Ahir, un altra persona va ser assassinada a mans d'ETA. Ahir, un altre atemptat tornà a segar la vida d'una persona. Ahir, tots hem estat, de nou, una mica assassinats també. Fins a quan?
I tornem a fer manifestacions, i tornem a cridar la nostra raó, i tornem a dir que cap idea mai no pot valdre un sol mort, i en van...
Però avui vull ser políticament incorrecte. Vull tornar a recordar el que sempre he dit i no em cansaré de dir: aquesta lacra només s'acabarà amb una negociació final, al voltant d'una taula. I el nostre deure, amb tot el dolor, amb totes les llàgrimes, és el de seguir construïnt la taula que utilitzarem, i buscant els interlocutors que ens puguin garantir que no estem parlant amb la paret, els interlocutors fiables que ens puguin dir, açò ja s'acabat, ja era hora.
I això difícilment ho podrem aconseguir deixant fora de la circulació política aquests més de dos-cent mil votants de l'esquerra abertzale
Així que vull posar sota la vostra consideració l'article de Vicent Partal a Vilaweb "La pau", que podeu llegir a l'enllaç anterior.
Aquí va la meua traducció:
LA PAZ
Finalizan la tarea en una semana: ni referendum, ni ninguna grieta legal para la izquierda aberzale. Y acto seguido estallan tres coches bomba y muere un militar. Y el presidente vasco habla de "asco" para la bomba buscando el adjetivo más contundente, mientras que el presidente de Cantabria lo acusa, al presidente vasco, de ser lo mismo que ETA, algo en lo que coinciden muchos patriotas españoles, por imposible que pueda parecer. Y hay los minutos de silencio y el ritual colectivo. y las declaraciones de la izquierda patriota vasa. Y la teatral discusión entre PP y PSOE que acompaña a cada posible regateo de votos...
Pero, entre tanto, hay un muerto más que sumar a la lista, que también podría haberse evitado. Un muerto más, siendo así que uno solo ya era demasiado. Uno más que nos acerca a los novecientos. Muertos, la gran mayoría, por ETA, pero también muertos por los GAL de la Moncloa socialista, y por los batallones parapolicíacos de la UCD, y por la policía disparando en la calle o apretando demasiado en los centros de tortura, y por los gobiernos de España en pleno, con el "enterado" de Franco y Fraga Iribarne al pie de la firma de la pena de muerte. Ahora han matado a un brigada, un militar español. Pero podría haber sido cualquier otro.
Y lo peor de todo es que el territorio político parece cada vez más pequeño, nuevamente. Se había abierto, muy lentamente y con mucho esfuerzo, estos últimos años, un espacio para hablar, para imaginar un futuro que pusiera fin a todo ésto, pero lo han cerrado del todo, a base de miedo, de incompetencias y de políticas baratas de andar por casa. Y permanecerá cerrado, me temo, un montón de años. Los unos hacen temblar la democracia con leyes vergonzosas; los otros la matan con muertos que no habrían de morir. Ya lo sé que no es igual, que no es lo mismo, pero causa el mismo efecto: cada vez queda menos espacio para la política, y de nuevo parece que entremos en el túnel más negro, todos del brazo. Los que estamos a favor de la independencia del País Vasco y los que creen en la unidad del estado español.
ETA, publicitariamente desarticulada miles de veces, ha puesto en veinticuatro horas no uno, ni dos, sino tres coches bomba. No es una sorpresa; exactamente, es un aviso de lo que puede pasar, pero todos sabemos que mientras no desaparezca ETA no se podrá hablar de futuro libre para Euskadi. Por más bombas que lleguen a poner. Pero, no reside aquí todo el problema. Ojo también con los que confunden la paz con la derrota del contrario o con los que quieren vestirse con la bandera de la paz como si eso pudiera esconder los colores de la bandera con la que realmente se arropan. Porque también sabemos que, sin la aceptación de la política, no habrá ningún futuro libre para Euskadi, pero tammpoco habrá una paz estable para España. Y expulsar a doscientos mil o trescientos mil vasco del sistema político no nos acerca a la derrota de ETA: simplemente la alimenta.
En el País Vasco todos han de poder hablar y sentarse a dialogar con libertad sin amenazas ni imposiciones de nadie, sin objetivos finales favorables a unos o a otros. No hay ninguna otra solución, como hemos observado repetidamente por todo el mundo estas últimas décadas. La paz únicamente puede llegar de la mano del diálogo de todos y desde la democracia expresada en las urnas, pero sin barreras ni límites. Hablando y dialogando desde la izquierda aberzale hasta el Partido Popular, porque todos son vascos y porque el País Vasco les pertenece a todos por igual.
