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1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children

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Charles Darwin quotation

Ignorance more frequently begets confidence than does knowledge: it is those who know little, and not those who know much, who so positively assert that this or that problem will never be solved by science

Jean-Baptiste Colbert quotation

L'art de l'imposition consiste à plumer l'oie pour obtenir le plus possible de plumes avec le moins possible de cris

Somebody quotation

El miedo es la via perfecta hacia el lado oscuro. El miedo lleva a Windows, Windows a la desesperacion, esta al odio hacia Bill Gates y ese odio lleva a LINUX

Vares Velles

Vares Velles
Al Tall

Això és Espanya (vara seguidilla) per Al Tall

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dimecres, 8 de juliol del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (i CCXCVIII)

Arribem a la fi d'aquesta crònica, iniciada el 15 de maig de 1325 i que, pels últims fets que narra en aquests darrers capítols fou acabada amb posterioritat a la coronació del rei Alfons IV, dit el Benigne.

Tres anys, per tant, per escriure aquestes documentades memòries, que no per exagerades deixen de ser autèntiques i comprovables.

Encara continuaria prestant serveis als seus estimats reis del Casal de Barcelona, i moriria als 71 anys, en 1336, exercint el càrrec de batlle d'Eivissa, nomenat pel rei Jaume III de Mallorca, el fill del seu estimat amic i company d'armes, l'infant Ferran de Mallorca a qui havia portat acabat de nàixer de Sicília a Perpinyà, en un accidentat viatge narrat en aquestes pàgines.

I tornant al llibre, el futur Pere II el Cerimoniós, dit també Pere el del Punyalet, que s'enfrontaria al seu parent el rei Pedro el Cruel de Castella, i al seu parent Jaume III de Mallorca, l'elm del qual donaria lloc a l'emblema de la ciutat de València amb el famós ratpenat, també era un lletraferit pel que sembla, autor de serventesis, cançons i poemes de més de 700 versos.

I és que la civilització esdevé imparable quan els diners abunden.


CCXCVIII


Y cuando el señor rey y todo el mundo hubieron comido, se dispuso en el palacio real un trono muy rico y honrado para el señor rey, y él y los arzobispos se sentaron en aquel trono, tal como habían hecho en la mesa. Y el señor rey, con la corona en la cabeza, del mismo modo que se había sentado a la mesa, y con el orbe en la mano derecha, y el cetro en la mano izquierda, se levantó de la mesa y fue a sentarse en su trono, en su palacio; y a sus pies, a su alrededor, se sentaron nobles, y caballeros, y nosotros, los ciudadanos. Y cuando todo el mundo estuvo sentado, En Remasset, juglar, cantó en voz alta, ante el señor rey, un serventesio (1145) nuevo que el señor infante En Pere había compuesto en honor del señor rey. Y la moraleja del serventesio era ésta: que el señor infante le explicaba lo que significaba la corona, y el orbe y el cetro, y el señor rey debería obrar de acuerdo con su significado. Y para que lo sepáis quiero haceros un resumen; pero si lo queréis conocer más detalladamente, acudid al mencionado serventesio y allá lo encontraréis más claro. Y el significado de la corona era éste: la corona es redonda, y un círculo no tiene principio ni fin, de modo que la corona representa a nuestro señor verdadero Dios poderoso, que no tuvo principio ni tendrá fin. Y puesto que representa a Dios poderoso, tiene que ir colocada en la cabeza, y no en el cuerpo ni en los pies, sino en la cabeza, donde se encuentra el raciocinio; y por esto debe recordar a Dios todopoderoso, de modo que con esta corona tengan siempre presente el reino celestial, que es un reino eterno. Y el cetro representa la justicia que debe reinar sobre todo; la cual, del mismo modo que el cetro es larga y recta. Y con el cetro se puede golpear y castigar; de igual modo la justicia castiga e impide que los malvados hagan daño, y hace que los buenos mejoren su condición. Y el orbe significa que tal como él sostiene el orbe en su mano, así debe sostener sus reinos con su mano y con su ejército; y puesto que Dios se los ha encomendado, ha de defenderlos, y regirlos y gobernarlos con verdad y justicia y misericordia, y no consentir que nadie, ni personalmente ni a través de otros, les cause ningún daño. Y de este modo el señor rey entendió bien el citado serventesio, y la moraleja que conlleva; y, si a Dios place, lo pondrá en obra, de modo que Dios y el mundo quedarán satisfechos; y Dios le conceda gracia para ello.

Después, cuando el mencionado Remasset hubo recitado el serventesio, En Comí cantó una canción nueva que había compuesto el señor infante En Pere, y se la dio a él, ya que En Comí es el mejor cantor en toda Catalunya. Y cuando la hubo cantado, calló, y se levantó En Novellet, juglar, y recitó setecientos versos rimados que el mencionado señor infante había compuesto para la ocasión. Y tanto la canción como los versos hablaban todos ellos del comportamiento que el señor rey debe guardar en la ordenación de su corte y de todos sus oficiales, tanto en su propia corte como en todas sus provincias. Y el señor rey escuchó esto como señor que es de los más sabios del mundo; por esto, si a Dios place, igualmente lo pondrá en obra.

Y cuando se acabó de cantar y recitar ya había llegado la noche. Y así, regiamente, con la corona en la cabeza, y el orbe en su mano derecha, y el cetro en su mano izquierda, subió a sus aposentos a reposar, que mucho lo necesitaba. Y todos regresamos a nuestras posadas; y toda la ciudad estaba alegre, tal como ya os he contado. Y de aquí en adelante se puede decir que nunca se celebró corte tan real ni tan graciosa ni tan alegre ni con tanta solemnidad. Nuestro señor verdadero Dios le permita reinar muchos años, a su servicio, y en bien de su alma, y provecho y exaltación de sus reinos y de toda la cristiandad. Amén.

Y así podéis entender de qué manera el señor rey ha querido parecerse a nuestro señor verdadero Dios Jesucristo, quien reconfortó a la virgen madona santa Maria, y a sus benditos apóstoles y evangelistas, y a sus otros discípulos, en aquella bendita fiesta de Pascua, con su Resurrección; ya que antes iban todos tristes y pesarosos por su Pasión. Y del mismo modo los súbditos del señor rey de Aragón andaban tristes por la muerte del buen rey su padre, y él, en aquel bendito día de Pascua los ha alegrado y reconfortado, de modo que, si a Dios place, todos viviremos alegres y satisfechos, mientras permanezcamos en este mundo. Así plazca a Dios. Amén. Amén.

Finito libro. Sit laus, gloria Christo.

Quien este libro ha escrito, sea bendecido por Dios, y por su madre madona santa Maria y por todos sus benditos santos y santas con su protección; y con su bendita compañía ahora y por siempre. Amén. Amén.

NOTAS



1145. Serventesio. Género de composición de la poética provenzal, de asunto generalmente moral o político y a veces de tendencia satírica.

dimarts, 7 de juliol del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCXCVII)

Continua la descripció de la festa de coronació. Em resulta molt curiosa la insistència del cronista en dir-nos que el rei es va coronar de la seua pròpia mà, i no com sembla que era costum, de mà del bisbe oficiant.


CCXCVII


Ahora, puesto que os he contado como se reunió la corte con la gracia de Dios, os quiero narrar como el señor rey recibió la orden de caballería él mismo, y la bendita corona, y como fue a velar a la iglesia de Sent Salvador, de Saragossa, y en qué modo se celebró solemnemente la bendita caballería que recibió, y la corona bendita, y como salió de la iglesia, y como fue hasta su palacio de la Aljaferia. Y quiero que sepáis que desde la iglesia de Sent Salvador, que es la catedral de Saragossa, hasta la Aljaferia hay más de dos millas (1139). Y por esto os lo quiero contar, para que todos los que lean este libro, sepan como se ordenó caballero el rey, de su propia mano, y en qué forma se impuso él mismo la corona, y con qué solemnidad de bendiciones y de misas y muy buenas oraciones, y en que modo, llevado de las riendas, volvió a su palacio; y estas cosas es bueno que todo el mundo las conozca, sea cual sea su condición.

Y habéis de saber que el señor rey envió a decir el viernes santo, por la tarde, a todo el mundo, que el sábado por la mañana, víspera de Pascua, en cuanto hubieran rezado el aleluya, que todos dejaran el luto que llevaban todavía por el señor rey su padre, y que todos se arreglaran las barbas, y que empezaran la fiesta; e invitó a todo el mundo en general, tal como antes os he contado, durante tres días. Y así, el sábado por la mañana, en cuanto hubieron rezado el aleluya y tocaron las campanas, todo el mundo estuvo listo, tal como el señor rey había ordenado, para comenzar la bendita fiesta. De modo que con los otros que estábamos en representación de la ciudad de València, con nuestros justadores (1140) delante y nuestras trompas y atabales, y dulzaina, y tambor, y otros instrumentos, los seis, dispuestos de dos en dos, muy ricamente vestidos y enjaezados, cabalgando nuestros caballos, y lo mismo nuestros escuderos, dejamos la posada, que se encontraba dentro de la ciudad, cerca de la mencionada iglesia de Sent Salvador; y comenzamos nuestra fiesta, y fuimos por el centro de la ciudad hasta la Aljaferia. Y en cuanto hubimos comenzado, todo el mundo comenzó, así que de repente se oyó el mayor ruido, de trompas, del mundo, y de todos los otros instrumentos. Y así cabalgando, hicimos esta fiesta hasta la hora del almuerzo; y luego, cuando hubimos comido en la Aljaferia, con la misma solemnidad volvimos a nuestra posada. Y cuando hubieron tocado vísperas, todo el mundo encendió los hachones, cada cual en el sitio que le correspondía; y desde la Aljaferia hasta Sent Salvador no se vio nunca mayor cantidad de hachones. Y los hachones no se movían del lugar que les tocaba, que estaba escrito en las paredes el lugar de cada cual. Y así todos permanecíamos en orden.

