, que era miércoles, y el jueves, y el viernes, y el sábado se mantuvieron en estos ataques; y al domingo siguiente, el almirante hizo que su compañía almorzara temprano, y ordenó que todo el mundo que había en las galeras, que eran dieciocho si descontamos las de doble castillo, se armase y se preparase; e hizo pregonar por todas sus galeras que de entrar en combate, la batalla sería real, y el botín que se obtendría sería de cada uno, salvo los prisioneros y las galeras que serían del señor rey; y que él estaba decidido, si se presentaba la oportunidad, a salirles a batalla. Y así estuvo listo para el combate.

Y una vez todo esto hecho y dispuesto, las galeras de los genoveses y las de los pisanos arribaron dispuestas a la batalla, y al frente de las mismas iban cinco galeras genovesas y dos pisanas, e iban unidas todas ellas, al mando del almirante En Gaspar Dòria; y el resto de las galeras iban a popa. Y las siete galeras se acercaron tanto a las del almirante En Carròs, que sus proas quedaron a tiro de flecha. Y cundo el almirante vio que las siete galeras se encontraban tan cerca, ordenó a sus galeras corriendo la voz boca a boca, que, sin hacer el más mínimo ruído y sigilosamente, soltasen las maromas de las anclas al mar para que si levaban anclas, pudieran zarpar inmediatamente, de modo que con veinte remos navegaran más que las otra con ciento cincuenta. Y así, cada cual, silenciosamente, dejó caer la gúmena (1116) al mar, tan silenciosamente que ni los genoveses ni los pisanos se dieron cuenta; y acto seguido bogaron, de modo que antes de que las siete galeras pudiesen haber rolado en redondo, el almirante les cayó encima, y las abordó, y así mataron a más de mil cien personas; muriendo todo aquel que se encontraba sobre cubierta, y bajo cubierta consiguieron esconderse cuatrocientos genoveses y doscientos pisanos. Y de este modo el almirante capturó las siete galeras, y toda su tripulación fue muerta o capturada. Y el resto de las galeras dio la vuelta en redondo y empezaron a huir. Y En Gaspar Dòria demostrando su valentía, en medio de la batalla, con una barquita que tenía a popa, huyó, y subió a una galera que tenía a popa, que era de un hermano suyo. Y cuando las siete galeras hubieron sido capturadas, el almirante fue tras las otras, pero no era cosa fácil, y no las pudo alcanzar; y así, de todos modos, regresó alegre y satisfecho con los suyos. Y todo el mundo ganó tanto botín, que todos se enriquecieron, y nunca se le quitó a nadie nada de lo que había ganado.

Y cuando los genoveses se encontraban lejos, enviaron una galera al almirante, con un mensajero, y le rogaron que le pluguiese que su embajador pudiese visitar a los prisioneros, para saber cuantos habían muerto y cuantos habían escapado. Y el almirante se lo otorgó, y los pudieron ver a todos. Y habían escapado vivos cuatrocientos trece genoveses y doscientos pisanos, que se habían escondido bajo cubierta, como antes os he dicho. Y cuando los hubieron anotado a todos, quisieron entregar como rescate de los genoveses capturados, todas las provisiones y armas y todo lo que llevaban en las galeras que habían escapado; y el almirante les dijo que no les entregaría ni al más débil, puesto que tenían que ayudar a construir el foso y la muralla de Bonaire. Y así se marcharon con gran dolor. Y ved qué fruto obtuvieron, con sus maldades, de la alianza que habían hecho con los pisanos, que uno pensaba engañar al otro, y llegó el almirante del señor rey de Aragón, y los devoró y los separó.


NOTAS


1112. Seguramente Bonaire

1113. Isola de San Pietro

1114. Bonifacio. Al sur de Córcega

1115. San Esteban. Veintiséis de Diciembre

1116. Gúmena. Maroma gruesa que sirve en las embarcaciones para atar las áncoras y para otros usos.

dimarts, 16 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXVI)

Els de Cagliari fan un nou intent per trencar el setge al que els catalans els tenen sotmesos. La batalla es salda amb un nou fracàs.

