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1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children

traductor

Charles Darwin quotation

Ignorance more frequently begets confidence than does knowledge: it is those who know little, and not those who know much, who so positively assert that this or that problem will never be solved by science

Jean-Baptiste Colbert quotation

L'art de l'imposition consiste à plumer l'oie pour obtenir le plus possible de plumes avec le moins possible de cris

Somebody quotation

El miedo es la via perfecta hacia el lado oscuro. El miedo lleva a Windows, Windows a la desesperacion, esta al odio hacia Bill Gates y ese odio lleva a LINUX

Vares Velles

Vares Velles
Al Tall

Això és Espanya (vara seguidilla) per Al Tall

dimarts, 16 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXVI)

Els de Cagliari fan un nou intent per trencar el setge al que els catalans els tenen sotmesos. La batalla es salda amb un nou fracàs.

Els aliats pisans comencen ja a pensar en el pacte.


CCLXXVI


Y cuando los de Càller vieron muerto al conde Ner, y se vieron en tales estrecheces, un día a la hora de mediodía, que hacía gran calor, y era sábado, y los del castillo de Bonaire dormían y comían, tanto el señor infante como el resto del ejército, armaron sus caballos, y se prepararon los de a caballo y los de a pie, y salieron, sin que los del sitio los vieran. Que los primeros que los avistaron fueron pescadores catalanes, que los vieron bajar del castillo de Càller, y comenzaron a gritar:

- Via fora! A las armas! A las armas!

De modo que el señor infante, que lo oyó, y dormía semiarmado, se anudó el casco de hierro y se puso el escudo; y él siempre tenía listos y ensillados dos caballos, y enseguida montó en uno de ellos. Y el primero que acudió a la puerta del sitio fue él, e inmediatamente hubo con él más de dos mil infantes, entre almogávares y peones de mesnada, y marinos; y del mismo modo acudieron los caballeros, unos armados y otros sin sus armas. Que los catalanes y los aragoneses tienen esta ventaja sobre otros soldados; que los hombres a caballo, siempre que guerrean, van vestidos con las hombreras, y con la malla en la cabeza, y tienen ensillados sus caballos; en cuanto escuchan ruido, no se preocupan de nada más, sino que toman el escudo, y el casco de hierro y montan en su caballo, y ya se tienen por bien armados, tan bien como harían otros caballeros, que tuviesen la loriga puesta o la coraza. Y los hombres de a pie tienen todos su dardo y la lanza a la puerta de su posada o de su tienda, y enseguida corren a tomar la lanza y el dardo en cuanto oyen alarma; y en cuanto tienen su dardo y su lanza, ya se consideran bien armados.

Y así cuando oyeron la alarma, salieron enseguida contra sus enemigos, de forma que decir y hacer fue una sola cosa; que los de Càller pensaban que podrían vencerles mientras se estuviesen armando, pero se vieron muy engañados, que el señor infante con la caballería les salió inmediatamente al encuentro, y, para su mala fortuna, habían llegado tan lejos, que estaban a punto de entrar por el portal del castillo de Bonaire. Y así, el señor infante les atacó tan enfurecidamente, que se vieron obligados a retroceder. ¿Queréis más detalles? El señor infante, con el almirante, que es uno de los mejores caballeros del mundo, y con los otros, empezaron a derribar caballeros y a alancearlos; y cuando hubieron roto las lanzas, con las mazas en la mano vierais dar los mayores mazazos del mundo. En cuanto a los infantes no hay ni que decir que no hacían más que alancear hombres de a caballo y de a pie. Y tanto hicieron, que de setecientos hombres a caballo que habían salido y de tres mil de a pie, no escaparon más de doscientos, que todos los otros murieron; y de la parte del señor infante, entre los de a caballo y los de a pie, no murieron más de veinte. De modo que si más campo hubieran tenido (y no hubieran podido regresar enseguida al castillo de Càller), ni uno solo hubiera podido escapar. De forma que esta jornada fue tan buena como la de la batalla, y fue de destrucción para los del castillo de Càller; y bien podéis comprender cuan valientes eran los del señor infante, que En Gilabertí de Centelles y otros penetraron en Càller, mezclados con ellos, atacando e hiriendo, que no les faltaba más que atacarse entre ellos. Y los pisanos perpetraron una gran maldad, ya que cuando los tuvieron dentro del castillo, a todos los mataron. Y tales maldades acostumbran a hacer ellos y todos los republicanos, lo que mucho desplace a Dios que de ellos tiene merced.

Y cuando el señor infante hubo encerrado de nuevo a los que escapaban en el castillo de Càller, regresó alegre y satisfecho al sitio. Y los de dentro estaban con gran dolor; y enviaron mensajes a Pisa inmediatamente para darles a conocer lo que les había sucedido, y que de allí en adelante no creían poder resistir al ejército del señor infante. Y cuando los de Pisa hubieron conocido estas nuevas, se tuvieron por derrotados, y pensaron que todo lo perderían si no conseguían restablecer la paz con el señor rey de Aragó y con el señor infante. Y de acuerdo todos ellos en esta resolución, eligieron embajadores a los que dieron todos los poderes para que tratasen sobre la paz.

dilluns, 15 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXV)

L'estol pisà, sota el comandament del comte Ner arriba disposat a aixecar el setge de Cagliari. Comença la batalla per la ciutat.

Assistim a una de les més èpiques descripcions d'aquesta crònica. Finalment, els pisans són derrotats i els catalans continuen amb el setge de Cagliari.