Y cuando llegó la hora del toque de oración, el señor rey partió de la Aljaferia para ir a Sent Salvador, ordenadamente en la forma que oiréis. Primero llegaron a caballo todos los hijos de caballero portando las espadas de los caballeros noveles. Y una vez hubieron pasado las espadas, llegaron las espadas de los nobles que debían ser armados caballeros noveles. Y luego llegó la espada del señor rey, llevada por el noble En Ramon Cornell. Y tras la espada del señor rey, venían dos carretas llevando dos cirios, en cada uno de los cuales había más de diez quintales de cera, e iban encendidos, aunque poca falta hacía, ya que las otras luminarias eran tantas, que se podía ver como si fuese día claro. Y tras los cirios, venía el señor rey, cabalgando su caballo, con el más hermoso arnés que nunca saliera de mano de maestros, y la espada que portaban ante él, tal como ya os he dicho, era la más rica y adornada que nunca emperador ni rey llevara. Y luego del señor rey, venían detrás, con sus armas, un noble, y otros dos nobles situados a ambos lados del que portaba las armas; de este modo las armas iban con el que las llevaba entre dos nobles. Y del mismo modo iba el noble En Ramon Cornell, que portaba la espada entre dos nobles. Y después de las armas del señor rey venían todos los nobles que el señor rey debía armar caballeros noveles, y los nobles que el señor infante En Pere debía hacer caballeros noveles, y detrás de ellos los que debían ser armados caballeros por el señor infante En Ramon Berenguer; y luego los que debían ser ordenados caballeros por el noble En Ramon Folc. Y luego de dichos ricoshombre, venían los otros que debían ser armados caballeros noveles, de dos en dos, todos en orden. Y luego de ellos, cuando todos hubieron pasado, venían todas sus armas, ordenadas de dos en dos, y todas las armas de los nobles, y sus espadas eran llevadas por caballeros; y las de los otros caballeros eran portadas por hijos de caballeros. Y así, tal como ya os he dicho, en perfecto orden, iban de dos en dos tras señor rey, cabalgando en sus caballos, vestidos con ricos ropajes de oro, y con hermosos arneses; y ningún otro hombre osaba cabalgar entre ellos, salvo el señor infante En Pere y el señor infante En Ramon Berenguer, que iban vigilando que nadie se saliese del lugar que se les había ordenado.

Y así, con la gracia de Dios, y gran clamor de trompas, y atabales y dulzainas, y címbalos y otros instrumentos, y de los caballeros salvajes que gritaban a una "¡Aragó!, ¡Aragó!" y los linajes de los ricoshombre a los que pertenecían, acudieron a la iglesia de Sent Salvador; y pasaba de la medianoche cuando el señor rey llegó, con dicha compañía a la iglesia. Y allí, todos velaron juntos, unos recitando oraciones, y otros festejando y cantando a nuestro señor verdadero Dios Jesucristo; y así pasaron toda aquella bendita noche, y oyeron muy devotamente los maitines, que fueron cantados por todos los arzobispos, obispos, abades y priores, que con gran devoción rezaron todas las horas.

Y cuando fue día claro, el señor arzobispo de Saragossa se revistió para decir la misa. Y el señor rey, de su propia mano, se puso la corona, en buena hora, en el altar mayor, y la espada, y se vistió una camisa, como si fuera a decir misa; y luego, sobre la camisa se vistió la dalmática real, la más rica que nunca emperador ni rey vistiese. Y a cada prenda que vestía, el arzobispo recitaba una oración, la que figuraba en las canónicas, y es obligado recitar. Y luego se puso la estola en el cuello y sobre los hombros, tal como corresponde; y aquella estola era tan rica y con tantas piedras preciosas, que sería harto difícil decir cuanto valía. Y luego, el manípulo, también muy rico y de gran nobleza.

Y una vez acabado todo esto, el citado arzobispo de Saragossa, dijo la misa con gran solemnidad. Y cuando empezó la misa y la epístola hubo sido leída, hizo que su hermano, el señor infante En Pere, le calzase la espuela derecha, y que su otro hermano, En Ramon Berenguer, le calzase la espuela izquierda; y hecho esto, el señor rey se acercó al altar; y tomó la espada, y con ella en la mano, se echó a tierra ante el altar, en oración, y el señor arzobispo, recitó sobre él una muy buena oración. Y cuando acabó, y el señor rey hubo recitado su oración, besó la cruz de su espada, se ciñó él mismo la espada; y luego, cuando se la hubo ceñido, sacando la espada de la vaina, la blandió tres veces. Y la primera vez que la blandió, desafió a todos los enemigos de la santa fe católica; y la segunda vez que la blandió, se ofreció a proteger a huérfanos y doncellas y mujeres viudas; y la tercera vez que la blandió, prometió que haría justicia toda su vida, tanto al menor como al mayor, lo mismo a los extranjeros que a sus súbditos. Y cuando esto hubo hecho, retornó la espada a su vaina. Y cuando se cantó el Evangelio, se ofreció a si mismo y a su espada a Dios, quien siempre lo tendrá bajo su amparo, y le concederá la victoria contra todos sus enemigos. Y el señor arzobispo lo ungió con los óleos en los hombros y en el brazo derecho, cuando acabó la misa. Y cuando la misa acabó, el señor rey desenfundó la espada, y la dejó sobre el altar, al lado de la corona.

Y una vez que esta misa fue celebrada, el arzobispo de Saragossa, revistió al señor infante En Joan, arzobispo de Toledo, hermano del señor rey. Y en cuanto estuvo vestido y hubo iniciado la misa, el señor rey, personalmente, tomó la corona del altar y se la puso en la cabeza; y cuando se la hubo puesto en la cabeza, el señor arzobispo de Toledo, y el señor infante En Pere, y el señor infante En Ramon Berenguer, se la ajustaron. Y cuando el señor rey se puso la corona sobre la cabeza, los señores arzobispos, y obispos, y abades, y priores, y el señor infante En Pere con ellos, en voz alta, cantando, gritaron "Te, Deum, laudamus"; y al tiempo que recitaban este cántico, el señor rey tomó el cetro de oro con la mano derecha y la espada con la mano izquierda, y luego tomó el orbe de oro con la mano derecha; y cada vez que tomaba cada una de estas cosas, decía el señor arzobispo de Toledo una gran oración. Y cuando todo esto fue realizado y se hubo cantado el Evangelio, el señor rey, de nuevo, con muy grande reverencia, se ofreció a sí mismo y su bendita corona a Dios, y se arrodilló muy humildemente ante el altar. Y el señor arzobispo acabó de decir la misa.

Y cuando acabó la misa y el señor rey hubo tenido cumplimiento de la gracia de Dios, y de su caballería, y de la santa y real señoría, y hubo sido ungido y consagrado rey y señor de los reinos de Aragó, de València, de Sardenya y de Còrsega, y conde de Barcelona, fue a sentarse ante el altar de sent Salvador, en el trono real, y depositó el orbe y el cetro en el altar de sant Salvador; e hizo acudir a todos los nobles que anteriormente os he nombrado, y los armó a todos caballeros, en el orden que antes habéis oído. Y de este modo cada vez que cada uno de ellos era hecho caballero, iban con el ricohombre a la capilla que le había sido asignada, y allí éste armaba a sus caballeros noveles. Y el señor infante En Pere lo mismo, se fue a la capilla que se le había asignado, y ordenó caballeros a los mencionados cuatro ricoshombre; y el señor infante En Ramon Berenguer lo mismo; y el noble En Ramon Folc igualmente. Y los ricoshombre que ellos hicieron caballeros, del mismo modo iban cada cual a su capilla asignada, y armaban a los caballeros que debían. De modo que en cuanto cada ricohombre había armado a sus caballeros, se iba con aquellos a la Aljaferia, tal como antes os he contado.

Y cuando todo esto acabó, el señor rey tomó el orbe en la mano derecha, y el cetro en la mano izquierda; y así, con la corona en la cabeza, y con el orbe y el cetro en sus manos, salió de la iglesia, y montó en su caballo. Y delante le llevaban la espada, y atrás las armas, en el mismo orden que anteriormente habéis oído que habían llevado, la noche anterior, para ir a la iglesia.

Y si queréis saber como era la corona, os puedo contar que era de oro, llena de piedras preciosas, como rubíes, y balajes (1141), y zafiros y turquesas, y perlas tan grandes como un huevo de paloma, y delante tenía un hermoso carbunclo. Y la corona medía de alto un palmo de cana de Montpesller, y tenía dieciséis almenas, de modo que todos la tasaban, mercaderes y lapidarios, en cincuenta mil libras de reales de València. Y el cetro era de oro, y medía de largo tres palmos; y al extremo del cetro había un rubí, el más hermoso que nunca se viera, y tan grande como un huevo de gallina. Y el orbe era de oro, y tenía debajo de él una flor de oro con piedras preciosas; y sobre la flor, una cruz muy rica y honrada, con hermosas piedras preciosas.

El caballo era el mejor enjaezado que nunca se viera. Y así, montó en su caballo, vestido con su dalmática, con la estola y el manípulo, y con la corona en la cabeza, y el orbe en su mano derecha y el cetro en su mano izquierda. Y en el banco del freno del caballo había dos riendas, unas eran las del freno que el caballo tenía al cuello, y de éstas riendas era conducido, por el lado derecho por el señor infante En Pere, y por el lado izquierdo por el señor infante En Ramon Berenguer, y por otros muchos nobles de Catalunya y Aragón; y en cuanto al otro par de riendas, que eran de seda blanca, y tenían cincuenta palmos de largo, de cada una de ellas tiraban ricoshombre y caballeros, y ciudadanos, todos ellos a pie. Y tras los señores infantes y los nobles que los conducían a pie, tal como antes os he contado, ibámos nosotros seis de València, en representación de la ciudad; y otros seis de la ciudad de Barcelona, y otros seis de la ciudad de Saragossa, y cuatro de Tortosa; y lo mismo de otras ciudades, todos tirando de las riendas. Así que todas las riendas estaban cumplidas de conductores a pie; y nadie más cabalgaba cerca, salvo el que portaba la espada delante de los que conducían las riendas, y luego, el que portaba las armas; y cada uno de ellos, iban acompañados de dos nobles, como ya habéis oído antes. Y tras las armas del señor rey venían los ricoshombre a caballo, muy gentilmente vestidos, a los que el señor rey había armado caballeros noveles.

Y así, con aquella alegría, y mostrando su real majestad, ungido y consagrado y bendecido por Dios y por todos, con gran gozo y alegría, tal como ya habéis oído, fue hacia la Aljaferia; y pasó de la hora de nona (1142) antes que él pudiese llegar. Y así, conduciendo su caballo, entró en el palacio, y allí con la corona en la cabeza, y el orbe en la mano derecha, y el cetro en la mano izquierda; subió a sus habitaciones.