Els aliats pisans comencen ja a pensar en el pacte.


CCLXXVI


Y cuando los de Càller vieron muerto al conde Ner, y se vieron en tales estrecheces, un día a la hora de mediodía, que hacía gran calor, y era sábado, y los del castillo de Bonaire dormían y comían, tanto el señor infante como el resto del ejército, armaron sus caballos, y se prepararon los de a caballo y los de a pie, y salieron, sin que los del sitio los vieran. Que los primeros que los avistaron fueron pescadores catalanes, que los vieron bajar del castillo de Càller, y comenzaron a gritar:

- Via fora! A las armas! A las armas!

De modo que el señor infante, que lo oyó, y dormía semiarmado, se anudó el casco de hierro y se puso el escudo; y él siempre tenía listos y ensillados dos caballos, y enseguida montó en uno de ellos. Y el primero que acudió a la puerta del sitio fue él, e inmediatamente hubo con él más de dos mil infantes, entre almogávares y peones de mesnada, y marinos; y del mismo modo acudieron los caballeros, unos armados y otros sin sus armas. Que los catalanes y los aragoneses tienen esta ventaja sobre otros soldados; que los hombres a caballo, siempre que guerrean, van vestidos con las hombreras, y con la malla en la cabeza, y tienen ensillados sus caballos; en cuanto escuchan ruido, no se preocupan de nada más, sino que toman el escudo, y el casco de hierro y montan en su caballo, y ya se tienen por bien armados, tan bien como harían otros caballeros, que tuviesen la loriga puesta o la coraza. Y los hombres de a pie tienen todos su dardo y la lanza a la puerta de su posada o de su tienda, y enseguida corren a tomar la lanza y el dardo en cuanto oyen alarma; y en cuanto tienen su dardo y su lanza, ya se consideran bien armados.

Y así cuando oyeron la alarma, salieron enseguida contra sus enemigos, de forma que decir y hacer fue una sola cosa; que los de Càller pensaban que podrían vencerles mientras se estuviesen armando, pero se vieron muy engañados, que el señor infante con la caballería les salió inmediatamente al encuentro, y, para su mala fortuna, habían llegado tan lejos, que estaban a punto de entrar por el portal del castillo de Bonaire. Y así, el señor infante les atacó tan enfurecidamente, que se vieron obligados a retroceder. ¿Queréis más detalles? El señor infante, con el almirante, que es uno de los mejores caballeros del mundo, y con los otros, empezaron a derribar caballeros y a alancearlos; y cuando hubieron roto las lanzas, con las mazas en la mano vierais dar los mayores mazazos del mundo. En cuanto a los infantes no hay ni que decir que no hacían más que alancear hombres de a caballo y de a pie. Y tanto hicieron, que de setecientos hombres a caballo que habían salido y de tres mil de a pie, no escaparon más de doscientos, que todos los otros murieron; y de la parte del señor infante, entre los de a caballo y los de a pie, no murieron más de veinte. De modo que si más campo hubieran tenido (y no hubieran podido regresar enseguida al castillo de Càller), ni uno solo hubiera podido escapar. De forma que esta jornada fue tan buena como la de la batalla, y fue de destrucción para los del castillo de Càller; y bien podéis comprender cuan valientes eran los del señor infante, que En Gilabertí de Centelles y otros penetraron en Càller, mezclados con ellos, atacando e hiriendo, que no les faltaba más que atacarse entre ellos. Y los pisanos perpetraron una gran maldad, ya que cuando los tuvieron dentro del castillo, a todos los mataron. Y tales maldades acostumbran a hacer ellos y todos los republicanos, lo que mucho desplace a Dios que de ellos tiene merced.

