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1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children

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Charles Darwin quotation

Ignorance more frequently begets confidence than does knowledge: it is those who know little, and not those who know much, who so positively assert that this or that problem will never be solved by science

Jean-Baptiste Colbert quotation

L'art de l'imposition consiste à plumer l'oie pour obtenir le plus possible de plumes avec le moins possible de cris

Somebody quotation

El miedo es la via perfecta hacia el lado oscuro. El miedo lleva a Windows, Windows a la desesperacion, esta al odio hacia Bill Gates y ese odio lleva a LINUX

Vares Velles

Vares Velles
Al Tall

Això és Espanya (vara seguidilla) per Al Tall

dimarts, 7 de juliol del 2009

Crònica de Ramon Muntaner (CCXCVII)

Continua la descripció de la festa de coronació. Em resulta molt curiosa la insistència del cronista en dir-nos que el rei es va coronar de la seua pròpia mà, i no com sembla que era costum, de mà del bisbe oficiant.


CCXCVII


Ahora, puesto que os he contado como se reunió la corte con la gracia de Dios, os quiero narrar como el señor rey recibió la orden de caballería él mismo, y la bendita corona, y como fue a velar a la iglesia de Sent Salvador, de Saragossa, y en qué modo se celebró solemnemente la bendita caballería que recibió, y la corona bendita, y como salió de la iglesia, y como fue hasta su palacio de la Aljaferia. Y quiero que sepáis que desde la iglesia de Sent Salvador, que es la catedral de Saragossa, hasta la Aljaferia hay más de dos millas (1139). Y por esto os lo quiero contar, para que todos los que lean este libro, sepan como se ordenó caballero el rey, de su propia mano, y en qué forma se impuso él mismo la corona, y con qué solemnidad de bendiciones y de misas y muy buenas oraciones, y en que modo, llevado de las riendas, volvió a su palacio; y estas cosas es bueno que todo el mundo las conozca, sea cual sea su condición.

Y habéis de saber que el señor rey envió a decir el viernes santo, por la tarde, a todo el mundo, que el sábado por la mañana, víspera de Pascua, en cuanto hubieran rezado el aleluya, que todos dejaran el luto que llevaban todavía por el señor rey su padre, y que todos se arreglaran las barbas, y que empezaran la fiesta; e invitó a todo el mundo en general, tal como antes os he contado, durante tres días. Y así, el sábado por la mañana, en cuanto hubieron rezado el aleluya y tocaron las campanas, todo el mundo estuvo listo, tal como el señor rey había ordenado, para comenzar la bendita fiesta. De modo que con los otros que estábamos en representación de la ciudad de València, con nuestros justadores (1140) delante y nuestras trompas y atabales, y dulzaina, y tambor, y otros instrumentos, los seis, dispuestos de dos en dos, muy ricamente vestidos y enjaezados, cabalgando nuestros caballos, y lo mismo nuestros escuderos, dejamos la posada, que se encontraba dentro de la ciudad, cerca de la mencionada iglesia de Sent Salvador; y comenzamos nuestra fiesta, y fuimos por el centro de la ciudad hasta la Aljaferia. Y en cuanto hubimos comenzado, todo el mundo comenzó, así que de repente se oyó el mayor ruido, de trompas, del mundo, y de todos los otros instrumentos. Y así cabalgando, hicimos esta fiesta hasta la hora del almuerzo; y luego, cuando hubimos comido en la Aljaferia, con la misma solemnidad volvimos a nuestra posada. Y cuando hubieron tocado vísperas, todo el mundo encendió los hachones, cada cual en el sitio que le correspondía; y desde la Aljaferia hasta Sent Salvador no se vio nunca mayor cantidad de hachones. Y los hachones no se movían del lugar que les tocaba, que estaba escrito en las paredes el lugar de cada cual. Y así todos permanecíamos en orden.