CCLXXV


Y este fue el socorro que recibieron: llegó el conde Ner como jefe, conduciendo mil doscientos hombres de a caballo, de los cuales ochocientos eran alemanes, a los que se considera los mejores caballeros del mundo, y el resto pisanos; y traía también seis mil hombres de a pie, entre los que había malvados sardos de Caboterra (1078) que se mezclaron con ellos, y peones toscanos y marquesanos con largas lanzas, que cada uno de ellos vale por un caballero; y treinta y seis galeras entre pisanas y genovesas, y muchas taridas y leños que transportaban caballeros y caballos. Y arribaron a Caboterra, y allí desembarcaron la caballería, y todos los peones, y cuatrocientos ballesteros que tenían. Y cuando los hubieron desembarcado, toda la flota puso rumbo a la isla Rossa (1079), donde hay un buen puerto. Y las taridas estaban todas encastilladas, y se pusieron en escuadra para mejor defenderse.

Y cuando acabó este desembarco, las galeras acudieron hacia Castell de Càller (1080), y el señor infante hizo armar treinta galeras, y ni una más; y él personalmente subió en las galeras, y salió a alta mar para combatir con los pisanos y los genoveses. Y aquellos fueron tan corteses que no quisieron esperarlos, sino que se retiraron tal como haría un caballero contra a un peón; de modo que todo el día estuvieron así: que cuando el señor infante ordenaba bogar, ellos huían, para más tarde regresar. De modo que el señor infante comprendió que no podía hacerles nada, por lo que desembarcó de las galeras, y dispuso que se defendieran bien las plazas; y dentro del castillo tenía quinientos hombres a caballo, con otros doscientos o más que habían acudido de entre los que habían salido de Viladesgleies por el pacto de rendición, ya que el señor infante se lo había prometido cuando salieron y le rindieron Viladesgleies. Y podéis ver como era de grande el ejército de dentro, por lo que el señor infante pensó que no debía permitir juntarse a los que habían venido con los de dentro; y así estableció el sitio de forma que si los de dentro salían para ayudar a los de fuera, los del asedio se pudieran oponer.

Y mientras el señor infante disponía todo esto, las galeras de los pisanos y de los genoveses se acercaban a las galeras del señor infante. Y el almirante desarmó todas sus galeras, excepto veinte, en las que embarcó pensando que lo esperarían para la batalla. Pero aquellos no quisieron, de modo que el almirante les envió mensajero diciendo que si querían combatir con él saldría con quince galeras; y tampoco quisieron. Y entonces el señor infante y el almirante comprendieron qué bien les hubieran venido las veinte galeras ligeras que yo les había predicado en mi sermón; que por cierto, si las hubiesen tenido, ni siquiera cuarenta galeras de pisanos y de genoveses se hubieran atrevido a venir, puesto que mientras las veinte las perseguían, las otras se les hubieran puesto a la espalda; y así podéis entender qué gran error fue este.

Ahora dejaré de hablar de las galeras, y volveré a hablaros del señor infante y de sus enemigos.

Cuando el señor infante hubo dispuesto con el almirante los asuntos del mar y del asedio, y hubo ordenado que el almirante fuese capitán general de todo, eligió a los que con él debían ir; y no quiso llevar consigo más que cuatrocientos caballeros armados, y cincuenta caballos ligeros, y dos mil hombres de a pie, entre almogávares y peones de mesnada. Y cuando llegó la madrugada, a la salida del sol, empezó a salir, con la caballería y los hombres de a pie, al encuentro del conde Ner, y se situó, listo para la batalla, entre él y el castillo, allá donde el conde Ner tenía que venir,. Y estando así, vieron acudir al conde Ner, escuadras alineadas, sus batallones y toda su gente ordenados, tal como nunca se viera venir a un ejército en orden de batalla. Y el señor infante, que los vio, dispuso a su gente del mismo modo; y entregó el mando de la vanguardia a un hombre noble de Catalunya llamado En Guillem d'Angleola, y él, con su señera, y con toda la caballería, se situó en un grupo compacto, y la infantería se situó en el lado en que los otros tenían la suya. ¿Qué os diré? Los ejércitos se aproximaron, y el conde Ner, aconsejado por un valiente caballero, llamado Orrigo, alemán, que había escapado del sitio de Viladesgleies, y que conocía al señor infante, dispuso que doce caballeros acompañaran al mencionado Orrigo, tudesco, y que no se cuidasen más que de la persona del señor infante. Y asimismo el señor infante dispuso que diez hombres de a pie, no se separasen de su estribo, y que un número dado de caballeros defendiesen su persona y su señera, ya que el señor infante pretendía no separarse de su señera.