Y cuando el señor infante hubo encerrado de nuevo a los que escapaban en el castillo de Càller, regresó alegre y satisfecho al sitio. Y los de dentro estaban con gran dolor; y enviaron mensajes a Pisa inmediatamente para darles a conocer lo que les había sucedido, y que de allí en adelante no creían poder resistir al ejército del señor infante. Y cuando los de Pisa hubieron conocido estas nuevas, se tuvieron por derrotados, y pensaron que todo lo perderían si no conseguían restablecer la paz con el señor rey de Aragó y con el señor infante. Y de acuerdo todos ellos en esta resolución, eligieron embajadores a los que dieron todos los poderes para que tratasen sobre la paz.

dilluns, 15 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXV)

L'estol pisà, sota el comandament del comte Ner arriba disposat a aixecar el setge de Cagliari. Comença la batalla per la ciutat.

Assistim a una de les més èpiques descripcions d'aquesta crònica. Finalment, els pisans són derrotats i els catalans continuen amb el setge de Cagliari.


CCLXXV


Y este fue el socorro que recibieron: llegó el conde Ner como jefe, conduciendo mil doscientos hombres de a caballo, de los cuales ochocientos eran alemanes, a los que se considera los mejores caballeros del mundo, y el resto pisanos; y traía también seis mil hombres de a pie, entre los que había malvados sardos de Caboterra (1078) que se mezclaron con ellos, y peones toscanos y marquesanos con largas lanzas, que cada uno de ellos vale por un caballero; y treinta y seis galeras entre pisanas y genovesas, y muchas taridas y leños que transportaban caballeros y caballos. Y arribaron a Caboterra, y allí desembarcaron la caballería, y todos los peones, y cuatrocientos ballesteros que tenían. Y cuando los hubieron desembarcado, toda la flota puso rumbo a la isla Rossa (1079), donde hay un buen puerto. Y las taridas estaban todas encastilladas, y se pusieron en escuadra para mejor defenderse.

Y cuando acabó este desembarco, las galeras acudieron hacia Castell de Càller (1080), y el señor infante hizo armar treinta galeras, y ni una más; y él personalmente subió en las galeras, y salió a alta mar para combatir con los pisanos y los genoveses. Y aquellos fueron tan corteses que no quisieron esperarlos, sino que se retiraron tal como haría un caballero contra a un peón; de modo que todo el día estuvieron así: que cuando el señor infante ordenaba bogar, ellos huían, para más tarde regresar. De modo que el señor infante comprendió que no podía hacerles nada, por lo que desembarcó de las galeras, y dispuso que se defendieran bien las plazas; y dentro del castillo tenía quinientos hombres a caballo, con otros doscientos o más que habían acudido de entre los que habían salido de Viladesgleies por el pacto de rendición, ya que el señor infante se lo había prometido cuando salieron y le rindieron Viladesgleies. Y podéis ver como era de grande el ejército de dentro, por lo que el señor infante pensó que no debía permitir juntarse a los que habían venido con los de dentro; y así estableció el sitio de forma que si los de dentro salían para ayudar a los de fuera, los del asedio se pudieran oponer.

Y mientras el señor infante disponía todo esto, las galeras de los pisanos y de los genoveses se acercaban a las galeras del señor infante. Y el almirante desarmó todas sus galeras, excepto veinte, en las que embarcó pensando que lo esperarían para la batalla. Pero aquellos no quisieron, de modo que el almirante les envió mensajero diciendo que si querían combatir con él saldría con quince galeras; y tampoco quisieron. Y entonces el señor infante y el almirante comprendieron qué bien les hubieran venido las veinte galeras ligeras que yo les había predicado en mi sermón; que por cierto, si las hubiesen tenido, ni siquiera cuarenta galeras de pisanos y de genoveses se hubieran atrevido a venir, puesto que mientras las veinte las perseguían, las otras se les hubieran puesto a la espalda; y así podéis entender qué gran error fue este.

Ahora dejaré de hablar de las galeras, y volveré a hablaros del señor infante y de sus enemigos.