I tornem a fer manifestacions, i tornem a cridar la nostra raó, i tornem a dir que cap idea mai no pot valdre un sol mort, i en van...
Però avui vull ser políticament incorrecte. Vull tornar a recordar el que sempre he dit i no em cansaré de dir: aquesta lacra només s'acabarà amb una negociació final, al voltant d'una taula. I el nostre deure, amb tot el dolor, amb totes les llàgrimes, és el de seguir construïnt la taula que utilitzarem, i buscant els interlocutors que ens puguin garantir que no estem parlant amb la paret, els interlocutors fiables que ens puguin dir, açò ja s'acabat, ja era hora.
I això difícilment ho podrem aconseguir deixant fora de la circulació política aquests més de dos-cent mil votants de l'esquerra abertzale
Així que vull posar sota la vostra consideració l'article de Vicent Partal a Vilaweb "La pau", que podeu llegir a l'enllaç anterior.
Aquí va la meua traducció:
LA PAZ
Finalizan la tarea en una semana: ni referendum, ni ninguna grieta legal para la izquierda aberzale. Y acto seguido estallan tres coches bomba y muere un militar. Y el presidente vasco habla de "asco" para la bomba buscando el adjetivo más contundente, mientras que el presidente de Cantabria lo acusa, al presidente vasco, de ser lo mismo que ETA, algo en lo que coinciden muchos patriotas españoles, por imposible que pueda parecer. Y hay los minutos de silencio y el ritual colectivo. y las declaraciones de la izquierda patriota vasa. Y la teatral discusión entre PP y PSOE que acompaña a cada posible regateo de votos...
Pero, entre tanto, hay un muerto más que sumar a la lista, que también podría haberse evitado. Un muerto más, siendo así que uno solo ya era demasiado. Uno más que nos acerca a los novecientos. Muertos, la gran mayoría, por ETA, pero también muertos por los GAL de la Moncloa socialista, y por los batallones parapolicíacos de la UCD, y por la policía disparando en la calle o apretando demasiado en los centros de tortura, y por los gobiernos de España en pleno, con el "enterado" de Franco y Fraga Iribarne al pie de la firma de la pena de muerte. Ahora han matado a un brigada, un militar español. Pero podría haber sido cualquier otro.
Y lo peor de todo es que el territorio político parece cada vez más pequeño, nuevamente. Se había abierto, muy lentamente y con mucho esfuerzo, estos últimos años, un espacio para hablar, para imaginar un futuro que pusiera fin a todo ésto, pero lo han cerrado del todo, a base de miedo, de incompetencias y de políticas baratas de andar por casa. Y permanecerá cerrado, me temo, un montón de años. Los unos hacen temblar la democracia con leyes vergonzosas; los otros la matan con muertos que no habrían de morir. Ya lo sé que no es igual, que no es lo mismo, pero causa el mismo efecto: cada vez queda menos espacio para la política, y de nuevo parece que entremos en el túnel más negro, todos del brazo. Los que estamos a favor de la independencia del País Vasco y los que creen en la unidad del estado español.
ETA, publicitariamente desarticulada miles de veces, ha puesto en veinticuatro horas no uno, ni dos, sino tres coches bomba. No es una sorpresa; exactamente, es un aviso de lo que puede pasar, pero todos sabemos que mientras no desaparezca ETA no se podrá hablar de futuro libre para Euskadi. Por más bombas que lleguen a poner. Pero, no reside aquí todo el problema. Ojo también con los que confunden la paz con la derrota del contrario o con los que quieren vestirse con la bandera de la paz como si eso pudiera esconder los colores de la bandera con la que realmente se arropan. Porque también sabemos que, sin la aceptación de la política, no habrá ningún futuro libre para Euskadi, pero tammpoco habrá una paz estable para España. Y expulsar a doscientos mil o trescientos mil vasco del sistema político no nos acerca a la derrota de ETA: simplemente la alimenta.
En el País Vasco todos han de poder hablar y sentarse a dialogar con libertad sin amenazas ni imposiciones de nadie, sin objetivos finales favorables a unos o a otros. No hay ninguna otra solución, como hemos observado repetidamente por todo el mundo estas últimas décadas. La paz únicamente puede llegar de la mano del diálogo de todos y desde la democracia expresada en las urnas, pero sin barreras ni límites. Hablando y dialogando desde la izquierda aberzale hasta el Partido Popular, porque todos son vascos y porque el País Vasco les pertenece a todos por igual.