¿Qué os diré? Cuando se encontraron las huestes, ambos bandos espolearon vigorosamente, de modo que nunca vierais batalla más cruel, que fueron con tanta furia unos contra otros como nunca se había visto; y tan fuerte empujaron los tudescos a nuestra caballería, que los doce caballeros, con aquel Orrigo, alemán, llegaron hasta donde se encontraba el señor infante. Y el señor infante, que vio que aquellos venían indudablemente contra él, atacó al primero con la lanza, con tal golpe, que lo traspasó de parte a parte, de forma que lo dejó tendido en tierra y muerto; y tras ésto echó mano de la maza, y se lanzó sobre otro, y tal mazazo le dio contra el yelmo, que le hizo volar los sesos. ¿Qué os diré? Que a mazazos en tierra, muertos, dejó a otros cuatro hasta que rompió la maza, y entonces echó mano de la espada, y con la espada en la mano hizo tal círculo, que nadie osaba ponérsele delante. Y cuando de los doce caballeros, siete vieron que cinco habían muerto ya a manos del señor infante, y contemplaron las maravillas que hacía, determinaron atacar todos a una contra el caballo del señor infante para obligarlo a descabalgar. Y así lo hicieron, que todos juntos aguijonearon, y le mataron el caballo, con lo que el señor infante fue a parar a tierra junto con su caballo; y al tiempo que a su caballo, mataron al portaestandarte, con lo que la señera cayó a tierra. Y estando el señor infante en tierra, le cayó la espada de las manos, el trozo que le quedaba, menos de la mitad, porque ya había perdido anteriormente la otra parte, ya que se le había roto en dos trozos. Y no olvidó en qué situación estaba, sino que se libró de la silla y del caballo, que tenía encima, tal como el fuerte caballero que era, y el de mayor coraje que en el mundo haya, y sacó el bordón que llevaba al cinto, y vio su señera en tierra, y con el bordón en la mano, levantó su señera, y la enderezó, y la mantuvo abrazada. Y en esto, un caballero de los suyos, llamado En Bernat de Boixadors, descabalgó y le tomó la señera, y le entregó su caballo al señor infante, montándolo inmediatamente el señor infante, e hizo que un caballero tomara la señera. Y en cuanto hubo izado la señera, se vio ante los siete caballeros y reconoció a Orrigo el tudesco; y con el pomo de su bordón al pecho, embistió contra él, y le dio tal golpe en el pecho que lo traspasó de parte a parte; y cayó muerto en tierra, de modo que ya no tuvo ocasión de regresar a Alemanya a narrar historias de esta batalla.

¿Qué os diré? Cuando sus compañeros vieron morir al citado Orrigo, se dispusieron a huir, pero entre el señor infante y los que con él estaban, de tal modo les atacaron que quedaron los doce en el campo, de los cuales, ocho murieron a manos del señor infante. Y una vez hubieron muerto, el señor infante espoleó hacia delante con su señera; y entonces se vieron tales hazañas que nunca se había visto antes batalla tan ardua, con tan poca gente como eran. Y en aquella cabalgada el señor infante se encontró con el conde Ner, y, con una lanza que había tomado de un infante, le dio tal golpe en el primer cuadrante del escudo, que lo lanzó a tierra. Y fue un milagro que, a la fuerza, los tudescos y los pisanos consiguieran montar a caballo al conde Ner, el cual había sido herido con más de diez heridas; y en cuanto se vio a caballo, en medio de la gran refriega, abandonó la batalla, y con diez hombres a caballo huyó al castillo de Càller; y encontró a la caballería del castillo de Càller, que eran quinientos, y estaban esperando afuera el resultado de la batalla, que no osaban entrar en la pelea, ya que si lo hacían, el almirante se les situaría a su espalda. Y el almirante, no abandonaba el asedio; de forma que todos se encontraban a la vista. De modo que cuando los de Càller vieron al conde Ner, se tuvieron por perdidos. ¿Qué os diré? Que fue tan árdua la batalla, que de repente, se separaron todos, los tudescos y los pisanos que quedaban, y se agruparon para su defensa en un montículo; y el señor infante, con los suyos, lo mismo; que parecía un torneo de diversión, y unos se guardaban de los otros.

Ahora os hablaré de los hombres de a pie.

Cuando los almogávares y los peones de mesnada vieron que empezaba la batalla de los caballeros, doscientos de entre ellos, rompieron sus lanzas, y se lanzaron contra los caballos, a destriparlos; mientras que los otros atacaban a la infantería contraria, de forma tan fuerte que con sus dardos, cada uno mató a otro, y luego corrieron contra ellos en tal forma, que en una hora escasa los habían derrotado y muerto. Y en el lago se ahogaron de dos mil al alza, y todos los otros murieron; ya que a los que huían o se escondían entre los matorrales, o se adentraban en la isla, los encontraban los sardos, y no dejaban ni a uno con vida; por lo que todos murieron.

Y cuando el señor infante y los suyos hubieron reposado un poco, se lanzaron de nuevo, agrupados, contra sus enemigos. Y aquellos hicieron lo mismo, salvo unos ochenta hombres de a caballo, del conde Ner, que al no encontrarlo, y ser la batalla tan fuerte y tan dura, regresaron a Càller. Y los otros combatieron, de forma que si la batalla fue dura en el primer asalto, más fuerte fue todavía en el segundo, a pesar de ser tan poca gente. Y el señor infante fue herido de un bordonazo en la cara; y cuando vio resbalar la sangre por la cara y por el pecho, todavía se enardeció más, que ni siquiera un león sería capaz de atacar a los que le hubieran hecho daño, tal como él hizo. ¿Qué os diré? Que con el bordón en la mano daba tales estocadas, que pobre de aquel al que alcanzaba, que con un golpe tenía bastante. ¿Qué os diré? Que de esta forma iba por el campo, unas veces aquí, otras allá, y nadie duraba frente a él; y tanto consiguió en una hora escasa con los suyos, todos ellos inmejorables, ricoshombre, caballeros y ciudadanos, que sus enemigos quedaron todos muertos y vencidos, no pudiendo escapar, entre los que se refugiaron en Càller y los que huyeron y consiguieron alcanzar su flota, más de doscientos; y ni siquiera esos hubieran podido huir de no ser por la preocupación que el señor infante mostraba sobre el asedio.