Y cuando llegó la hora del toque de oración, el señor rey partió de la Aljaferia para ir a Sent Salvador, ordenadamente en la forma que oiréis. Primero llegaron a caballo todos los hijos de caballero portando las espadas de los caballeros noveles. Y una vez hubieron pasado las espadas, llegaron las espadas de los nobles que debían ser armados caballeros noveles. Y luego llegó la espada del señor rey, llevada por el noble En Ramon Cornell. Y tras la espada del señor rey, venían dos carretas llevando dos cirios, en cada uno de los cuales había más de diez quintales de cera, e iban encendidos, aunque poca falta hacía, ya que las otras luminarias eran tantas, que se podía ver como si fuese día claro. Y tras los cirios, venía el señor rey, cabalgando su caballo, con el más hermoso arnés que nunca saliera de mano de maestros, y la espada que portaban ante él, tal como ya os he dicho, era la más rica y adornada que nunca emperador ni rey llevara. Y luego del señor rey, venían detrás, con sus armas, un noble, y otros dos nobles situados a ambos lados del que portaba las armas; de este modo las armas iban con el que las llevaba entre dos nobles. Y del mismo modo iba el noble En Ramon Cornell, que portaba la espada entre dos nobles. Y después de las armas del señor rey venían todos los nobles que el señor rey debía armar caballeros noveles, y los nobles que el señor infante En Pere debía hacer caballeros noveles, y detrás de ellos los que debían ser armados caballeros por el señor infante En Ramon Berenguer; y luego los que debían ser ordenados caballeros por el noble En Ramon Folc. Y luego de dichos ricoshombre, venían los otros que debían ser armados caballeros noveles, de dos en dos, todos en orden. Y luego de ellos, cuando todos hubieron pasado, venían todas sus armas, ordenadas de dos en dos, y todas las armas de los nobles, y sus espadas eran llevadas por caballeros; y las de los otros caballeros eran portadas por hijos de caballeros. Y así, tal como ya os he dicho, en perfecto orden, iban de dos en dos tras señor rey, cabalgando en sus caballos, vestidos con ricos ropajes de oro, y con hermosos arneses; y ningún otro hombre osaba cabalgar entre ellos, salvo el señor infante En Pere y el señor infante En Ramon Berenguer, que iban vigilando que nadie se saliese del lugar que se les había ordenado.

Y así, con la gracia de Dios, y gran clamor de trompas, y atabales y dulzainas, y címbalos y otros instrumentos, y de los caballeros salvajes que gritaban a una "¡Aragó!, ¡Aragó!" y los linajes de los ricoshombre a los que pertenecían, acudieron a la iglesia de Sent Salvador; y pasaba de la medianoche cuando el señor rey llegó, con dicha compañía a la iglesia. Y allí, todos velaron juntos, unos recitando oraciones, y otros festejando y cantando a nuestro señor verdadero Dios Jesucristo; y así pasaron toda aquella bendita noche, y oyeron muy devotamente los maitines, que fueron cantados por todos los arzobispos, obispos, abades y priores, que con gran devoción rezaron todas las horas.

Y cuando fue día claro, el señor arzobispo de Saragossa se revistió para decir la misa. Y el señor rey, de su propia mano, se puso la corona, en buena hora, en el altar mayor, y la espada, y se vistió una camisa, como si fuera a decir misa; y luego, sobre la camisa se vistió la dalmática real, la más rica que nunca emperador ni rey vistiese. Y a cada prenda que vestía, el arzobispo recitaba una oración, la que figuraba en las canónicas, y es obligado recitar. Y luego se puso la estola en el cuello y sobre los hombros, tal como corresponde; y aquella estola era tan rica y con tantas piedras preciosas, que sería harto difícil decir cuanto valía. Y luego, el manípulo, también muy rico y de gran nobleza.

Y una vez acabado todo esto, el citado arzobispo de Saragossa, dijo la misa con gran solemnidad. Y cuando empezó la misa y la epístola hubo sido leída, hizo que su hermano, el señor infante En Pere, le calzase la espuela derecha, y que su otro hermano, En Ramon Berenguer, le calzase la espuela izquierda; y hecho esto, el señor rey se acercó al altar; y tomó la espada, y con ella en la mano, se echó a tierra ante el altar, en oración, y el señor arzobispo, recitó sobre él una muy buena oración. Y cuando acabó, y el señor rey hubo recitado su oración, besó la cruz de su espada, se ciñó él mismo la espada; y luego, cuando se la hubo ceñido, sacando la espada de la vaina, la blandió tres veces. Y la primera vez que la blandió, desafió a todos los enemigos de la santa fe católica; y la segunda vez que la blandió, se ofreció a proteger a huérfanos y doncellas y mujeres viudas; y la tercera vez que la blandió, prometió que haría justicia toda su vida, tanto al menor como al mayor, lo mismo a los extranjeros que a sus súbditos. Y cuando esto hubo hecho, retornó la espada a su vaina. Y cuando se cantó el Evangelio, se ofreció a si mismo y a su espada a Dios, quien siempre lo tendrá bajo su amparo, y le concederá la victoria contra todos sus enemigos. Y el señor arzobispo lo ungió con los óleos en los hombros y en el brazo derecho, cuando acabó la misa. Y cuando la misa acabó, el señor rey desenfundó la espada, y la dejó sobre el altar, al lado de la corona.