Cuando el señor infante hubo dispuesto con el almirante los asuntos del mar y del asedio, y hubo ordenado que el almirante fuese capitán general de todo, eligió a los que con él debían ir; y no quiso llevar consigo más que cuatrocientos caballeros armados, y cincuenta caballos ligeros, y dos mil hombres de a pie, entre almogávares y peones de mesnada. Y cuando llegó la madrugada, a la salida del sol, empezó a salir, con la caballería y los hombres de a pie, al encuentro del conde Ner, y se situó, listo para la batalla, entre él y el castillo, allá donde el conde Ner tenía que venir,. Y estando así, vieron acudir al conde Ner, escuadras alineadas, sus batallones y toda su gente ordenados, tal como nunca se viera venir a un ejército en orden de batalla. Y el señor infante, que los vio, dispuso a su gente del mismo modo; y entregó el mando de la vanguardia a un hombre noble de Catalunya llamado En Guillem d'Angleola, y él, con su señera, y con toda la caballería, se situó en un grupo compacto, y la infantería se situó en el lado en que los otros tenían la suya. ¿Qué os diré? Los ejércitos se aproximaron, y el conde Ner, aconsejado por un valiente caballero, llamado Orrigo, alemán, que había escapado del sitio de Viladesgleies, y que conocía al señor infante, dispuso que doce caballeros acompañaran al mencionado Orrigo, tudesco, y que no se cuidasen más que de la persona del señor infante. Y asimismo el señor infante dispuso que diez hombres de a pie, no se separasen de su estribo, y que un número dado de caballeros defendiesen su persona y su señera, ya que el señor infante pretendía no separarse de su señera.

¿Qué os diré? Cuando se encontraron las huestes, ambos bandos espolearon vigorosamente, de modo que nunca vierais batalla más cruel, que fueron con tanta furia unos contra otros como nunca se había visto; y tan fuerte empujaron los tudescos a nuestra caballería, que los doce caballeros, con aquel Orrigo, alemán, llegaron hasta donde se encontraba el señor infante. Y el señor infante, que vio que aquellos venían indudablemente contra él, atacó al primero con la lanza, con tal golpe, que lo traspasó de parte a parte, de forma que lo dejó tendido en tierra y muerto; y tras ésto echó mano de la maza, y se lanzó sobre otro, y tal mazazo le dio contra el yelmo, que le hizo volar los sesos. ¿Qué os diré? Que a mazazos en tierra, muertos, dejó a otros cuatro hasta que rompió la maza, y entonces echó mano de la espada, y con la espada en la mano hizo tal círculo, que nadie osaba ponérsele delante. Y cuando de los doce caballeros, siete vieron que cinco habían muerto ya a manos del señor infante, y contemplaron las maravillas que hacía, determinaron atacar todos a una contra el caballo del señor infante para obligarlo a descabalgar. Y así lo hicieron, que todos juntos aguijonearon, y le mataron el caballo, con lo que el señor infante fue a parar a tierra junto con su caballo; y al tiempo que a su caballo, mataron al portaestandarte, con lo que la señera cayó a tierra. Y estando el señor infante en tierra, le cayó la espada de las manos, el trozo que le quedaba, menos de la mitad, porque ya había perdido anteriormente la otra parte, ya que se le había roto en dos trozos. Y no olvidó en qué situación estaba, sino que se libró de la silla y del caballo, que tenía encima, tal como el fuerte caballero que era, y el de mayor coraje que en el mundo haya, y sacó el bordón que llevaba al cinto, y vio su señera en tierra, y con el bordón en la mano, levantó su señera, y la enderezó, y la mantuvo abrazada. Y en esto, un caballero de los suyos, llamado En Bernat de Boixadors, descabalgó y le tomó la señera, y le entregó su caballo al señor infante, montándolo inmediatamente el señor infante, e hizo que un caballero tomara la señera. Y en cuanto hubo izado la señera, se vio ante los siete caballeros y reconoció a Orrigo el tudesco; y con el pomo de su bordón al pecho, embistió contra él, y le dio tal golpe en el pecho que lo traspasó de parte a parte; y cayó muerto en tierra, de modo que ya no tuvo ocasión de regresar a Alemanya a narrar historias de esta batalla.