Y así el señor infante y los suyos levantaron el campo; y con gran alegría y enorme botín, regresaron a su campamento. Y la flota de los pisanos, con gran dolor regresaron y empezaron a huir, y arribaron a Pisa con su mal recado. Y el señor infante envió a Catalunya, al señor rey su padre, un leño armado, y le hizo saber cómo había sido la batalla, y le requirió para que le enviara veinte galeras ligeras, debido a los grandes escarnios que recibía de las galeras de los pisanos y de los genoveses.

Cuando el señor infante regresó al sitio, todavía apretó más a los de Càller; de modo que todos los sardos que había en la isla, y que todavía no se le habían rendido, se rindieron a él. Y el juez de Arborea llegó allí con todo su ejército, a los dos días de haberse celebrado la batalla, y sintió gran alegría y gozo de la victoria que Dios había concedido al señor infante, aunque quedó muy apenado de no haber participado ni él ni los suyos en la batalla. Y podéis creerme que no fue su culpa, ya que cuando el señor infante hubo entrado en Viladesgleies, él había participado en el sitio con todo su ejército; y así cuando el señor infante hubo conquistado Viladesgleies, partió con su licencia, y regresó a su tierra para visitar sus lugares; y en cuanto lo hubo hecho y reunido de nuevo su ejército, volvió a Càller, de modo que ya podéis entender que llegara a la batalla dos días tarde.

Sin embargo, cuando llegó al campamento con todo su ejército, entre el señor infante, y él, y el almirante, y los otros ricoshombre estrecharon el cerco tan duramente sobre Càller, que los de dentro se vieron condenados a muerte. De forma que un día sucedió que los de dentro habían enterrado al conde Ner, que había muerto de las heridas recibidas en batalla, y a gran parte de los que habían huido de la batalla y habían entrado en la ciudad; que pocos quedaban que no hubieran sufrido en sus carnes las señales del rey, esto es, tan buenos lanzazos, o mandobles que los del señor infante les habían dado; y con estas señales reales habían huido, tanto el conde Ner como los otros que de la batalla escaparon.


NOTAS


1078. Probablemente Capoterra. Al sur de Cagliari

1079. Isla Rossa. Aunque al nordoeste de la isla existe efectivamente una Isola Rossa, me inclino por pensar que se refiere más bien a la Isola dei Cavoli, frente al Porto Sa Ruxi, al nordeste de Cagliari.

1080. Supongo que se refiere al castillo de Bonaire, construido frente a Cagliari

diumenge, 14 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXIV)

Entrada de les tropes catalanes en Iglesias. Setge de Cagliari. La república de Pisa entra en guerra.


CCLXXIV


Desde que el señor infante hubo sitiado Viladesgleies, cada día les obligaba a combatir, y les disparaba con trabucos; y los apretaba en tal manera, que bastante mala ventura tenían, y tanta estrechez, que ciertamente no sabían qué hacer. Pero del mismo modo, el señor infante y toda su hueste sufrieron tantas enfermedades, que la mayor parte de su gente murió de enfermedades; y él mismo cayó muy enfermo, y podéis creer que hubiera estado en gran peligro de morir, si no hubiera sido por los grandes cuidados que le prodigaba madona la infanta; por lo que todos debemos agradecer su vida a Dios, y a ella. Y nunca estuvo tan enfermo el señor infante, que aceptara abandonar el sitio, ni a consejo de médicos, ni de nadie, sino que muchas veces, incluso con grandes fiebres vestía su armadura y salía a combatir. Así que por su gran esfuerzo y su buena caballería condujo a esto a la villa: que se le rindieron, de modo que el señor infante y madona la infanta, y toda la hueste, entraron dentro de la ciudad de Viladesgleies, y alojaron muy bien a nuestra gente, y dejaron allí a aquellos que el señor infante decidió que se quedaran. De modo que allí dejó un capitán, y en la ciudad de Sàsser, lo mismo.

Y luego acudió a Càller, y edificó frente al castillo de Càller, un castillo y una villa, y le llamó castillo de Bonaire. Y el asedio de Càller fue tan duro, que ni un solo hombre podía salir; por lo que podéis ciertamente entender que si hubiese venido al principio, hubiera tomado Càller en menos tiempo que Viladesgleies. ¿Qué os diré? Que los de Càller resistían y esperaban la ayuda que les tenía que llegar de Pisa; ayuda que les llegó a los pocos días de la entrada en Càller del señor infante.

dissabte, 13 de juny del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXIII)

Desembarcament de les tropes catalanes a Sardenya. Rendició de Sàssari. Setge d'Iglesias i de Cagliari.


CCLXXIII


Y habéis de saber que en cuanto el señor rey y el señor infante hubieron recaudado por sus reinos, condados y tierras cuanto necesitaban para la expedición, el señor rey juntamente con los infantes dispusieron que a fecha fijada todo el mundo acudiera a Portfangós (1071), por mar y por tierra. Y el día que se había fijado, todo el mundo se encontraba allí, incluso antes; que la gente tenía tantas ganas de ir, que no hizo falta salir por los reinos a buscarlos, sino que todos empezaron a acudir, y llegaron el triple de los necesarios; y bien se vio al embarcar, que más de veinte mil hombres de armas hubieron de quedar en tierra, ya que ni las naves, ni las galeras, ni los leños, ni las taridas, podían ya embarcarlos.