Y al cabo de un gran rato salió de su estancia, y vino con otra corona en la cabeza, menor, ya que la mayor pesaba demasiado; pero no era tan pequeña que no tuviese más de medio palmo de alta; y era tan rica y tan bella, que estaba tasada en veinticinco mil libras. Y quiero que sepáis que cuando el señor estuvo montado sobre su caballo y salió de Sent Salvador, entre lo que él llevaba encima y lo que llevaba su caballo, debía valer ciento cincuenta mil libras de reales de València. Y así, tal como ya os he dicho, el señor rey vino con la otra corona menor, y con el orbe y con el cetro, y se sentó a la mesa a comer. Y se le había preparado un trono de oro a mano derecha de la mesa en el que depositó el orbe; y a mano izquierda otro trono de oro en el que dejó el cetro, erguido. Y su hermano el señor infante En Joan, arzobispo de Toledo, se sentó a un lado en su misma mesa, la cual medía dieciocho palmos de largo, y al otro lado, más alejados todavía, se sentaron el arzobispo de Saragossa y el arzobispo de Arborea. Y en otra mesa se sentaron los obispos, y en otras los abades y priores. Y luego, a la otra parte, a mano derecha, se sentaron todos los ricoshombre que aquel día habían sido armados caballeros noveles, y luego se sentaron todos los caballeros noveles que aquel día habían sido armados. De este modo el señor rey se sentaba tan alto, más que nadie, que todo el mundo podía contemplarlo. Y luego fuimos colocados nosotros, ciudadanos, que nos sentamos juntos muy bien ordenados, y cada cual en el lugar que le correspondía. Y había servidores nobles, y caballeros, e hijos de caballeros, sirviendo cada cual según la solemnidad y el honor que a cada cual le correspondía. Y todos fueron muy honradamente servidos y atendidos. Y fue una gran maravilla, que habiendo tanta gente como había, que no os lo podría describir, y no hubo ningún problema.

Y puesto que os he hablado en general de cómo fueron servidos todos, volveré a narraros en detalle como fue servido el señor rey. Debéis saber que el señor infante En Pere quiso ser, aquel bendito día de Pascua, mayordomo, y dispuso todo tal como habéis oído. Él personalmente y el señor infante En Ramon Berenguer sirvieron el agua para que el señor rey se lavara las manos; y fue dispuesto que el señor infante En Ramon Berenguer sirviese al señor rey la copa; y otros doce nobles sirvieron junto con él, en la mesa del señor rey. Y el señor infante En Pere, con dos nobles uno a cada lado y él al medio, llegó primero, cantando una danza nueva que había compuesto; y todos los que traían la comida le respondían. Y cuando llegó a la mesa del señor rey, tomó la escudilla (1143) y la llevó a la credencia (1144), y la puso ante el señor rey; y luego hizo lo mismo con la fuente. Y una vez hubo servido la primera vianda al señor rey, y acabó la danza, se despojó de las vestiduras que llevaba, que eran manto y cota con plumas y armiño, y tela de oro, y muchas perlas, y las dio a un juglar suyo; y enseguida le prepararon otras ricas vestiduras y se vistió. Y el mismo orden siguió en cada una de las otras viandas que se sirvieron en el almuerzo; ya que a cada plato que traía entonaba una nueva danza, compuesta por él, y regalaba los vestidos de gran riqueza y gusto, y esto en cada plato, y se sirvieron diez platos. Y cada vez, en cuanto él había servido un plato al señor rey, y lo había puesto en la credencia, los nobles y los caballeros y los otros sirvientes los servían a las otras mesas tan gentilmente que nadie pudiera quejarse de nada.


NOTAS


1139. Como de costumbre, Muntaner exagera. La distancia es de aproximadamente 2 Km.

1140. Justadores. Los que participan en una justa o torneo.

1141. Balaje. Rubí de color morado.

1142. Hora nona, aproximadamente las tres de la tarde.

1143. Escudilla. Vasija ancha y de forma de una media esfera, que se usa comunmente para servir en ella la sopa y el caldo

1144. Credencia. Aparador en que se ponían los frascos de vino y de agua de que, previa la salva, había de beber el rey o alguna persona principal.

dilluns, 6 de juliol del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCXCVI)

Continua Muntaner relatant-nos les festes de coronació del rei Alfons.


CCXCVI


Y puesto que os he nombrado parte de los prelados y ricoshombre y otras buenas gentes que a esta fiesta acudieron, razón es que os cite a los nobles que dicho señor, en aquel bendito día, hizo caballeros noveles, y a los nobles que el señor infante En Pere ordenó asimismo caballeros, y el señor infante En Ramon Berenguer lo mismo, y el noble En Ramon Folc. Y cada uno de estos nobles ordenaron muchos caballeros noveles, tal como había sido dispuesto.

Primero, el señor rey hizo caballero aquel día al noble En Jacme de Xèrica, y dicho noble a su vez ordenó a otros veinte. Y luego el señor rey ordenó caballero al noble hijo del juez de Arborea. Y quedó dispuesto que en cuanto el juez vuelva a Sardenya, ordene a veinte caballeros noveles, diez catalanes y diez aragoneses, a los que deberá heredar en Sardenya, ya que en esta corte no los pudo hacer porque no hubo tiempo de poderlos preparar; pero tanto da, puesto que los ha recibido en su casa, y los debe hacer caballeros y heredarlos en Sardenya. Y luego el señor rey hizo caballero al noble En Ramon Folc, vizconde de Cardona, y dicho noble hizo tres nobles caballeros, a saber: el noble En Ramon de Cardona, su hermano, y el noble N'Amorós de Ribelles, y el noble En Pere d'Aragall; y a su vez cada uno de estos nobles hicieron diez caballeros. Y luego el señor rey hizo caballero al noble En Llop de Luna; y dicho noble inmediatamente ordenó a quince. Y luego el señor rey hizo caballero al noble N'Arnau Roger, conde de Pallars; y él inmediatamente a otros veinte. Y luego el señor rey hizo caballero al noble N'Alfonso Ferrandis, señor de Híxar; y dicho noble a su vez a otros quince. Y luego el señor rey hizo caballero al noble En Guillem d'Angleola; y dicho noble inmediatamente a diez caballeros. Y luego el señor rey hizo caballero al noble En Joan Eixemenis d'Urrea; y dicho noble inmediatamente a otros diez caballeros. Y luego el señor rey hizo caballero al noble En Berenguer d'Angleola, y dicho noble hizo enseguida a otros diez caballeros. Y luego el señor rey hizo caballero al noble En Pere Cornell; y este noble ordenó enseguida a diez caballeros. Y luego el señor rey hizo caballero al noble En Guillem de Cervelló; y éste hizo enseguida diez caballeros. Y luego el señor rey hizo caballero al noble En Not de Montcada, y éste a su vez a doce caballeros.

Y una vez el señor rey hubo hecho caballeros a estos ricoshombre, el señor infante En Pere ordenó caballero al noble En Dalmau, vizconde de Castellnou; y dicho vizconde hizo diez caballeros. Y luego el señor infante En Pere hizo caballero al noble En Guillem d'Erill, y dicho noble a otros diez caballeros. Y luego el señor infante En Pere hizo caballero al noble vizconde de Vilamur, y dicho vizconde a otros diez caballeros. Y luego el señor infante En Pere hizo caballero al noble En Gilabert de Cruïlles, y dicho noble a otros seis caballeros.

Y cuando acabó el señor infante En Pere, el señor infante En Ramon Berenguer hizo caballeros noveles a tres ricoshombre, cada uno de los cuales inmediatamente ordenó a otros, unos a diez, otros a ocho caballeros. Y de los ricoshombre que dicho señor infante En Ramon Berenguer hizo caballeros son estos los primeros que hizo.

¿Qué os diría? Que luego que estos ricoshombre hubieran sido hechos caballeros noveles, muchos otros ricoshombre de Catalunya y de Aragón fueron ordenados caballeros; y os digo que conté doscientos cincuenta y seis caballeros noveles, aparte de los nobles. Y ciertamente hubo muchos más que nadie los hubiera podido contar, tan grande era la aglomeración de la gente.

Y todos estos caballeros fueron vestidos de tela de oro con plumas coloreadas, vestiduras que luego entregaron a los juglares, y luego vistieron otras vestiduras de terciopelo rojo; y todos tenían mantos con plumas de colores y armiños, y cotas y gonelas (1135) y túnicas de terciopelo rojo. Y de los caballos, de sus sillas y frenos no hay ni que hablar, que nunca en ninguna corte se pudo ver tan bellos arneses como en ésta.

Y se dispuso del siguiente modo: que cada ricohombre, conforme salía de la iglesia cabalgaba con sus caballeros noveles, y así iban a la Aljafería (1136), que es el palacio del señor rey; y nadie cabalgaba con ellos sino el ricohombre, que iba delante de los caballeros noveles que había ordenado, todos ellos cabalgando en su buen corcel (que si alguien quisiera ver hermosos caballos bien arreados, allá los hubiera podido ver), y los hijos de caballeros que, delante de ellos, a caballo llevaban sus espadas, cada cual la de su señor o la de su hermano o la de su pariente que fuera caballero novel; y detrás iban los otros hijos de caballero que a caballo les llevaban sus armas. Y nadie más osaba ir a caballo con ellos, y cada uno iba con trompas, y con atabales, y con flautas y con címbalos, y con muchos otros instrumentos, que en verdad os digo que había más de trescientos pares de trompas. Y había entre juglares y caballeros salvajes más de doscientos; que daban tales gritos y hacían tal ruido que parecía que el cielo y la tierra se acabaran.

Y así, por este orden, con gran alegría fueron todos desde la iglesia de Sent Salvador (1137), de Saragossa, hasta el lugar de la Aljaferia. Y en todo momento había más de trescientos caballeros torneadores, y cien caballeros e hijos de caballeros o ciudadanos honrados, tirando a diana; y en otro prado había cien hombres a caballo, del reino de València y de Murcia, que cabalgaban a la jinetía. Y por otra parte, cerca de la Aljaferia había un campo tapiado donde pudiérais ver matar toros; que cada parroquia conducía su toro, adornado con las enseñas reales; y lo conducían con trompas y con gran alegría, y llevaban sus monteros que mataban los toros. Y luego viérais por las calles las danzas de damas y doncellas y de gente honrada.

¿Qué os diré? Que la fiesta era tal, que nadie sabía en qué dirección mirar. Y estaba todo tan bien dispuesto que nadie estorbaba a los otros. Y esta fiesta duró desde la víspera de Pascua hasta el miércoles después de Pascua, con el mejor tiempo del mundo, y con la mayor paz que nunca hubiera entre las gentes; que nadie podrá citar ni una mala discusión entre dos personas, desde el mayor hasta el menor, desde el día que llegamos a Saragossa, hasta el día en que nos marchamos; sino que permanecimos en gran concordia, y en gran concordia y amor nos despedimos. Y todos disfrutamos de buena posada: Ved en qué forma lo habían preparado todo los prohombres de Saragossa.