Y una vez que esta misa fue celebrada, el arzobispo de Saragossa, revistió al señor infante En Joan, arzobispo de Toledo, hermano del señor rey. Y en cuanto estuvo vestido y hubo iniciado la misa, el señor rey, personalmente, tomó la corona del altar y se la puso en la cabeza; y cuando se la hubo puesto en la cabeza, el señor arzobispo de Toledo, y el señor infante En Pere, y el señor infante En Ramon Berenguer, se la ajustaron. Y cuando el señor rey se puso la corona sobre la cabeza, los señores arzobispos, y obispos, y abades, y priores, y el señor infante En Pere con ellos, en voz alta, cantando, gritaron "Te, Deum, laudamus"; y al tiempo que recitaban este cántico, el señor rey tomó el cetro de oro con la mano derecha y la espada con la mano izquierda, y luego tomó el orbe de oro con la mano derecha; y cada vez que tomaba cada una de estas cosas, decía el señor arzobispo de Toledo una gran oración. Y cuando todo esto fue realizado y se hubo cantado el Evangelio, el señor rey, de nuevo, con muy grande reverencia, se ofreció a sí mismo y su bendita corona a Dios, y se arrodilló muy humildemente ante el altar. Y el señor arzobispo acabó de decir la misa.

Y cuando acabó la misa y el señor rey hubo tenido cumplimiento de la gracia de Dios, y de su caballería, y de la santa y real señoría, y hubo sido ungido y consagrado rey y señor de los reinos de Aragó, de València, de Sardenya y de Còrsega, y conde de Barcelona, fue a sentarse ante el altar de sent Salvador, en el trono real, y depositó el orbe y el cetro en el altar de sant Salvador; e hizo acudir a todos los nobles que anteriormente os he nombrado, y los armó a todos caballeros, en el orden que antes habéis oído. Y de este modo cada vez que cada uno de ellos era hecho caballero, iban con el ricohombre a la capilla que le había sido asignada, y allí éste armaba a sus caballeros noveles. Y el señor infante En Pere lo mismo, se fue a la capilla que se le había asignado, y ordenó caballeros a los mencionados cuatro ricoshombre; y el señor infante En Ramon Berenguer lo mismo; y el noble En Ramon Folc igualmente. Y los ricoshombre que ellos hicieron caballeros, del mismo modo iban cada cual a su capilla asignada, y armaban a los caballeros que debían. De modo que en cuanto cada ricohombre había armado a sus caballeros, se iba con aquellos a la Aljaferia, tal como antes os he contado.

Y cuando todo esto acabó, el señor rey tomó el orbe en la mano derecha, y el cetro en la mano izquierda; y así, con la corona en la cabeza, y con el orbe y el cetro en sus manos, salió de la iglesia, y montó en su caballo. Y delante le llevaban la espada, y atrás las armas, en el mismo orden que anteriormente habéis oído que habían llevado, la noche anterior, para ir a la iglesia.

Y si queréis saber como era la corona, os puedo contar que era de oro, llena de piedras preciosas, como rubíes, y balajes (1141), y zafiros y turquesas, y perlas tan grandes como un huevo de paloma, y delante tenía un hermoso carbunclo. Y la corona medía de alto un palmo de cana de Montpesller, y tenía dieciséis almenas, de modo que todos la tasaban, mercaderes y lapidarios, en cincuenta mil libras de reales de València. Y el cetro era de oro, y medía de largo tres palmos; y al extremo del cetro había un rubí, el más hermoso que nunca se viera, y tan grande como un huevo de gallina. Y el orbe era de oro, y tenía debajo de él una flor de oro con piedras preciosas; y sobre la flor, una cruz muy rica y honrada, con hermosas piedras preciosas.

El caballo era el mejor enjaezado que nunca se viera. Y así, montó en su caballo, vestido con su dalmática, con la estola y el manípulo, y con la corona en la cabeza, y el orbe en su mano derecha y el cetro en su mano izquierda. Y en el banco del freno del caballo había dos riendas, unas eran las del freno que el caballo tenía al cuello, y de éstas riendas era conducido, por el lado derecho por el señor infante En Pere, y por el lado izquierdo por el señor infante En Ramon Berenguer, y por otros muchos nobles de Catalunya y Aragón; y en cuanto al otro par de riendas, que eran de seda blanca, y tenían cincuenta palmos de largo, de cada una de ellas tiraban ricoshombre y caballeros, y ciudadanos, todos ellos a pie. Y tras los señores infantes y los nobles que los conducían a pie, tal como antes os he contado, ibámos nosotros seis de València, en representación de la ciudad; y otros seis de la ciudad de Barcelona, y otros seis de la ciudad de Saragossa, y cuatro de Tortosa; y lo mismo de otras ciudades, todos tirando de las riendas. Así que todas las riendas estaban cumplidas de conductores a pie; y nadie más cabalgaba cerca, salvo el que portaba la espada delante de los que conducían las riendas, y luego, el que portaba las armas; y cada uno de ellos, iban acompañados de dos nobles, como ya habéis oído antes. Y tras las armas del señor rey venían los ricoshombre a caballo, muy gentilmente vestidos, a los que el señor rey había armado caballeros noveles.