Y así, con la gracia de Dios, todos empezaron a embarcar. Y el señor rey, y madona la reina y todos los infantes se encontraban allí en Portfangós; y el señor infante N'Anfòs se despidió del señor rey su padre, y de madona la infanta su mujer, y también de madona la reina y de los infantes. Y el señor rey los acompañó hasta la barca armada a la que subieron; y madona la reina lo mismo, y los señores infantes. Y así, el señor infante y madona la infanta su esposa, embarcaron en buena hora, y todo el mundo empezó a hacer lo mismo.

Y aquel día tuvieron buen tiempo, e izaron vela. Y las veinte galeras de Mallorca, y las naves, y las taridas y los leños, salieron con él, que ya habían arribado a Portfangós; y zarparon junto con el señor infante. Y el señor rey, y madona la reina y todos se quedaron en la costa aquel día, observándolos, hasta que los perdieron de vista; y luego fueron a la ciudad de Tortosa, y el resto de la gente, cada cual se marchó hacia su casa.

Y el señor infante N'Anfòs tuvo buen tiempo, y atracó en la isla de Sent Pere (1072), con toda la flota. Y cuando todos estuvieron reunidos, fueron a Palma de Sols (1073), y desembarcaron a toda la caballería, y a la almogavería. E inmediatamente llegó el juez de Arborea (1074) con todo su poder, y lo recibió como señor; y gran parte de los sardos de la isla, e incluso los de la ciudad de Sàsser (1075), se rindieron a él. Y allí se acordó, con el consejo del juez que el señor infante fuese a sitiar Viladesgleies (1076); y esto recomendó el juez porque de Viladesgleies llegaba gran daño a su tierra, todavía mayor que el que provenía de Càller (1077) ni de cualquier otro lugar.

De modo que el señor infante puso sitio a Viladesgleies, y envió al almirante con toda su flota a sitiar el castillo de Càller, en apoyo del vizconde de Rocabertí, que ya lo tenía sitiado, el cual con doscientos caballos armados y dos mil hombres de a pie había salido de Barcelona con sus naves con anterioridad, enviado por el señor infante. Y había acampado frente a Càller, y lo tenía en tal estrechez que cada día capturaban hombres, y ya les habían arrebatado gran parte de su tierra, sobre todo de la huerta; y cuando llegó el almirante, entre el vizconde y él, podéis creer que les dieron bastante malaventura. Y en la ciudad había más de trescientos hombres de a caballo y más de diez mil de a pie.

Ahora dejaré de hablaros del vizconde y del almirante, que se entendían a la perfección en todo, como primos hermanos que eran, y volveré a hablaros del señor infante.


NOTAS


1071. Portfangós. Antiguo puerto de la ciudad de Tortosa en el delta del Ebro, en lo que actualmente es el municipio de Sant Jaume d’Enveja. Cegado desde finales del siglo XIV, al sur se formó el puerto dels Alfacs, en Sant Carles de la Ràpita.

1072. Isola de San Pietro, Cerdeña.

1073. Palma de Sulcis. Actualmente en el municipio de San Giovanni Suergiu. Cerdeña.

1074. Arborea. Ciudad de Cerdeña en el golfo de Oristano

1075. Sassari. Ciudad de Cerdeña en el golfo dell’Asinara

1076. Iglesias. Ciudad de Cerdeña

1077. Cagliari. Ciudad de Cerdeña

divendres, 12 de juny del 2009

Divendres cançó. Urzo Xuria. Teresa Salgueiro

Aquest tall número 4 d'aquest doble CD Etxea, cantat per la vocalista de Madredeus, la portuguesa Teresa Salgueiro, és una versió d'una coneguda i popular tonada de Mozart.

I, com als post anteriors, dues cases més









URZO XURIA

Izar batek zerutik
klaritatez beterik
gauaz ere argitzen dizu
beste ororen gainetik
dudatzen dut baduienez
mundu huntan parerik. (Bis)

Izar haren begia
hain da xarmagarria
koloriak xuri-gorri
perfekzionez betia
eria ere senda liro
haren begitartiak. (Bis)

Urzo xuria errazu
norat juaiten ziren zu.
Espainiako bortiak
oro elur dituzu
gaurko zure ostatu
gure etxian baduzu. (Bis)

Ez nau lotsatzen elurrak
gutiago gau ilunak.
Zurekilan pasa nitzake
gauak eta egunak
gauak eta egunak
desertu eta oihanak. (Bis)

Urzoa eder airian
ederrago mahainian.
Zure parerik ez da
Espainia guzian
ez eta ere Frantzian
iguzkiaren azpian. (Bis)


URZO XURIA

Una estrella resplandece en el firmamento y destaca
en la noche entre todas las demás;
dudo que haya otra en el mundo que se le pueda equiparar.

Es tan encantadora su mirada, su color sonrosado,
plena de perfección, su rostro podría hasta
curar a un enfermo.

Dime a dónde vas, blanca paloma.
Todos los puertos de España están cubiertos de nieve;
hospédate esta noche en nuestra casa.

No me asustan ni la nieve ni la noche cerrada,
contigo podría pasar noches y días.
Noches y días y desiertos y selvas.

La paloma es hermosa volando y más hermosa en la mesa.
No he visto otra como tú en toda España,
ni en Francia, ni bajo el sol.