Y todos comieron con el señor rey la víspera de Pascua, y el día de Pascua, y el lunes, y después, tanto como cada uno quiso comer; que mientras la corte duró, no se cerró la puerta. Pero el señor infante En Pere y el señor infante En Ramon Berenguer, una vez transcurridos los tres días, cada uno hizo gran convite un día distinto; y el martes convidó el señor infante En Pere al señor rey y a todos los ricoshombre, y prelados, y caballeros y ciudadanos; y pudo comer todo el que quiso. Y aquel día el señor infante En Pere celebró corte muy honrada, e hizo muchos regalos a ricoshombre, y a caballeros, y a ciudadanos, y a todo clase de gentes. Y el miércoles siguiente, el señor arzobispo de Toledo hizo lo mismo en la orden de los frailes menores en Saragossa, donde él se hospedaba. Y el jueves hizo lo mismo el señor infante En Ramon Berenguer.

¿Qué os diré? Que de este modo, con gran alegría y fiesta se mantuvo la corte, hasta el jueves por la noche, con un tiempo hermoso y claro. Y el viernes por la mañana llegó, por la gracia de Dios, una buena lluvia, que abarcó todo Aragón, y Catalunya y el reino de València y de Murcia, y duró hasta el domingo todo el día. Y de este modo la tierra, que mucho lo necesitaba, tuvo el cumplimiento de la gracia de Dios, tanto de buen señor, como de buena paz que el señor rey tenía aquel día con todo el mundo (lo que no se puede decir de ningún rey que haya en el mundo), y además gran gozo y paz con todas sus gentes, y encima bien abastecidos de buena lluvia. Y plazca a nuestro señor verdadero Dios que le dé larga vida y salud, y lo mantenga en beneficio de sus súbditos como quien es: el más gracioso señor, y el más sabio, y el mejor caballero que en el mundo haya, y el más católico, y uno de los mejores cristianos del mundo.

Y allí estuvieron sus dos benditos hijos, a saber, el infante En Pere (1138), el mayor, que ha sido jurado rey de Aragón después de él, y el menor, el infante En Jacme, que es conde de Urgell. Y cada uno de estos dos benditos infantes hijos suyos, desciñeron las espadas a gran parte de los ricoshombre que fueron ordenados caballeros, y les dieron muchos regalos y les concedieron muchas mercedes. Y así esta corte fue bendecida por Dios en todas las formas, y por madona santa Maria, y por todos sus benditos santos y santas.


NOTAS


1135. Gonela. Túnica de piel o de seda, generalmente sin mangas, usada por hombres y mujeres, y que a veces vestía el caballero sobre la armadura.

1136. La Aljafería es la sede actual del Gobierno de Aragón.

1137. La Catedral de Zaragoza, o Seo, como se la llama generalmente. No confundir con la Basílica del Pilar, aunque ambas, junto con el Ayuntamiento y la Lonja se encuentran en la misma plaza.

1138. Se trata del futuro rey Pere II el Cerimoniós o el del punyalet.

diumenge, 5 de juliol del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCXCV)

Preparatius de la festa de coronació a Saragossa. El nostre cronista hi serà present en representació de la ciutat de València de la qual era jurat.


CCXCV


Y hecho esto, partió de Barcelona y fue a la ciudad de Lleida, visitando gran parte de los lugares que había en aquel territorio. Y todo el mundo empezó a prepararse para acudir a la bendita fiesta de su coronación. Y no os diré que se prepararan únicamente los barones de su tierra, sino que de Sardenya acudieron el hijo del juez de Arborea, y el arzobispo de Arborea, y dos sobrinos del juez de Arborea; y junto con ellos acudieron, en tres galeras armadas, el honrado En Boixadors, almirante del señor rey y gobernador de Sardenya, y otros muchos hombres honrados. Y llegaron también embajadores, con grandes presentes y joyas, del rey de Tiremsé (1129), y embajadores del rey de Granada, también con grandes presentes y joyas. Y acudieron muchos hombres honrados de Castella; y muchos más hubieran venido de no ser por la guerra que había entre el rey de Castella y el noble En Joan Manuel, hijo del infante En Manuel. Y además acudieron muchos hombres honrados de Navarra, y de Gascunya, y de Proença y de muchos otros lugares; de modo que fue tan grande la congregación de gentes en la ciudad de Saragossa, el día de Pascua, que todo el mundo calculaba que habría más de treinta mil hombres a caballo.

Y el señor rey acudió a Saragossa la semana de Ramos. Y luego acudió el señor arzobispo de Toledo, su hermano. Luego acudió el señor infante En Pere, su hermano, conde de Ribacurça y de Empúries, con más de ochocientos hombres a caballo; y el señor infante En Ramon Berenguer, también hermano suyo, conde de Prades, que acudió con quinientos hombres a caballo. Luego vino el noble En Jacme de Xèrica, con quinientos hombres a caballo; y su hermano, el noble don Pedro de Xèrica, con doscientos hombres a caballo. Y luego el noble En Ramon Folc, vizconde de Cardona, también con mucha caballería. Luego vino el noble N'Arnau Roger, conde de Pallars, con gran compañía de a caballo y de a pie. Y luego, el noble En Llop de Luna, con gran caballería. Y luego, el noble En Dalmau, vizconde de Castellnou, también con gran compañía de a caballo y de otra buena gente. Y luego, el noble En Not de Montcada, con mucha compañía de buenos caballeros. Y luego, el noble En Guillem d'Angleola, con gran compañía. Y luego acudió el noble En Berenguer d'Angleola, y el noble En Ramon de Cardona, y el noble En Guillem de Cervelló, y el noble N'Eixemèn Cornell, y el noble En Pere Cornell, y En Ramon Cornell, y el noble En Pedro de Luna, y el noble En Joan Eixemenis d'Urrea, y el noble En Felip de Castre, y el noble N'Amoròs de Ribelles, y el noble En Guillem d'Erill, y el noble vizconde de Vilamur, y el noble En Ponç de Caramany, y el noble En Gilabert de Cruïlles, y el noble N'Alfonso Ferrandis d'Hixar, y el noble En Pere Ferrandis d'Hixar, y el noble En Bertran de Castellet, y el noble En Pere d'Almenara, y el noble En Gombau de Trameset, y el noble N'Artalet de Foces, y el noble N'Eixemèn Peris d'Arenós, y el noble En Sadorta d'Arenós, y el noble En Ferrer d'Abella. Y asimismo el noble En Jofré, vizconde de Rocabertí, y el noble En Bernat de Cabrera, vizconde de Montsoriu; y venía muy bien aparejados de buena caballería y buena gente, pero les llegó mensaje que la condesa d'Empúries, tía del noble En Bernat de Cabrera, había muerto, y se tuvieron que quedar; pero de sus compañías muchas acudieron. Asimismo acudió el noble En Pere d'Aragall, y muchos otros nobles de Aragón, y de Catalunya, y del reino de València, y de Murcia y de otras provincias, todos con gran caballería que sería excesivo nombrar y escribir.

Y además vino, con gran caballería, el maestre de la orden de Calatrava, y el maestre de la orden de Montesa, y el comendador de Montalbà, y el noble fraile Sanxo d'Aragón, castellano de Amposta, de la orden de caballería del Hospital de sent Joan. Y también estuvieron, el ya mencionado señor arzobispo de Toledo, y el señor arzobispo de Saragossa, y el arzobispo de Arborea ya citado, y el señor obispo de València, y el señor obispo de Lleida, y el señor obispo de Osca (1130), y el señor arzobispo de Tarragona, y muchos otros obispos, y abades y priores.

E igualmente acudimos nosotros seis que fuimos delegados por la ciudad de València, y que íbamos con gran compañía; y cada día dábamos avena a nuestros propios caballos, que eran cincuenta y dos, y con nosotros iban ciento quince personas. Y llevábamos trompeteros, y atabalero (1131), y añafil (1132) y dulzaina (1133), vestidos con la enseña real, con los pendones reales, y a caballo. Y los seis llevábamos con nosotros a nuestros hijos o a nuestros sobrinos, con armas de justar. Y mantuvimos casa abierta, desde el día que partimos de València hasta que regresamos, para que todo el mundo que quisiera comer con nosotros, pudiera hacerlo, y ya en la corte dimos a los juglares vestidos de tela de oro y otros. Y llevábamos ciento cincuenta hachones (1134) de València, cada uno de ellos de doce libras; y los pintamos de verde, con escudos reales.

Y asimismo había seis prohombres de la ciudad de Barcelona, muy bien arreglados y muy bien vestidos, con muchos hachones. Y lo mismo de la ciudad de Tortosa, que había cuatro; y asimismo de otras ciudades y villas honradas, y de todas las provincias del señor rey, y todos se esforzaban en que acudiesen muy honradamente. ¿Qué os diría? Nunca en España se celebró en ningún lugar tan gran fiesta, con tan buena gente, como lo fue esta.


NOTAS


1129. Tilimsen, en Argelia, al sudeste de Melilla.

1130. Huesca

1131. Atabalero. El que toca el atabal, timbal semiesférico de un parche.

1132. Añafil. Trompeta recta morisca de unos 80 cm. que se usó también en Castilla y otros reinos cristianos.

1133. Dulzaina. Instrumento músico de viento parecido a la chirimía, pero más corto y de tonos más altos.

1134. Hachón. Vela gruesa de cera.

dissabte, 4 de juliol del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCXCIV)

Abril de 1328. Alfons fixa el dia 3, diumenge de Pasqua pel jurament com a rei a Saragossa.


CCXCIV


Y acabado esto, pensó que igual que los santos apóstoles de nuestro señor verdadero Dios Jesucristo estaban desconsolados y tristes por la pasión de nuestro señor Dios Jesucristo, sus súbditos se encontraban en gran tristeza por la muerte del señor rey su padre; y que del mismo modo que Jesucristo, el día de Pascua, con su resurrección los alegró y reconfortó, igualmente el santo día bendito de la primera Pascua entrante, que cayó el domingo tres de abril del año mil trescientos veintiocho, él se reconfortaría y alegraría a sí mismo, y a sus hermanos, y a todos sus súbditos. Y dispuso que el citado día de Pascua, los ricoshombre, y prelados, y caballeros, y ciudadanos y villanos, acudiesen a la ciudad de Saragossa, y en ese bendito día, se ordenaría caballero y tomaría la bendita y afortunada corona, con la mayor solemnidad y fiesta que nunca hubiese habido en España en ningún tiempo, ni, en mi modesta opinión, en ninguna otra provincia. Y se escribieron cartas que se enviaron por todos sus reinos, a prelados, y ricoshombre y caballeros y villanos.

divendres, 3 de juliol del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCXCIII)

Nadal de l'any 1327, l'infant Alfons, ara ja rei Alfons IV d'Aragó, havent soterrat son pare Jaume el Just, decideix convocar corts a Barcelona per jurar el càrrec.