Y así, con aquella alegría, y mostrando su real majestad, ungido y consagrado y bendecido por Dios y por todos, con gran gozo y alegría, tal como ya habéis oído, fue hacia la Aljaferia; y pasó de la hora de nona (1142) antes que él pudiese llegar. Y así, conduciendo su caballo, entró en el palacio, y allí con la corona en la cabeza, y el orbe en la mano derecha, y el cetro en la mano izquierda; subió a sus habitaciones.

Y al cabo de un gran rato salió de su estancia, y vino con otra corona en la cabeza, menor, ya que la mayor pesaba demasiado; pero no era tan pequeña que no tuviese más de medio palmo de alta; y era tan rica y tan bella, que estaba tasada en veinticinco mil libras. Y quiero que sepáis que cuando el señor estuvo montado sobre su caballo y salió de Sent Salvador, entre lo que él llevaba encima y lo que llevaba su caballo, debía valer ciento cincuenta mil libras de reales de València. Y así, tal como ya os he dicho, el señor rey vino con la otra corona menor, y con el orbe y con el cetro, y se sentó a la mesa a comer. Y se le había preparado un trono de oro a mano derecha de la mesa en el que depositó el orbe; y a mano izquierda otro trono de oro en el que dejó el cetro, erguido. Y su hermano el señor infante En Joan, arzobispo de Toledo, se sentó a un lado en su misma mesa, la cual medía dieciocho palmos de largo, y al otro lado, más alejados todavía, se sentaron el arzobispo de Saragossa y el arzobispo de Arborea. Y en otra mesa se sentaron los obispos, y en otras los abades y priores. Y luego, a la otra parte, a mano derecha, se sentaron todos los ricoshombre que aquel día habían sido armados caballeros noveles, y luego se sentaron todos los caballeros noveles que aquel día habían sido armados. De este modo el señor rey se sentaba tan alto, más que nadie, que todo el mundo podía contemplarlo. Y luego fuimos colocados nosotros, ciudadanos, que nos sentamos juntos muy bien ordenados, y cada cual en el lugar que le correspondía. Y había servidores nobles, y caballeros, e hijos de caballeros, sirviendo cada cual según la solemnidad y el honor que a cada cual le correspondía. Y todos fueron muy honradamente servidos y atendidos. Y fue una gran maravilla, que habiendo tanta gente como había, que no os lo podría describir, y no hubo ningún problema.

Y puesto que os he hablado en general de cómo fueron servidos todos, volveré a narraros en detalle como fue servido el señor rey. Debéis saber que el señor infante En Pere quiso ser, aquel bendito día de Pascua, mayordomo, y dispuso todo tal como habéis oído. Él personalmente y el señor infante En Ramon Berenguer sirvieron el agua para que el señor rey se lavara las manos; y fue dispuesto que el señor infante En Ramon Berenguer sirviese al señor rey la copa; y otros doce nobles sirvieron junto con él, en la mesa del señor rey. Y el señor infante En Pere, con dos nobles uno a cada lado y él al medio, llegó primero, cantando una danza nueva que había compuesto; y todos los que traían la comida le respondían. Y cuando llegó a la mesa del señor rey, tomó la escudilla (1143) y la llevó a la credencia (1144), y la puso ante el señor rey; y luego hizo lo mismo con la fuente. Y una vez hubo servido la primera vianda al señor rey, y acabó la danza, se despojó de las vestiduras que llevaba, que eran manto y cota con plumas y armiño, y tela de oro, y muchas perlas, y las dio a un juglar suyo; y enseguida le prepararon otras ricas vestiduras y se vistió. Y el mismo orden siguió en cada una de las otras viandas que se sirvieron en el almuerzo; ya que a cada plato que traía entonaba una nueva danza, compuesta por él, y regalaba los vestidos de gran riqueza y gusto, y esto en cada plato, y se sirvieron diez platos. Y cada vez, en cuanto él había servido un plato al señor rey, y lo había puesto en la credencia, los nobles y los caballeros y los otros sirvientes los servían a las otras mesas tan gentilmente que nadie pudiera quejarse de nada.


NOTAS


1139. Como de costumbre, Muntaner exagera. La distancia es de aproximadamente 2 Km.

1140. Justadores. Los que participan en una justa o torneo.

1141. Balaje. Rubí de color morado.

1142. Hora nona, aproximadamente las tres de la tarde.

1143. Escudilla. Vasija ancha y de forma de una media esfera, que se usa comunmente para servir en ella la sopa y el caldo

1144. Credencia. Aparador en que se ponían los frascos de vino y de agua de que, previa la salva, había de beber el rey o alguna persona principal.