¿Qué os diré? Cuando sus compañeros vieron morir al citado Orrigo, se dispusieron a huir, pero entre el señor infante y los que con él estaban, de tal modo les atacaron que quedaron los doce en el campo, de los cuales, ocho murieron a manos del señor infante. Y una vez hubieron muerto, el señor infante espoleó hacia delante con su señera; y entonces se vieron tales hazañas que nunca se había visto antes batalla tan ardua, con tan poca gente como eran. Y en aquella cabalgada el señor infante se encontró con el conde Ner, y, con una lanza que había tomado de un infante, le dio tal golpe en el primer cuadrante del escudo, que lo lanzó a tierra. Y fue un milagro que, a la fuerza, los tudescos y los pisanos consiguieran montar a caballo al conde Ner, el cual había sido herido con más de diez heridas; y en cuanto se vio a caballo, en medio de la gran refriega, abandonó la batalla, y con diez hombres a caballo huyó al castillo de Càller; y encontró a la caballería del castillo de Càller, que eran quinientos, y estaban esperando afuera el resultado de la batalla, que no osaban entrar en la pelea, ya que si lo hacían, el almirante se les situaría a su espalda. Y el almirante, no abandonaba el asedio; de forma que todos se encontraban a la vista. De modo que cuando los de Càller vieron al conde Ner, se tuvieron por perdidos. ¿Qué os diré? Que fue tan árdua la batalla, que de repente, se separaron todos, los tudescos y los pisanos que quedaban, y se agruparon para su defensa en un montículo; y el señor infante, con los suyos, lo mismo; que parecía un torneo de diversión, y unos se guardaban de los otros.

Ahora os hablaré de los hombres de a pie.

Cuando los almogávares y los peones de mesnada vieron que empezaba la batalla de los caballeros, doscientos de entre ellos, rompieron sus lanzas, y se lanzaron contra los caballos, a destriparlos; mientras que los otros atacaban a la infantería contraria, de forma tan fuerte que con sus dardos, cada uno mató a otro, y luego corrieron contra ellos en tal forma, que en una hora escasa los habían derrotado y muerto. Y en el lago se ahogaron de dos mil al alza, y todos los otros murieron; ya que a los que huían o se escondían entre los matorrales, o se adentraban en la isla, los encontraban los sardos, y no dejaban ni a uno con vida; por lo que todos murieron.

Y cuando el señor infante y los suyos hubieron reposado un poco, se lanzaron de nuevo, agrupados, contra sus enemigos. Y aquellos hicieron lo mismo, salvo unos ochenta hombres de a caballo, del conde Ner, que al no encontrarlo, y ser la batalla tan fuerte y tan dura, regresaron a Càller. Y los otros combatieron, de forma que si la batalla fue dura en el primer asalto, más fuerte fue todavía en el segundo, a pesar de ser tan poca gente. Y el señor infante fue herido de un bordonazo en la cara; y cuando vio resbalar la sangre por la cara y por el pecho, todavía se enardeció más, que ni siquiera un león sería capaz de atacar a los que le hubieran hecho daño, tal como él hizo. ¿Qué os diré? Que con el bordón en la mano daba tales estocadas, que pobre de aquel al que alcanzaba, que con un golpe tenía bastante. ¿Qué os diré? Que de esta forma iba por el campo, unas veces aquí, otras allá, y nadie duraba frente a él; y tanto consiguió en una hora escasa con los suyos, todos ellos inmejorables, ricoshombre, caballeros y ciudadanos, que sus enemigos quedaron todos muertos y vencidos, no pudiendo escapar, entre los que se refugiaron en Càller y los que huyeron y consiguieron alcanzar su flota, más de doscientos; y ni siquiera esos hubieran podido huir de no ser por la preocupación que el señor infante mostraba sobre el asedio.

Y así el señor infante y los suyos levantaron el campo; y con gran alegría y enorme botín, regresaron a su campamento. Y la flota de los pisanos, con gran dolor regresaron y empezaron a huir, y arribaron a Pisa con su mal recado. Y el señor infante envió a Catalunya, al señor rey su padre, un leño armado, y le hizo saber cómo había sido la batalla, y le requirió para que le enviara veinte galeras ligeras, debido a los grandes escarnios que recibía de las galeras de los pisanos y de los genoveses.