CCXCIII


Ahora volveré a hablaros del señor rey N'Anfòs, rey de Aragón, de València, de Sardenya y de Còrsega, y conde de Barcelona, por la gracia de Dios, que luego que el rey su padre, a quien Dios perdone y conceda la santa gloria, fuera enterrado con toda la solemnidad que le correspondía, el señor rey N'Anfòs, con todos su hermanos y todos los prelados y ricoshombre, y caballeros y ciudadanos, fue a la villa de Montblanc, y en aquella plaza celebró consejo sobre a donde iría antes, si a Aragón, o si al reino de València, o si regresaría a Barcelona, ya que él quería recibir homenaje en cada una de estas provincias, del mismo modo que habían hecho sus antepasados. Y finalmente se decidió que para recibir el homenaje de prelados, y de ricoshombre y de caballeros y de ciudadanos y de villanos, y de todos los suyos en Catalunya, debía ir a Barcelona, y allá celebrar parlamento y reuniones con todos los catalanes.

Y así él, en buena hora, fue a Barcelona con todos los prelados, y ricoshombre, y caballeros, y ciudadanos y villanos. Y envió a decir a los que no habían asistido al entierro, y que eran sus súbditos, que acudiesen a Barcelona; y mientras tanto fue visitando muchos lugares, de modo que celebró la bienaventurada fiesta de Navidad en Barcelona; y en dicha fiesta hubo poco solaz y alegría, a causa de la muerte del señor rey su padre. Y acabada la fiesta, hizo todo lo que tenía que hacer en Barcelona, de forma cumplida y graciosa; y juró los fueros y libertades y franquicias a todos los caballeros; y ellos lo juraron por señor, y como heredero del muy alto señor rey su padre, a quien Dios conceda santa gloria.

dimarts, 30 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCXC)

La rendició de Cagliari ha dut a l'expulsió dels pisans i la pacificació final (de moment) de Sardenya, i Muntaner aprofita per tornar a condemnar la República de Pisa i per establir novament un inici d'arbre genealògic partint de Jaume II d'Aragó, el Just.

Aquesta crònica, iniciada en 1325 per Ramon Muntaner, ja està arribant al seu final.


CCXC


Y así podéis comprender como por sus maldades han sido consumidos; que si no hubieran roto la primera paz que firmaron con el señor rey, todavía mantendrían el castillo de Càller y las otras plazas; pero ellos mismos, tal como antes os he dicho, fabricaron los azotes con los que han sido flagelados. Y tened por cierto que quien rompe la paz, peca contra los mandamientos de nuestro señor Dios Jesucristo, que dejó paz, y paz quería. Y así, cuídese todo aquel que prometa y firme la paz, que ciertamente queda obligado a ella, ya que así lo ha jurado y prometido; y por nada del mundo debe actuar en contra de ello ya que si así lo hace, perderá su beneficio, y Dios lo castigará.

¿Qué os diré? Que los embajadores de Pisa y el noble En Berenguer Carròs, hijo del almirante, y los otros caballeros que el señor rey les había dado como escolta, se apresuraron y llegaron al castillo de Càller, y entregaron el mensaje al juez de Arborea, que era el procurador general de Sardenya en representación del señor rey de Aragón. Y acudió al castillo de Bonaire inmediatamente; y lo mismo hizo En Felip de Boïl, que era capitán de las tropas en nombre del señor rey, y En Boixadors, que tenía el cargo de almirante. Y los embajadores de Pisa hablaron con los del castillo de Càller, y el lunes, a nueve de junio del año de la encarnación de nuestro Señor mil trescientos veintiséis, rindieron el castillo de Càller al señor rey de Aragón, y en su nombre al citado juez de Arborea, y al noble En Berenguer Carròs, y a los otros que con ellos habían entrado en el castillo de Càller, con cuatrocientos caballos armados, y con doce mil peones, todos ellos catalanes. Y entraron por la Porta de Sant Brancaç, y los pisanos salieron por la Porta de la Mar, y embarcaron en cuatro taridas y una nave que dichos oficiales les habían preparado, y que les conducirían a Pisa.

Y cuando dichos oficiales, y el noble En Berenguer Carròs y la compañía del señor rey entraron en Càller, izaron en la torre de Sant Brancaç un gran estandarte real del señor rey, y luego en cada una de las otras torres otro estandarte y muchos pendones reales menores. Y por la gracia de Dios, antes de que dichas señeras y pendones fueran izadas, no hacía nada de viento, pero en cuanto fueron izadas, se levantó un lebeche (1126), el más hermoso del mundo, que desplegó todas las señeras y los pendones. Y fue la más hermosa visión que nunca hubo para los que bien quieren a la casa de Aragón; mientras que para sus contrarios, fue motivo de mucho dolor y rencor. Y se alzó el canto del laudes, y había tantos catalanes dentro y fuera, y tantos sardos, y los de Bonaire que respondían todos juntos al laudes, que parecía que el cielo y la tierra se juntaran. Y los oficiales del señor rey y el noble En Berenguer Carròs establecieron bien la guarnición del castillo, con mucha gente buena y honorable y de buen linaje y de a pie, de tal modo que de aquí en adelante, Dios será servido para siempre; y allí se encontraran las mejores gentes en verdad y justicia, de forma que la casa de Aragón y toda Catalunya, recibirán gran honor y gloria.

Y de aquí en adelante, con la ayuda de Dios, los catalanes pueden estar seguros que serán los señores del mar; con una sola condición, sin embargo: que reconozcan, tal como el señor rey y los señores infantes sus hijos, y todos sus súbditos, que esto les llega por la gracia de Dios, y que no se enorgullezcan ni piensen que este honor y muchos más que Dios les ha concedido y les concederá, les haya venido por su valentía ni por su poder, sino tan solo por el poder y la gracia de Dios. Y si esto lo custodian en su corazón tanto señores como súbditos, tened por seguro que sus asuntos irán de bien en mejor, ya que no hay nada en el mundo por encima del poder de Dios. ¡Bendito sea él y su bendita madre, madona santa Maria, que les han concedido esta gracia!

Y mientras los catalanes celebraban esta gran fiesta en Càller y en Bonaire, los pisanos, dolidos y entristecidos, embarcaron, y zarparon hacia Pisa, una vez rendido el castillo de Càller, y el resto de plazas que poseían en Sardenya. Y Dios, por su merced, nos conceda mayor alegría que la que tuvieron en Pisa cuando vieron entrar a su gente en la ciudad; pero se reconfortaron pensando que habían conseguido la paz con el señor rey de Aragón, ya que todos se daban por muertos, de no haber podido conseguir dicha paz con el señor rey de Aragó. Y de aquí en adelante más les vale ser sabios, ellos y las otras gentes y repúblicas, de forma que no emprendan guerra contra el señor rey. Y de este modo Pisa recuperó todos los prisioneros que se encontraban en Bonaire, y los genoveses de Saona lo mismo.

Y ya podéis ver cómo acabó la alianza que habían hecho los pisanos y los de Saona, por sus pecados y por sus negocios. Y que tal renta esperen obtener de Dios todos los que no obren con verdad y justicia; que igual que Dios los ha confundido y abatido por sus malas acciones, del mismo modo nuestro señor verdadero Dios, a causa de la lealtad y la justicia que ha encontrado en la casa de Aragón, le ha concedido y le concederá tantas gracias como le concede.

Que entre otras mercedes que Dios ha concedido al señor rey En Jacme d'Aragó, le ha hecho la gracia de tener de madona la reina Blanca, hija del rey Carles tal como antes os he contado, la cual fue muy buena y santa mujer, cinco hijos y cinco hijas, a todos los cuales vio crecer y ser heredados en vida. Y os contaré cómo y de qué manera.

El primer hijo, llamado En Jacme: este señor fue procurador general de todos los reinos en nombre del señor rey su padre, y mientras administró dicha procuradoría, hizo muy firmemente justicia, tanto al mayor como al menor. Y al poco de ostentar esta señoría, renunció a ella, y a todos los reinos del mundo, y en honor de nuestro señor verdadero Dios, tomó el hábito de la orden de caballería de Montesa, y vive y vivirá, si a Dios place, mientras tenga vida, en el servicio de Dios y en dicha orden. Por lo que de aquí en adelante no volveremos a hablar de él, que ha renunciado a la señoría que podría tener en este mundo, con el fin de poseer el reino de Dios. Dios, por su merced, le conceda esta gracia.

Y luego, otro hijo llamado señor infante N'Anfòs, que es el que antes os he relatado, y que cuando el señor infante En Jacme renunció a la herencia de su padre, asumió el título de primogénito, y fue jurado, después del señor rey su padre, como señor y rey de todos los reinos del señor rey su padre. Y tuvo y asumió inmediatamente la señoría de todos los territorios, en nombre del señor rey En Jacme su padre; y realizó la conquista de Sardenya, tal como antes habéis oído; y la ha mantenido, y la mantiene, y la mantendrá para siempre, en el camino de verdad y justicia, tal como quien es, el más gracioso y mejor señor, y el mejor caballero en su persona, que nunca hubiera en el reino de Aragón, aunque muy buenos caballeros ha habido; pero así es esta bendita casa, que, por la merced de Dios, siempre va de bien en mejor, y así continuará en adelante, si a Dios place.


NOTAS


1126. Lebeche. En el litoral del mediterráneo, viento sudoeste.

dilluns, 29 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXXIX)

Any 1326. Capitulació de Cagliari. Nou tractat amb la República de Pisa, que rendeix el castell de Cagliari i adquireix el dret a comerciar per tota Sardenya.


CCLXXXIX


Cierto es que cuando el señor rey de Aragó y el señor infante N'Anfòs vieron que los pisanos se confabulaban malvada e inicuamente, tanto como podían, con el fin de obtener ayuda de muchas partes con la que poder romper el asedio del castillo de Càller, el señor rey y el señor infante empezaron a arbolar (1125) galeras y taridas, y ordenaron que todos los días saliesen caballeros y peones hacia Sardenya, y además, el señor rey de Mallorca, en cuanto el matrimonio fue firmado, hizo armar seis galeras en Mallorca y dos naves, que envió al castillo de Bonaire con gran tripulación en ayuda del señor rey de Aragón. Y asimismo acudieron muchas naves y leños de Catalunya, todos ellos repletos de buena gente de armas; de modo que en pocos días el señor rey y el señor infante habían enviado tanta caballería y tanta gente y tantas galeras, que los de dentro del castillo de Càller se tuvieron por muertos, y enviaron a decir a la república de Pisa que los socorriesen, ya que si no lo hacían, no podrían resistir más.