URZO XURIA

Una estrella resplandeix al firmament i
destaca a la nit entre totes les altres;
dubto que n'hi hagi cap altra al món que se
l'hi pugui equiparar.

És tan encisador el seu esguard, el seu color
rosat, plena de perfecció, el seu rostre podria
fins i tot curar un malalt.

Digue'm on vas, blanc colom. Tots els ports
d'Espanya estan coberts de neu; allotja't
aquesta nit a casa nostra.

No m'espanten ni la neu ni la negra nit, amb
tu podria passar nits i dies. Nits i dies i
deserts i selves.


El colom és bonic volant i més bonic a la
taula. No n'he vist cap altre com tu en tot
Espanya, ni a França, ni sota el sol.

Crònica de Ramon Muntaner (CCLXXII)

El "Sermó" de Muntaner


CCLXXII


Sermón de Muntaner

En nombre de Dios padre, que hizo el cielo y el tron,
al mod de Gui Nantui haré un bello sermón
en honor y alabanza del casal de Aragón.
Y para que así sea, como salutación
todos si gustan digan, la Virgen nos dé el don
del sentido común, y obrar en nuestro pro
en este mundo nuestro, y que la salvación
alcancen pronto el conde, vizconde y el barón,
caballero y burgués, marinero y peón,
que este viaje a Sardenya hacen con ilusión
abandonando tierras, familia y profesión,
siguiendo al alto infante N'Anfòs, y su pendón,
que es de toda Espanya honor y exaltación.
De levante a poniente, del sur al septentrión,
vibrará todo el mundo que está en sujeción
de sus valientes padres, al rey Jacme de Aragón.
Quiero que todos sepan que éste es el león
que anunció la Sibila que con real bastón,
abatirá el orgullo de mucha alta mansión;
no diré más, pues basta a buen entendedor.

Y ahora quiero que sepáis y paréis mientes
que todo este sermón se basa solamente
en tres partes que explico y que son evidentes.
Una es la persona que predica a la gente;
la segunda es el pueblo que escucha bien y entiende;
la última el sermón que convence al oyente.
Así, de la primera, digo que locamente
sube alto en el púlpito aquel que el don no tiene
de explicar pros y contras de aquello que pretende,
y no sabe lograr que su fin sea evidente.
La segunda es el pueblo, que bien calladamente
escucharlo debiera lo más atentamente,
sabiendo retener la prédica excelente,
poco valdrá el sermón si no fuera simiente;
que el Evangelio cuenta que aquel grano se pierde
si entre piedras se echa, o espinas igualmente.
Y la tercera os digo que dar ayuda debe
al propósito claro que está en todas las mentes;
y en él se basará mi sermón, brevemente,
en este buen viaje que a todos es placiente.

Así pues, señor infante, como a vuestro vasallo,
escuchad mis razones, que bastantes trabajos
he visto en este mundo, más que otro de mi brazo.
Y por esto en el mar quered ser adiestrado
por vuestros ascendientes que hicieron mucho estrago.
No pongáis de remeros jamás un tercer banco,
los hechos nos lo cuentan, hacen un mal trabajo.
Decid al almirante que haga veinte barcos
y que los tenga listos, ligeros como pájaros.
Y así los ballesteros, que son espabilados,
cuidarán bien sus armas y firmes cual badajos,
duros como arietes, estarán siempre al tajo,
y en nada os fallarán en lo que hayáis mandado.
Porque entre vuestra gente nunca hay altercados
y un solo ánimo tienen, y todos van aunados.
Y ésta es la gran verdad, que el cristal más preciado
no prefieren, señor, al coral que es pescado
en el mar de Sardenya, y cual metal dorado
os harán, buen señor, un lazo encadenado
y se atarán con él todos vuestros vasallos.

Por esto he comenzado por los hechos del mar,
que conviene saberlos quien quiera conquistar
el reino de Sardenya; y así hará temblar
a todos si esto hace. Y esto hacer no podrá
sin llevar gente fresca para herir y atacar;
y si hay tercer banco nunca podrá alcanzar
que piloto y ballestas puedan frescos estar,
ni proel ni remeros; esto no hay que dudar.
Que al ballestero bueno librado de remar
nadie puede oponerse, ni en tierra ni por mar;
y sobre aqueste asunto bien podría explicar
muchas buenas razones, que no hay ni que alegar.
Por lo que, buen señor, Dios os quiera guardar,
vuestra marina gente, bien debéis de cuidar,
y gran poder y honor al almirante dar
queráis, que ningún otro tenga opción de mandar
si no vos; de este modo os habrá de honorar
en toda cuanta lucha pretendáis comenzar.
Cien galeras, o más, sé que podréis fletar,
y leños, y taridas, no se podrán contar.

Cincuenta velas, séñer, sé que conduciréis,
taridas, leños, naves y galeras veréis
repletas, si Dios quiere, de marinos que habréis.
Y así fácil y alegre sé que os embarcaréis
en Portfangós con quellos que bien elegiréis
y que allí esperarán. Las naves dispondréis
en orden de batalla, las pequeñas después,
de forma que enemigos no os puedan ofender
ni dañar; mucho os ruego que de ellos os guardéis.
Con gente falsa y diestra sé que combatiréis;
por eso es necesario, señor, que cuenta os déis,
para que en sus palabras, vos nunca confiéis.
Y todas las galeras, en la costa tendréis;
y en orden de batalla bien las prepararéis
de modo que estén listas; vigilando pondréis
cuatro leños armados, a quien señal daréis
y habrán de ser ligeros. De temer ya no habréis,
que nadie os haga daño, nadie que vos no améis;
Con la ayuda de Dios, la gente embarcaréis,
que os darán el honor y gozo que queréis.