Cuando el señor infante regresó al sitio, todavía apretó más a los de Càller; de modo que todos los sardos que había en la isla, y que todavía no se le habían rendido, se rindieron a él. Y el juez de Arborea llegó allí con todo su ejército, a los dos días de haberse celebrado la batalla, y sintió gran alegría y gozo de la victoria que Dios había concedido al señor infante, aunque quedó muy apenado de no haber participado ni él ni los suyos en la batalla. Y podéis creerme que no fue su culpa, ya que cuando el señor infante hubo entrado en Viladesgleies, él había participado en el sitio con todo su ejército; y así cuando el señor infante hubo conquistado Viladesgleies, partió con su licencia, y regresó a su tierra para visitar sus lugares; y en cuanto lo hubo hecho y reunido de nuevo su ejército, volvió a Càller, de modo que ya podéis entender que llegara a la batalla dos días tarde.

Sin embargo, cuando llegó al campamento con todo su ejército, entre el señor infante, y él, y el almirante, y los otros ricoshombre estrecharon el cerco tan duramente sobre Càller, que los de dentro se vieron condenados a muerte. De forma que un día sucedió que los de dentro habían enterrado al conde Ner, que había muerto de las heridas recibidas en batalla, y a gran parte de los que habían huido de la batalla y habían entrado en la ciudad; que pocos quedaban que no hubieran sufrido en sus carnes las señales del rey, esto es, tan buenos lanzazos, o mandobles que los del señor infante les habían dado; y con estas señales reales habían huido, tanto el conde Ner como los otros que de la batalla escaparon.


NOTAS


1078. Probablemente Capoterra. Al sur de Cagliari

1079. Isla Rossa. Aunque al nordoeste de la isla existe efectivamente una Isola Rossa, me inclino por pensar que se refiere más bien a la Isola dei Cavoli, frente al Porto Sa Ruxi, al nordeste de Cagliari.

1080. Supongo que se refiere al castillo de Bonaire, construido frente a Cagliari

diumenge, 14 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXIV)

Entrada de les tropes catalanes en Iglesias. Setge de Cagliari. La república de Pisa entra en guerra.


CCLXXIV


Desde que el señor infante hubo sitiado Viladesgleies, cada día les obligaba a combatir, y les disparaba con trabucos; y los apretaba en tal manera, que bastante mala ventura tenían, y tanta estrechez, que ciertamente no sabían qué hacer. Pero del mismo modo, el señor infante y toda su hueste sufrieron tantas enfermedades, que la mayor parte de su gente murió de enfermedades; y él mismo cayó muy enfermo, y podéis creer que hubiera estado en gran peligro de morir, si no hubiera sido por los grandes cuidados que le prodigaba madona la infanta; por lo que todos debemos agradecer su vida a Dios, y a ella. Y nunca estuvo tan enfermo el señor infante, que aceptara abandonar el sitio, ni a consejo de médicos, ni de nadie, sino que muchas veces, incluso con grandes fiebres vestía su armadura y salía a combatir. Así que por su gran esfuerzo y su buena caballería condujo a esto a la villa: que se le rindieron, de modo que el señor infante y madona la infanta, y toda la hueste, entraron dentro de la ciudad de Viladesgleies, y alojaron muy bien a nuestra gente, y dejaron allí a aquellos que el señor infante decidió que se quedaran. De modo que allí dejó un capitán, y en la ciudad de Sàsser, lo mismo.

Y luego acudió a Càller, y edificó frente al castillo de Càller, un castillo y una villa, y le llamó castillo de Bonaire. Y el asedio de Càller fue tan duro, que ni un solo hombre podía salir; por lo que podéis ciertamente entender que si hubiese venido al principio, hubiera tomado Càller en menos tiempo que Viladesgleies. ¿Qué os diré? Que los de Càller resistían y esperaban la ayuda que les tenía que llegar de Pisa; ayuda que les llegó a los pocos días de la entrada en Càller del señor infante.