Y los pisanos, conociendo el gran ejército que el señor rey de Aragón había enviado, dieron su batalla por perdida, y pensaron que ya no podrían socorrer de allí en adelante al castillo de Càller, e incluso que ya se conformarían con que el señor rey de Aragó los dejase vivir tranquilos en su ciudad de Pisa. Y así, enviaron embajadores con poderes suficientes al señor rey de Aragó, los cuales acudieron a Barcelona, donde encontraron al señor rey; y muy humildemente suplicaron al señor rey y al señor infante que tuviese a bien perdonarles de todo lo que habían hecho contra ellos, y que le rendirían el castillo de Càller y todo lo que poseían en la isla de Sardenya. Y el señor rey y el señor infante, movidos a piedad, tal como ellos y sus antepasados siempre han estado y están llenos de caridad y misericordia, los perdonaron y firmaron la paz con ellos, para que le rindiesen inmediata e incondicionalmente el castillo de Càller y todo lo que poseían en Sardenya. Y el señor rey les concedió la gracia de que pudiesen mercadear a salvo y con seguridad por toda Sardenya, y por el resto de sus tierras, aunque pagando ellos, a su propia costa, los peajes y los impuestos y los derechos que hubiere en vigor, y hayan sido dispuestos o lo fueren en el futuro, por el señor rey; y además que puedan tener cónsules y lonjas en las ciudades del señor rey, tal como los catalanes los tienen y las tendrán en la ciudad de Pisa. Y así, se firmó esta paz, con gran alegría de los pisanos, ya que habían encontrado merced en el señor rey y en el señor infante; y regresaron para rendir al señor rey, y en su nombre a los caballeros que el señor rey dispuso el castillo de Càller; y además a entregar el resto de plazas que todavía mantenían en Sardenya.


NOTAS


1125. Arbolar. Poner los árboles (palos) a una embarcación. Por extensión construir embarcaciones.

divendres, 26 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXXVI)

Any 1826, l'infant Alfons, el futur Alfons IV, ha donat per finalitzada la guerra a Sardenya, amb el pacte que ja ens havia explicat al capítol 279, i que ara ens torna a recordar per fer-nos avinent la responsabilitat dels republicans en la continuació de la guerra a Sardenya.


CCLXXXVI


Y al cabo de cuatro días de esto, las galeras de los genoveses y de los pisanos regresaron con gran dolor, y encontraron una nave de catalanes en la que iba el noble En Ramon de Peralta, con sesenta caballeros que el señor rey de Aragón enviaba a Sardenya; y otra nave, en la que viajaban cuarenta y ocho caballeros a las órdenes asimismo de En Ramon de Peralta, iba unas diez millas más adelante. Y así tuvieron su oportunidad al topar con el noble En Ramon de Peralta, y le atacaron dieciséis veces, aunque no pudieron conseguir nada, sino que encima perdieron trescientos genoveses, que murieron, y tuvieron muchos heridos. De tal modo se separaron de la nave, tan dolidos, que nunca oiréis hablar de ello, si no es con tristeza.

Y podéis entender qué milagro ha obrado Dios, puesto que el almirante En Carròs no perdió sino tres hombres en todas estas batallas, y En Ramon de Peralta no perdió de su nave más que un caballero salvaje (1117). Por lo que todos debe esforzarse en ir con lealtad; que quien con lealtad vaya, Dios estará con él; y quien vaya con deslealtad, Dios lo confundirá y lo guiará a su destrucción. Que todos los días se puede observar, y es un milagro evidente de cada día, que en este mundo Dios es el señor de la venganza; y lo podéis conocer ahora con el asunto de los pisanos. Que el señor infante N'Anfòs (1118) hizo la paz con ellos en el modo que antes habéis oído; y de ningún modo el señor infante N'Anfòs, ni los suyos, hubiera ido contra lo que les había prometido, y con aquella intención hizo la paz con ellos, y partió de Sardenya, y regresó a Catalunya, pensando que de entonces en adelante, no debía temer a los pisanos, ya que se encontraba en paz con ellos. Y los malvados pisanos, toda la paz que firmaron, fue un gran engaño, para que el señor infante regresase a Catalunya, y en cuanto estuviese lejos, imaginaban que podrían derrotar enseguida a los catalanes que habían quedado.

Y que esto es la verdad, comenzaron enseguida a manifestarlo, ya que inmediatamente empezaron a dotar con muchas provisiones el castillo de Càller, e hicieron grandes obras, para fortificar las murallas con contramurallas, e hicieron acudir muchos soldados de a caballo y de a pie, y fortificaron bien el castillo de Càller. Y una vez hecho todo esto, empezaron a romper todos los pactos que con el señor infante tenían, y todas las paces. ¿Qué os podría contar? Que si encontraban un catalán solitario, lo degollaban inmediatamente; así que en poco tiempo, antes de que los catalanes se hubiesen apercibido, a setenta de ellos habían asesinado y echado a un pozo. E igualmente empezaron a armar barcas, y con ellas, si una barca salía del castillo de Bonaire, iban contra ella, y la capturaban, o la hundían. Y así podéis ver cuanto se puede uno fiar de ellos, y que nunca se puede encontrar en ellos fe ni verdad; por lo que nuestro señor verdadero Dios los va destruyendo por sus malas acciones. De modo que ellos han ido fabricando los azotes con los que a sí mismos se flagelarán, y han conseguido que la guerra les vaya de mal en peor, y ya veis lo que hasta ahora les ha sucedido, y a tiempo estáis de ver lo que todavía les sucederá.

Que cuando hubieron combatido a este ricohombre, En Ramon de Peralta, se marcharon apenados, mientras que el mencionado ricohombre, alegre y satisfecho, tomó tierra con ambas naves en el castillo de Bonaire, y desembarcó la caballería que traía, y la peonada; y fueron bien recibidos por el almirante y por todos los de Bonaire, y se les hizo gran fiesta. Y al cabo de pocos días el almirante y el noble En Ramon de Peralta llegaron al acuerdo de que la caballería por tierra, y la peonada y la armada por mar, con los hombres de mar, irían a invadir Estampatx, que es la villa de Càller, la cual ella sola (1119) se encuentra bien amurallada y defendida; que todos los pollinos (1120) se encontraban en Estampatx con sus mujeres y sus hijos, ya que en el castillo de Càller no quedaban más que soldados.


NOTAS


1117. En la época relatada por esta crónica, los caballeros salvajes eran una especie de juglares al servicio de los reyes.

1118. El infante Alfons, futuro rey Alfons IV el Benigne


1119. Cuando habla de Cáller se refiere al castillo de Cagliari, mientras que Estampatx es el pueblo extramuros del Castillo.

1120. Recordemos que pollino tiene aquí el sentido de hijo de pisano y sarda

divendres, 19 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXIX)

Conquistada, ordenada i pacificada l'illa (una forma de parlar com una altra, qui podrà mai pacificar Sardenya o Còrsega?), i fetes les paus amb Pisa, l'infant Alfons torna a la península on l'espera son pare Jaume II el Just.


CCLXXIX


Y cuando todo esto acabó, el señor infante, a consejo del juez de Arborea, dejó guarnecidos los lugares y las villas, y nombró procurador general al noble En Felip de Saluça, para que con el consejo del juez llevase sus asuntos. Y dejó capitán del castillo de Bonaire y de toda aquella región al noble En Berenguer Carròs, hijo del almirante; y capitán de Sàsser, En Sentmenat, y luego, en cada uno de los lugares a otros del mismo modo. Y dejó tesoreros de la isla al honrado En Pere de Llibià, caballero, y a N'Arnau de Caçà, ciudadano de Mallorca. Y cuando hubo ordenado y enderezado todas las tierras y lugares, tanto de la isla de Sardenya como de Còrsega, dejó al noble En Felip de Saluça al frente de trescientos hombres de a caballo, de nuestra gente, soldados, y mil de a pie, y todos quedaron a sueldo del señor rey.

Y hecho esto, se despidió del juez, y del noble En Felip de Saluça, y del noble En Berenguer Carròs y de los otros; y embarcó con madona la infanta, y con toda la hueste, y regresó con toda su flota a Catalunya, sano y alegre y con gran honor. Y tomó tierra en Barcelona donde encontró al señor rey, y a madona la reina, y al señor infante En Joan, arzobispo de Toledo, hermano suyo, y al señor infante En Pere, y al señor infante En Ramon Berenguer, y al señor infante En Felip, hijo del señor rey de Mallorca, y a todos los principales de Catalunya que se habían reunido para disponer qué ayuda enviarían al señor infante en Sardenya. Y cuando el señor infante y madona la infanta hubieron desembarcado, en la costa, acudió el señor rey, y todos los infantes y madona la reina, que los recibieron con mucho honor. ¿Qué os diré? Fue muy grande la fiesta, en Barcelona, y por toda Catalunya, y Aragón, y el reino de València, de Murcia, y en Mallorca, y en Rosselló, que todas las gentes festejaron la llegada del señor infante y de madona la infanta. Y allí el señor rey y el señor infante dieron muchos regalos y muchas gracias a todos los que habían ido con el señor infante, y todos regresaron alegres y satisfechos con sus amigos.

dijous, 18 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXVIII)

Juny de 1324. Per fi arriba la pau amb la República de Pisa. Cagliari quedarà en mans pisanes sota el vassallatge català.

Les draconianes condicions imposades, que ens recorden el bloqueig de Gibraltar en temps de Franco, faran que dos anys més tard, el 1326, els pisans abandonen deixant tot Sardenya i Còrsega en mans nominalment catalanes, encara que el domini real correspon a la judicatura d'Arborea.


CCLXXVIII


¿Qué os diré? Que se manejaron muchas cláusulas de paz, pero jamás el señor infante consintió paz entre ellos si antes no le rendían el castillo de Càller. Y al fin se pactó así la paz: que la república de Pisa mantuviese el castillo de Càller en nombre del señor rey de Aragó, y que la república de Pisa le prestase vasallaje, y que se lo hubiese de librar, inexcusablemente, en cuanto lo quisiese el señor rey de Aragó, o el señor infante o sus procuradores, y lo mismo a cualquiera que tras ellos viniera; y más todavía, que la república de Pisa renunciaba a cualquier derecho que tuviese sobre la isla de Sardenya ni en ningún lugar de la isla; de otra parte, que en el castillo de Càller no quedase término ninguno sino únicamente la parte de aquella huerta que a sus pies había, ya que la otra parte pertenecía al castillo de Bonaire; por otra parte, que en el castillo de Càller no se mercadease sino con Pisa; item más, que ningún leño osara atracar en el puerto si no era de Pisa; más todavía, que ningún sardo se atreviese a venir a vender ni a comprar nada, sino que los del castillo de Càller tuviesen que venir a comprar cualquier cosa al castillo de Bonaire; item más, que los pisanos deberían ayudar al señor rey de Aragón y a los suyos contra cualquiera que viniese a la isla de Sardenya a hacer pillaje; y el señor infante les prometió, que de la misma forma que el resto de mercaderes, podrían mercadear por toda la isla y por el resto de tierras del señor rey de Aragó, tal como otros extranjeros lo hacían, siempre que pagaran idénticos impuestos a los que los mercaderes catalanes pagaban en Pisa.