Y tengo todavía para vos un recado
Y es que en cada galera siempre sea ordenado
que dos pilotos haya y un proel, no miréis en el gasto;
cuidad bien los caballos, no sean olvidados
que temo que no hayan los debidos cuidados;
pues la gente de tierra, no están acostumbrados,
y olvidan sus deberes. Por eso es bien pensado
que siempre cada cual atienda a su mandato;
y así todos irán frescos y reposados.
Y que los caballeros estén acostumbrados
a subir a la nave junto con su caballo
y toda su compaña, para que ansí, temprano,
todos en su montura, se encuentren preparados.
Si otra cosa se hiciese sería gran engaño,
que es mejor prevenir y el viaje no es largo.
Contento con los suyos, mejor que alejado
que temiera que todo fuera desbaratado.
Y esto no quiera nadie, si quiere ser loado;
que si el caballo aleja, por torpe será dado,
ya que si éste le falla, será muy despreciado.

Y así por vuestra alteza, ordenaréis, señor,
que bien almogatèn u otro jefe mayor
de la almogavería, que del mundo son flor,
vayan en las galeras, siempre en grande loor
de los sus compañeros; e irán con buen humor
y alegría en las naves, do haranles gran honor.
Todas las provisiones puestas según valor,
que para todos haya, al grand como al menor.
Y que en cada bajel nombrado haya un señor
de todas estas cosas, guardando relación.
Y meteréis en cada navío, para horror
de enemigos, ballestas tres, y así quien mal amor
os tenga, padezca con saña gran dolor.
Trabucos, maganeles (muchos o no hay perdón),
azadas, picos, palas, hombres con su azadón
miles conduciréis, y albañiles, señor,
carpinteros y herreros, sin temor al calor.
Y luego, Dios mediante, no habréis tener pavor
que villas, ni castillos, o cualquier torreón,
resistírseos puedan, salvo con gran dolor
queriendo morir presto o perdiendo su honor.
Y cuando a ésto llegue su fin sin remisión,
en el nombre del Padre, del Hijo y del Paraclitón,
y de su dulce Madre (membradla en la oración),
y de todos los santos, con gran gozo y fruición
empezad a embarcar; y que en toda ocasión
os defiendan y os guarden. Y dicen que en Maón
el buen rey de Mallorca dará tal colación,
que todos quedarán a plena satisfacción,
y que luego, señor, nadie ho reclamación.
En la isla de Sant Pere, haced restauración
con heno y con la avena de los caballos don,
y mientras, que la flota se apreste con tesón
a pasar a Sardenya, todos, el grande y el menor.
¡Ay! Quién ese día vea alegre habrá suo cor;
viendo condes, vizcondes, caballeros de honor,
y tanta gente lista, sirviendo a su señor
infante a quien Dios quiera darle su bendición,
ya que de todo el mundo es quien ha más valor,
y pase lo que pase nadie atisbó aflicción;
y en armas, en el mundo, no tiene parangón.

Todos los caballeros que os acompañarán,
son vuestros naturales, y dignos de alabar,
todos de buen linaje, no hay en el mundo par;
y los dos mil que son, ningún rey se podrá
jactar que mejor haylos. Y bastantes serán
los diez mil almogávares, que a vos os seguirán,
y los muchos peones que nunca os pedirán
que les paguéis un sueldo, que lo que ellos querrán
será solo serviros, y no os engañarán:
son vuestros naturales; y harán de modo tal
si cualquiera se opone a vuestro batallar.
Y así, señor, cuando en Sardenya podáis tierra tomar,
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espirit Sant
empezad a ir por tierra a Càller, y a quemar
villas, castillos, burgos que no os acatarán.
Y frente al bel castillo vuestra flota emplazad,
y tras la empalizada que en puerto encontrarán,
como antes he dicho, vuestra flota ordenad.
Veréis los ballesteros que el muro barrerán,
avecillas volando podrían derribar.

¿Y quién dentro de Càller tranquilo quedará
que no tenga temor, cuando a tierra saltará
En Carròs, almirante, y con él además
Tan fiero catalán, como del mar saldrá?
No será solo Càller, que el orbe temblará.
Desde que el mundo es mundo, nadie podrá mostrar
que sin ayuda hubiese, expedición aital;
ni una sola moneda hubo que demandar,
y es gente de su tierra toda. ¿Qué rey así podrá
si imitarle quisiera, su prestigio igualar?
¡Ay, cuando el estandarte en Càller ondear
se verá en la montaña, y tanto lucirá,
que a toda la gran hueste sin fin señoreará,
con tantos bravos hombres cual lo acompañarán!.
Y sé que más allá de Estampaix acampará
el buen señor infante, que bien se alegrará,
y a la fuerza, o de grado, en Càller entrará.
Y de aquí en adelante mi consejo acabará,
pues seguir no ha lugar, que a miles los tendrá
de cada siervo suyo, más Dios lo guiará.