Y cuando todo esto se firmó y se juró por ambas partes, la señera del señor rey de Aragón, con cien caballeros del señor infante, penetró en el castillo de Càller y fue izada en la más alta torre del castillo de Càller. Y así fue proclamada la paz y firmada, y se abrieron las puertas de Càller, y pudo entrar todo el mundo; y los pisanos y los pollinos (1081) de Càller, podían hacer lo mismo en el campamento y en el castillo de Bonaire. Y cuando esto acabó, el señor infante envió al honrado En Boixadors a Pisa con los embajadores de Pisa, para que la república alabase y otorgase lo que se había firmado; y así lo alabó y lo otorgó la república.

Y cuando los de Còrsega (1082) supieron esto, los de Bonifaci (1083) y de otros lugares de Còrsega acudieron al señor infante y le rindieron homenaje. Y de este modo el señor infante fue señor de toda Sardenya y de toda Còrsega; y si bien lo miráis, mucho más honor consiguió él con que la república de Pisa fuese su terrateniente, y que los pisanos fuesen sus vasallos, que si hubiese tomado el castillo de Càller. Y por otra parte, el castillo de Bonaire fue repoblado de tal forma, que antes de que pasaran cinco meses, había sido amurallado y edificado, y repoblado exclusivamente de catalanes, más de seis mil hombres armados; por lo que de aquí en adelante el castillo de Bonaire podría someter perfectamente al castillo de Càller si los pisanos se quisieran rebelar.


NOTAS


1081. Pollinos: hijos de matrimonio entre sardos y pisanos

1082. Córcega.

1083. Bonifacio. Ciudad del sur de Córcega frente a Cerdeña

dimecres, 17 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXVII)

Hom prepara un nou estol de vint galeres lleugeres que s'incorporaran en quant estiguen a punt a la guerra en Sardenya contra Pisa.

Arribada d'ambaixada pisana a Sardenya per tractar la pau.


CCLXXVII


Ahora dejaré de hablar de ellos, y hablaré del señor rey de Aragó, que tan pronto como recibió las noticias que el señor infante le había enviado sobre la batalla que había ganado, ordenó inmediatamente construir veinte galeras ligeras entre Barcelona y València.

Y construidas las veinte galeras, las hizo calafatear enseguida, y puso mesa de contratación en Barcelona para ocho de las galeras, y en Tarragona para dos, y en Tortosa para otras dos, y en València para ocho. De cuyas ocho galeras de València fuimos encargados el honrado En Jacme Escrivà, y yo mismo, para que las armásemos; y así se cumplió, que en pocos días las ocho galeras de València estuvieron armadas, y acudieron a Barcelona. Y cuando llegaron a Barcelona, se prepararon todas las otras, y el señor rey dispuso que fuese capitán de las mismas el honrado En Pere de Bell-lloc, un muy buen y experto caballero que reside en Vallès. Y las veinte galeras partieron de Barcelona, y en pocos días llegaron a Càller; y cuando el señor infante las divisó, sintió gran alegría y gozo, y los de Càller se tuvieron por derrotados, que bien veían que de aquí en adelante no les cabía tener esperanza de ayuda de las galeras de Pisa y de Gènova, ya que estas las echarían a pique.

Y en esto llegó embajador de Pisa, que trató con misser Bernobó Dòria para alcanzar la paz entre el señor infante y la república de Pisa.

dilluns, 15 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXV)

L'estol pisà, sota el comandament del comte Ner arriba disposat a aixecar el setge de Cagliari. Comença la batalla per la ciutat.

Assistim a una de les més èpiques descripcions d'aquesta crònica. Finalment, els pisans són derrotats i els catalans continuen amb el setge de Cagliari.


CCLXXV


Y este fue el socorro que recibieron: llegó el conde Ner como jefe, conduciendo mil doscientos hombres de a caballo, de los cuales ochocientos eran alemanes, a los que se considera los mejores caballeros del mundo, y el resto pisanos; y traía también seis mil hombres de a pie, entre los que había malvados sardos de Caboterra (1078) que se mezclaron con ellos, y peones toscanos y marquesanos con largas lanzas, que cada uno de ellos vale por un caballero; y treinta y seis galeras entre pisanas y genovesas, y muchas taridas y leños que transportaban caballeros y caballos. Y arribaron a Caboterra, y allí desembarcaron la caballería, y todos los peones, y cuatrocientos ballesteros que tenían. Y cuando los hubieron desembarcado, toda la flota puso rumbo a la isla Rossa (1079), donde hay un buen puerto. Y las taridas estaban todas encastilladas, y se pusieron en escuadra para mejor defenderse.

Y cuando acabó este desembarco, las galeras acudieron hacia Castell de Càller (1080), y el señor infante hizo armar treinta galeras, y ni una más; y él personalmente subió en las galeras, y salió a alta mar para combatir con los pisanos y los genoveses. Y aquellos fueron tan corteses que no quisieron esperarlos, sino que se retiraron tal como haría un caballero contra a un peón; de modo que todo el día estuvieron así: que cuando el señor infante ordenaba bogar, ellos huían, para más tarde regresar. De modo que el señor infante comprendió que no podía hacerles nada, por lo que desembarcó de las galeras, y dispuso que se defendieran bien las plazas; y dentro del castillo tenía quinientos hombres a caballo, con otros doscientos o más que habían acudido de entre los que habían salido de Viladesgleies por el pacto de rendición, ya que el señor infante se lo había prometido cuando salieron y le rindieron Viladesgleies. Y podéis ver como era de grande el ejército de dentro, por lo que el señor infante pensó que no debía permitir juntarse a los que habían venido con los de dentro; y así estableció el sitio de forma que si los de dentro salían para ayudar a los de fuera, los del asedio se pudieran oponer.

Y mientras el señor infante disponía todo esto, las galeras de los pisanos y de los genoveses se acercaban a las galeras del señor infante. Y el almirante desarmó todas sus galeras, excepto veinte, en las que embarcó pensando que lo esperarían para la batalla. Pero aquellos no quisieron, de modo que el almirante les envió mensajero diciendo que si querían combatir con él saldría con quince galeras; y tampoco quisieron. Y entonces el señor infante y el almirante comprendieron qué bien les hubieran venido las veinte galeras ligeras que yo les había predicado en mi sermón; que por cierto, si las hubiesen tenido, ni siquiera cuarenta galeras de pisanos y de genoveses se hubieran atrevido a venir, puesto que mientras las veinte las perseguían, las otras se les hubieran puesto a la espalda; y así podéis entender qué gran error fue este.

Ahora dejaré de hablar de las galeras, y volveré a hablaros del señor infante y de sus enemigos.

Cuando el señor infante hubo dispuesto con el almirante los asuntos del mar y del asedio, y hubo ordenado que el almirante fuese capitán general de todo, eligió a los que con él debían ir; y no quiso llevar consigo más que cuatrocientos caballeros armados, y cincuenta caballos ligeros, y dos mil hombres de a pie, entre almogávares y peones de mesnada. Y cuando llegó la madrugada, a la salida del sol, empezó a salir, con la caballería y los hombres de a pie, al encuentro del conde Ner, y se situó, listo para la batalla, entre él y el castillo, allá donde el conde Ner tenía que venir,. Y estando así, vieron acudir al conde Ner, escuadras alineadas, sus batallones y toda su gente ordenados, tal como nunca se viera venir a un ejército en orden de batalla. Y el señor infante, que los vio, dispuso a su gente del mismo modo; y entregó el mando de la vanguardia a un hombre noble de Catalunya llamado En Guillem d'Angleola, y él, con su señera, y con toda la caballería, se situó en un grupo compacto, y la infantería se situó en el lado en que los otros tenían la suya. ¿Qué os diré? Los ejércitos se aproximaron, y el conde Ner, aconsejado por un valiente caballero, llamado Orrigo, alemán, que había escapado del sitio de Viladesgleies, y que conocía al señor infante, dispuso que doce caballeros acompañaran al mencionado Orrigo, tudesco, y que no se cuidasen más que de la persona del señor infante. Y asimismo el señor infante dispuso que diez hombres de a pie, no se separasen de su estribo, y que un número dado de caballeros defendiesen su persona y su señera, ya que el señor infante pretendía no separarse de su señera.

¿Qué os diré? Cuando se encontraron las huestes, ambos bandos espolearon vigorosamente, de modo que nunca vierais batalla más cruel, que fueron con tanta furia unos contra otros como nunca se había visto; y tan fuerte empujaron los tudescos a nuestra caballería, que los doce caballeros, con aquel Orrigo, alemán, llegaron hasta donde se encontraba el señor infante. Y el señor infante, que vio que aquellos venían indudablemente contra él, atacó al primero con la lanza, con tal golpe, que lo traspasó de parte a parte, de forma que lo dejó tendido en tierra y muerto; y tras ésto echó mano de la maza, y se lanzó sobre otro, y tal mazazo le dio contra el yelmo, que le hizo volar los sesos. ¿Qué os diré? Que a mazazos en tierra, muertos, dejó a otros cuatro hasta que rompió la maza, y entonces echó mano de la espada, y con la espada en la mano hizo tal círculo, que nadie osaba ponérsele delante. Y cuando de los doce caballeros, siete vieron que cinco habían muerto ya a manos del señor infante, y contemplaron las maravillas que hacía, determinaron atacar todos a una contra el caballo del señor infante para obligarlo a descabalgar. Y así lo hicieron, que todos juntos aguijonearon, y le mataron el caballo, con lo que el señor infante fue a parar a tierra junto con su caballo; y al tiempo que a su caballo, mataron al portaestandarte, con lo que la señera cayó a tierra. Y estando el señor infante en tierra, le cayó la espada de las manos, el trozo que le quedaba, menos de la mitad, porque ya había perdido anteriormente la otra parte, ya que se le había roto en dos trozos. Y no olvidó en qué situación estaba, sino que se libró de la silla y del caballo, que tenía encima, tal como el fuerte caballero que era, y el de mayor coraje que en el mundo haya, y sacó el bordón que llevaba al cinto, y vio su señera en tierra, y con el bordón en la mano, levantó su señera, y la enderezó, y la mantuvo abrazada. Y en esto, un caballero de los suyos, llamado En Bernat de Boixadors, descabalgó y le tomó la señera, y le entregó su caballo al señor infante, montándolo inmediatamente el señor infante, e hizo que un caballero tomara la señera. Y en cuanto hubo izado la señera, se vio ante los siete caballeros y reconoció a Orrigo el tudesco; y con el pomo de su bordón al pecho, embistió contra él, y le dio tal golpe en el pecho que lo traspasó de parte a parte; y cayó muerto en tierra, de modo que ya no tuvo ocasión de regresar a Alemanya a narrar historias de esta batalla.