Una cosa señor, si permitís, diré,
y no olvidéis por nada lo que os recordaré:
a nadie de repúblicas en el mando dejéis,
ni en castillo ni en villa. Creedme os pediré,
que su palabra es falsa, y no saben qué es fe,
ni nunca lo sabrán. Y no os repetiré
todas las traiciones que en días contemplé;
cuánto mal le ficieron a vuestro padre, el rey,
y al alto rey Frederic, no sé si lo sabéis,
quisieron engañar, y a su espaldas tramaron, bien lo sé,
y así Mònac recuperaron, y mucho se burlaron de él;
y a vuestro antecesor causaronle perjuicios también;
quiera Dios castigarles y yo me alegraré,
y de sus falsas bocas, jamás podré creer
que salir puedan más que mentira y doblez,
que otra cosa distinta en vida encontraré.
Mas tratad a los sardos como a gente de bien
sed su luz y su guía, hacedles la merced,
que son gente leal. Y os digo más, poned
del Montcai gente en Còrsega, del pueblo aragonés
y de la Serranía, no os arrepentiréis.

Y ahora mi sermón debe ser acabado;
y ruego al buen Dios padre, que es vera luz y faro,
que el buen señor infante le sea encomendado,
y condes, y vizcondes, barones y prelados
que con él van, y todos los nobles y preclaros;
y que dentro de poco, con gran gozo enviado
buena nueva a sus padres, y al digno rey y santo,
quien hasta que no sepa la nueva habrá penado.
Señores y Señoras, que habéis esto escuchado,
rogad a Dios que pronto a casa hayan llegado
buenas nuevas, y a todos, amigos y privados.
Y porque con Dios padre mantengáis un buen pacto,
todos en pie conviene que hayáis bien recitado
tres padrenuestros antes al Dios trino y santo
y en honor de su Madre, que nació sin pecado.
Y yo ruego a su Hijo que nos sea otorgado
que el nombre de Aragón sea siempre exaltado,
y nunca falsedades puedan de los pisanos
disponer y vencer; y que sant Jordi al lado
del señor alto infante, se sirva acompañarlo (1068).


Y este sermón envié yo al señor rey y al señor infante N'Anfòs para que no se olvidasen de lo que hacía al caso y era menester que hiciesen. Y aunque mi consejo no fuera suficiente, al menos serviría para recordar las cosas, ya que un consejo trae otro mejor, y que cada uno expone los pros y las contras. Y, por la merced de Dios, todo lo que yo explicaba en este sermón se cumplió, excepto dos cosas, que mucho me entristecieron, y todavía me entristecen y siempre lo harán. La primera fue que no se construyeran las veinte galeras ligeras; que todo el escarnio y enojo que sufrió el almirante y la hueste por culpa de las galeras de los pisanos y de los genoveses, no lo hubieran sufrido si hubieran tenido estas veinte galeras ligeras. Y la otra fue que el señor infante, con toda su caballería y su infantería, una vez tomada tierra, no se dirigiera directamente a Càller (1069), él por tierra y la flota por mar, tal como hizo la armada; que si todos juntos, por mar y por tierra, hubieran acudido contra Càller, inmediatamente hubieran tomado Càller incluso antes de tomar Viladesgleies (1070), y toda la gente se hubiera mantenido sana y fresca, y hubieran conservado sus ropas, y tiendas, y provisiones, y vino, y bebidas y frutas confitadas que cada cual traía en las galeras; que en Viladesgleies no pudieron hacer uso de nada de esto, lo que les causó graves inconvenientes. Y únicamente estas dos cosas me entristecieron; aunque de todas formas, con la gracia de Dios, todo llegó a buen término; aunque podría haber ido mejor.

NOTAS


1068. Me he permitido la licencia de intentar una rima en castellano antiguo, ya que este sermón, a diferencia del resto de esta crónica, no se encuentra escrito en catalán sino en occitano, idioma de prestigio en el que se solía escribir la poesía de la época. Para aquellos que quieran leer el original, y mejorar mi intento aconsejo la siguiente dirección sermó de Muntaner

1069. Cagliari. Capital de Cerdeña. En la provincia del mismo nombre

1070. Iglesias. Municipio en la provincia de Carboni-Iglesias.

dijous, 11 de juny del 2009

MALEÏT SIGA.

Maleït siga, i que cap advocat espavil·lat, ni cap jutge benevolent, li puguen mai estalviar els anys de presó que legalment li pertoquen, que sempre seran menys dels que realment mereix.

I parle del fill d'una puta (amb la meua més sincera petició de disculpa a les putes que cap mal m'han fet, però és com ens expressem al poble) que alguns (entre ells els diaris) qualifiquen erròniament d'empresari, aquell que s'aprofita dels immigrats sense papers per tenir una mà d'obra barata, i així guanyar més diners encara.

Parle del fill d'una puta (més disculpes a sa mare que no sé si en té part de culpa o tot el mèrit és d'ell) que manté una fàbrica de pa sense les seguretats degudes.

Parle d'aquest malànima, d'aquest pocavergonya, d'aquest criminal, i del seu fill qui, acomplint ordres de son pare, traslladarà el ferit a l'hospital, abandonant-lo a dos-cents metres, no abans d'haver llençat als fems un braç que, amb els avanços actuals, podria haver estat reimplantat.

I parle de tots aquells veïns, amics, coneguts i passetjats (i possiblement correligionaris) que el defendran senzillament perquè ell és espanyol i la víctima bolivià.

notícia a El País

notícia a Levante-Emv

MALEÏTS SIGUEN TOTS

Però especialment ell, i el fill.

I només demane que cap jutge, ni advocat, ni sursum corda, els estalvie els anys que legalment els pertoquen.

Que sempre seran molt menys anys dels que realment mereixen.