¿Qué os diré? Cuando sus compañeros vieron morir al citado Orrigo, se dispusieron a huir, pero entre el señor infante y los que con él estaban, de tal modo les atacaron que quedaron los doce en el campo, de los cuales, ocho murieron a manos del señor infante. Y una vez hubieron muerto, el señor infante espoleó hacia delante con su señera; y entonces se vieron tales hazañas que nunca se había visto antes batalla tan ardua, con tan poca gente como eran. Y en aquella cabalgada el señor infante se encontró con el conde Ner, y, con una lanza que había tomado de un infante, le dio tal golpe en el primer cuadrante del escudo, que lo lanzó a tierra. Y fue un milagro que, a la fuerza, los tudescos y los pisanos consiguieran montar a caballo al conde Ner, el cual había sido herido con más de diez heridas; y en cuanto se vio a caballo, en medio de la gran refriega, abandonó la batalla, y con diez hombres a caballo huyó al castillo de Càller; y encontró a la caballería del castillo de Càller, que eran quinientos, y estaban esperando afuera el resultado de la batalla, que no osaban entrar en la pelea, ya que si lo hacían, el almirante se les situaría a su espalda. Y el almirante, no abandonaba el asedio; de forma que todos se encontraban a la vista. De modo que cuando los de Càller vieron al conde Ner, se tuvieron por perdidos. ¿Qué os diré? Que fue tan árdua la batalla, que de repente, se separaron todos, los tudescos y los pisanos que quedaban, y se agruparon para su defensa en un montículo; y el señor infante, con los suyos, lo mismo; que parecía un torneo de diversión, y unos se guardaban de los otros.

Ahora os hablaré de los hombres de a pie.

Cuando los almogávares y los peones de mesnada vieron que empezaba la batalla de los caballeros, doscientos de entre ellos, rompieron sus lanzas, y se lanzaron contra los caballos, a destriparlos; mientras que los otros atacaban a la infantería contraria, de forma tan fuerte que con sus dardos, cada uno mató a otro, y luego corrieron contra ellos en tal forma, que en una hora escasa los habían derrotado y muerto. Y en el lago se ahogaron de dos mil al alza, y todos los otros murieron; ya que a los que huían o se escondían entre los matorrales, o se adentraban en la isla, los encontraban los sardos, y no dejaban ni a uno con vida; por lo que todos murieron.

Y cuando el señor infante y los suyos hubieron reposado un poco, se lanzaron de nuevo, agrupados, contra sus enemigos. Y aquellos hicieron lo mismo, salvo unos ochenta hombres de a caballo, del conde Ner, que al no encontrarlo, y ser la batalla tan fuerte y tan dura, regresaron a Càller. Y los otros combatieron, de forma que si la batalla fue dura en el primer asalto, más fuerte fue todavía en el segundo, a pesar de ser tan poca gente. Y el señor infante fue herido de un bordonazo en la cara; y cuando vio resbalar la sangre por la cara y por el pecho, todavía se enardeció más, que ni siquiera un león sería capaz de atacar a los que le hubieran hecho daño, tal como él hizo. ¿Qué os diré? Que con el bordón en la mano daba tales estocadas, que pobre de aquel al que alcanzaba, que con un golpe tenía bastante. ¿Qué os diré? Que de esta forma iba por el campo, unas veces aquí, otras allá, y nadie duraba frente a él; y tanto consiguió en una hora escasa con los suyos, todos ellos inmejorables, ricoshombre, caballeros y ciudadanos, que sus enemigos quedaron todos muertos y vencidos, no pudiendo escapar, entre los que se refugiaron en Càller y los que huyeron y consiguieron alcanzar su flota, más de doscientos; y ni siquiera esos hubieran podido huir de no ser por la preocupación que el señor infante mostraba sobre el asedio.

Y así el señor infante y los suyos levantaron el campo; y con gran alegría y enorme botín, regresaron a su campamento. Y la flota de los pisanos, con gran dolor regresaron y empezaron a huir, y arribaron a Pisa con su mal recado. Y el señor infante envió a Catalunya, al señor rey su padre, un leño armado, y le hizo saber cómo había sido la batalla, y le requirió para que le enviara veinte galeras ligeras, debido a los grandes escarnios que recibía de las galeras de los pisanos y de los genoveses.

Cuando el señor infante regresó al sitio, todavía apretó más a los de Càller; de modo que todos los sardos que había en la isla, y que todavía no se le habían rendido, se rindieron a él. Y el juez de Arborea llegó allí con todo su ejército, a los dos días de haberse celebrado la batalla, y sintió gran alegría y gozo de la victoria que Dios había concedido al señor infante, aunque quedó muy apenado de no haber participado ni él ni los suyos en la batalla. Y podéis creerme que no fue su culpa, ya que cuando el señor infante hubo entrado en Viladesgleies, él había participado en el sitio con todo su ejército; y así cuando el señor infante hubo conquistado Viladesgleies, partió con su licencia, y regresó a su tierra para visitar sus lugares; y en cuanto lo hubo hecho y reunido de nuevo su ejército, volvió a Càller, de modo que ya podéis entender que llegara a la batalla dos días tarde.

Sin embargo, cuando llegó al campamento con todo su ejército, entre el señor infante, y él, y el almirante, y los otros ricoshombre estrecharon el cerco tan duramente sobre Càller, que los de dentro se vieron condenados a muerte. De forma que un día sucedió que los de dentro habían enterrado al conde Ner, que había muerto de las heridas recibidas en batalla, y a gran parte de los que habían huido de la batalla y habían entrado en la ciudad; que pocos quedaban que no hubieran sufrido en sus carnes las señales del rey, esto es, tan buenos lanzazos, o mandobles que los del señor infante les habían dado; y con estas señales reales habían huido, tanto el conde Ner como los otros que de la batalla escaparon.


NOTAS


1078. Probablemente Capoterra. Al sur de Cagliari

1079. Isla Rossa. Aunque al nordoeste de la isla existe efectivamente una Isola Rossa, me inclino por pensar que se refiere más bien a la Isola dei Cavoli, frente al Porto Sa Ruxi, al nordeste de Cagliari.

1080. Supongo que se refiere al castillo de Bonaire, construido frente a Cagliari

dijous, 11 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXI)

Han passat uns anys de la mort de l'infant Ferran a Morea. Corre l'any 1322. El Casal d'Aragó, tots a una, com una empresa familiar ben avinguda, inicien la conquesta del Regne de Sardenya i Còrsega, atorgat per Bonifaci VIII en la pau de Caltabellotta (1302-1303) a Frederic de Sicília, com a compensació per la renúncia d'aquest a Nàpols i els territoris peninsulars del regne de Sicília.

I Muntaner, el nostre cronista, malalt a València. Però enviarà els seus consells, com veurem al capítol següent.


CCLXXI


Verdad es que el señor rey En Jacme d'Aragó (1064) vio a sus hijos grandes y altos y buenos; y celebró cortes en la ciudad de Gerona, a las que asistió el señor rey En Sanxo de Mallorca, y todos los barones de Catalunya. Y allí se publicó que sin falta enviase a su hijo, el infante N'Anfòs (1065), a la conquista del reino de Sardenya y de Còrsega (1066), puesto que suyas debían ser, ya que le parecía, a él y a sus gentes, que gran falta era no conquistarlas, ya que desde hacía tanto tiempo le correspondían como rey. Y todo el mundo lo tuvo a bien, y especialmente el señor rey de Mallorca; y le ofreció que armaría veinte galeras a su costa con gastos a su cargo, y enviaría doscientos hombres de a caballo y mucha gente de a pie.

Y luego de haber hecho esta oferta, todos los ricoshombre, y las ciudades, y arzobispos y obispos, y abades y priores le ofrecieron apoyo, cada cual a su costa; de forma que la ayuda que el señor rey encontró en Catalunya fue tan grande, que fue una gran milagro. Y después fue a Aragón; y del mismo modo fue enorme la ayuda que se le ofreció; y en el reino de València, lo mismo. ¿Qué os diré? Que de tal modo se esforzó todo el mundo, que bien puede uno decir que nunca tan gran ayuda tuvo señor alguno de sus súbditos, como él tuviera de los suyos. E inmediatamente, regresó en buena hora a Barcelona, e hizo construir sesenta galeras y muchos leños armados, y fletó muchos leños y taridas, y dispuso que con el señor infante habían de pasar todos los de Aragón, y del reino de València, y del reino de Murcia, y de Catalunya. Y asimismo el señor rey de Mallorca hizo construir veinte galeras nuevas, y luego alistó a los caballeros y a las compañías de a pie para que fuesen con la caballería, y dispuso mesa de alistamiento inmediatamente. Y de tal forma lo hizo, que cuando las galeras estuvieron listas, todos los hombres habían sido ya contratados. Y asimismo el señor rey En Jacme d'Aragó, y el señor infante N'Anfòs, y el señor infante En Pere iban de acá para allá disponiendo toda la expedición, y apresurando a todo el mundo.

Y es cierto que todo el mundo está obligado a aconsejar a su señor en lo mejor que pueda, tanto el grande, como el mediano, como el menor; y si por ventura no es quién para poder dirigirse al rey, si algo sabe o conoce, debe decirlo a quien pueda, a su vez, decírselo al señor rey, o bien transmitírselo por escrito, puesto que el señor rey es tan sabio, que si entiende que es bueno, lo hará; y si no, lo dejará, y no quedará por eso, y el que lo habrá dicho con buena intención, habrá salvado su conciencia y habrá cumplido con su deber. Por lo que yo, cuando la expedición fue hecha pública, escribí un sermón que envié a través de En Comin al señor rey y al señor infante, con mis consejos para una mejor expedición, sermón que ahora escucharéis. Y lo envíe a Barcelona, puesto que yo me encontraba enfermo.


NOTAS


1064. Jaume II d’Aragó, el Just

1065. El futuro rey Alfons IV el Benigne. Nacido el 1299, tiene por tanto 23 años.

1066. Reino de Cerdeña y Córcega, cuyo dominio había sido otorgado a Frederic de Sicilia por el papa Bonifacio VIII, en la paz de Caltabellotta, como compensación a la renuncia de Frederic a Nápoles y los territorios peninsulares del reino de Sicilia.

1067. El infante Pere d’Aragó, conde de Ribagorça, Empúries i Prades. Nacido en 1305, tiene, por tanto 17 años.